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Esteban Jácome diseña desde el arte

¿Qué se crea cuando la arquitectura y la belleza dialogan? Este profesional une ambas esferas para concebir obras atemporales.

Por Redacción BAZAAR

Fotografía: Robinson Chiquito

Esteban Jácome es inquieto. Durante una videollamada con Harper’s BAZAAR Ecuador, el artista y arquitecto no permanece siempre sentado. A veces camina y, otras, su mirada se pierde en distintos puntos del lugar. Él confiesa que siempre ha sido así. “Era sociable, amiguero, pero también era introspectivo. Me gustaba mi espacio, estar en mi mundo”. 

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Nació en Quito en 1995, pero cuando cumplió un año su familia se mudó a Guayaquil por motivos laborales. En la conversación, sus dos grandes pasiones se entremezclan. Habla de cómo la creación de un concepto —una herramienta que aprendió desde su faceta artística— le permite hoy construir desde su otra profesión.

Fotografía: Robinson Chiquito.

Para Jácome, la verdadera arquitectura no consiste únicamente en hacer una casa bonita. Debe llevar un mensaje, partir de un concepto y tener la capacidad de trascender el tiempo; ser atemporal. Sus dos facetas, explica, se alimentan mutuamente, aunque no necesariamente se mezclan. En la construcción de espacios busca perfección, estructura y precisión. 

El arte, en cambio, le permite soltar, ser desordenado y encontrar un escape mental.

Pareciera que ambas esferas siempre lo acompañaron. De niño, su juego favorito era construir casas, además de practicar deportes. La dimensión artística se instaló en su adolescencia, cuando estudió artes visuales. “Nos enseñaron con la seriedad que se tiene en una materia y eso me sirvió para aprender a crear y desarrollar mi creatividad. Tenía libertad para expresarme y hacer lo que quería”, recuerda. También llevaba un cuaderno de bocetos donde dibujaba todo lo que veía o venía a su mente. Para él, ese hábito le permitió mejorar su habilidad de escaneo visual: registrar imágenes, formas y detalles sin olvidarlos.

Influenciado por sus tíos, ambos arquitectos paisajistas, decidió estudiar esta carrera en la universidad. En paralelo a sus clases, comenzó a trabajar a los 18 años. “Yo decía que si tengo un hueco libre, voy a trabajar. Empecé de bodeguero de obra y luego aprendí a hacer planillaje de maestros. Ahora también entiendo cómo ellos trabajan”.

La necesidad de crear lo llevó, a los 22 años, a fundar su propio estudio EJ Arquitectura. Todavía no se graduaba, pero eso no fue un impedimento. Actualmente, el proyecto reúne a 15 colegas diseñadores y más de 150 maestros de obra. La firma cuenta con taller de mobiliario, estudio arquitectónico, paisajístico y diseño interior. Ha creado más de 500 proyectos nacionales e internacionales. 

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Fotografía: Robinson Chiquito - Esteban Jácome

Hoy define su lenguaje como una “arquitectura contemporánea”. Su slogan, dice, es “una visión hacia el futuro”. Jácome aclara que no se refiere a una idea futurista de naves espaciales o formas imposibles, sino a la búsqueda de una vida más serena. 

“Regresar a la paz y a la tranquilidad”, resume. Para él, ese es el verdadero lujo de hoy.

No busca crear en masa. Su proceso creativo inicia con un programa de necesidades construido junto al cliente, para que cada casa se sienta completamente personalizada. Es una postura que contrapone a cierto ego – que Jácome comenta que existe en la comunidad profesional– de diseñar bajo las necesidades del arquitecto y no de quien va a habitar el espacio.

Uno de sus mayores retos fue la casa H1, ubicada en Samborondón. El cliente le dio libertad total bajo una sola premisa: “Sorpréndeme”. Él diseñó la vivienda bajo el concepto de brutalismo tropical contemporáneo, con hormigón expuesto, geometrías marcadas, vegetación integrada en el lugar y un bar elaborado con mármol rojo importado de Italia.

Cuando conversamos sobre su arte, el tono no cambia, habla con la misma pasión. Para él, pintar es un entorno distinto, pero igual de necesario. “Me ayuda a salir de mis preocupaciones, a liberar mi mente. No es un hobby”. También define su estilo artístico como “totalmente imperfecto”.

Lo llama “La vuelta al crayón”, una referencia a la idea de regresar a esos trazos iniciales, casi cavernícolas, que aparecen antes de cualquier regla o corrección.

Sus obras, con aires urbanos y de street style, mezclan colores fuertes sobre el lienzo. La pieza más significativa para este creativo es un autorretrato crudo y expresivo que pintó durante un proceso de terapia psicológica. En este plasmó, de forma franca, sus emociones y algunas etiquetas con las que convive, como el TDAH y la ansiedad, en un ejercicio de aceptación y autoconocimiento. Ha expuesto en Guayaquil y también a escala internacional, en ciudades como Madrid y  Milán. 

De cara al futuro, proyecta expandir su trayectoria tanto en el ámbito artístico como en el arquitectónico. En la primera, su meta es llevar sus obras a un referente mundial y realizar una exposición en París. Por otro lado, en el campo de la arquitectura, aspira a desarrollar un proyecto habitacional de departamentos en una zona de playa, concebido como un espacio integrado con la naturaleza que se sienta como "un pedacito de cielo". (I)