Harper's BAZAAR

Cuando Mar Figueroa responde la videollamada desde Italia, es fácil entender que su carrera transita en escenarios poco comunes. La artista ecuatoriana acababa de aterrizar en Spoleto para realizar una residencia en el estudio de Sol LeWitt (una de las figuras más influyentes del arte conceptual y minimalista del siglo XX). Llegó a este lugar tras obtener una beca otorgada por la galería de la Universidad de Yale y Mahler & LeWitt Studios.

Contenido relacionado: Este dúo quichua conquista Europa con su música

No es la primera vez que su nombre aparece en espacios de alcance internacional. Pero, sí es la primera vez que un medio ecuatoriano la entrevista. En 2020, fue parte de la lista 30 Under 30 de Forbes Estados Unidos, donde figuró en la categoría de Artes Visuales. Además, fue incluida en la primera edición de la sección especial dedicada a inmigrantes. Ahora, esta ciudad italiana será su casa hasta agosto de 2026 para crear nuevas propuestas visuales y realizar un open studio durante su estancia. 

Figueroa nació en Yolán, una pequeña parroquia del cantón Daule, en la provincia del Guayas. En los años 90, migró a Estados Unidos cuando tenía cuatro años (hoy tiene 33), junto a su madre y sus hermanos. Su abuela ya vivía en esta parte del planeta porque integró el grupo de costureras migrantes de la década de los 80.

“Vengo de una comunidad orgullosamente montubia. Eso decía mi abuelo y soy descendiente de campesinos, de gente que trabaja con la tierra”. 

En Nueva Jersey, la familia montó un restaurante de comida ecuatoriana llamado La Hacienda. Allí, Figueroa y sus hermanos se criaron, jugaron e inventaron aventuras mientras su madre atendía a los comensales. Tenían un espacio destinado para hacer las tareas de la escuela y Mar, en especial, se dedicaba a pintar. “Crecí dibujando. Los clientes nos conocían y siempre nos veían en el mismo lugar. Me compraban pinceles, pinturas y así obtuve mi primer bastidor. Desde niña le dije a mi familia: ‘yo quiero ser artista’. Ya dibujaba, incluso antes de aprender a escribir mi propio nombre”.

Mar Figueroa
FOTOGRAFÍA: DINO KUŽNIK.

Cuando tenía 10 años sus profesores notaron su talento y le pidieron a su madre que Mar sea parte de un programa especial, luego del horario escolar. El objetivo era prepararla para que se postule a una escuela especializada en arte. A los 14 años, Figueroa ya había aplicado a becas preuniversitarias y, a pesar de que para su familia era difícil entender que a esa edad ya necesitaba independencia, esta pequeña creadora estaba lista para comerse el mundo y explorar la Gran Manzana por su propia cuenta. 

Estudió su bachelor, con una especialización enfocada en ilustración en la Rhode Island School of Design. Luego de graduarse, en 2015, su madre le regaló un viaje a Ecuador. “Es el mejor regalo que me ha dado. Le dije que no sabía si volvería. Mi familia me recogió y estuve algunos meses en el campo”. Le dieron una hamaca, una mesa para su laptop y ahí comenzó su carrera. Se quedó con su abuela materna, una persona a quien describe con carácter fuerte, que fue la primera mujer de su familia en trabajar y se convirtió en enfermera. 

Figueroa dice que cada meta que se ponía enfrente la cumplía. Así sucedió con sus estudios, pero la pregunta —durante su estancia en el país— fue: ¿qué hago? “Me sentía en el limbo”, confiesa a Harper’s BAZAAR Ecuador. Comenzó a crear obras, piezas que no eran proyectos profesionales, sino que nacían de su mera inspiración. Tuvo que desarrollar su identidad artística y esa labor la compartía en redes sociales, especialmente en Instagram. A pesar de tener una base sólida en pintura, aprendió a trabajar en formato digital porque no tenía recursos para adquirir materiales físicos. 

El internet y su forma de conectar hicieron que grandes compañías vieran su desempeño y la contactaran para colaboraciones. Esta pintora cuenta que sus creaciones tenían mucha historia; al ver la imagen, era como leer un cuento completo. “No sabía lo que estaba haciendo. Como era tan joven, hacía producciones para mí. Yo creo que lo que les llamaba la atención era mi narrativa”. Según explica, en ese momento no se veía mucha diversidad en el arte estadounidense. 

“Yo, por ser latina, tenía una propuesta con una carga cultural fuerte”.

Así iniciaron sus primeros grandes pasos. Para Netflix realizó una campaña por el Día de los Difuntos y creó retratos de protagonistas de las series o películas de esta plataforma que habían fallecido. También hizo un comercial para…

Lee la nota completa en la quinta edición impresa. Ya en circulación.

  • Supermaxi
  • Megamaxi
  • Mr. Books
  • Travel Stores
  • O dale clic aquí. (I)