Vivimos en un momento en el que las artistas pop definen cada vez más sus etapas musicales como “eras” visualmente distintas, donde cada álbum viene acompañado de una estética propia. Es una forma ordenada de presentar la reinvención: gafas envolventes para la era “brat” lista para la discoteca, un cárdigan cottagecore para la etapa más folk y natural, botas gogo para una coquetería mod.
Para su nuevo álbum, Olivia Rodrigo (cantante estadounidense) adoptó una silueta muy querida: el sencillo vestido babydoll. En la portada, aparece balanceándose hacia el cielo con un mini vestido rosado pálido con cuello Peter Pan, medias blancas y zapatos Mary Jane de charol con taco.
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En el video del sencillo principal, “Drop dead”, Rodrigo lleva una blusa azul con volantes de Chloé 2026 y shorts de seda tipo tap. Dirigido por Petra Collins, su colaboradora frecuente, el video captura un romanticismo tan puro y despreocupado que Rodrigo parece haber olvidado sus zapatos: gira por el Louvre usando medias pointelle hasta la rodilla.
“Mi Pinterest está lleno de vestidos babydoll y escotes de los años 70”, dijo Rodrigo a British Vogue sobre su estética actual. “Quiero que todo se sienta divertido y relajado”. En el mismo artículo, las estilistas de Rodrigo, las hermanas Chloe y Chenelle Delgadillo, explicaron que se inspiran en los archivos de Miu Miu y Marc Jacobs para crear un estilo “sin esfuerzo, femenino y con un aire ligeramente deshecho”.
Pero en redes sociales, la artista de 23 años ha recibido críticas y acusaciones de sexualizar de forma inapropiada el estilo del vestido babydoll. El look que más polémica generó es un top floral de mangas abullonadas, adornado con lazos y cristales, de la marca francesa Generation78. Rodrigo lo combinó con shorts tipo bloomer que se asomaban sutilmente y botas Doc Martens hasta la rodilla para una presentación de Spotify Billions Club Live en Barcelona.
Esta nueva controversia refleja una desviación recurrente del pánico moral que suele envolver a las artistas jóvenes, especialmente a aquellas con antecedentes en Disney. El impulso de vigilar la forma en que Rodrigo se presenta parece reflejar una sensación de impotencia en una época en la que quienes son cómplices de violencias reales contra las niñas quedan impunes. Está lejos de ser la primera vez que el vestido babydoll causa revuelo. El estilo se originó en la década de 1940 y suele atribuirse a la diseñadora de lencería Sylvia Pedlar, quien creó el camisón ultracorto —con bloomers a juego— como respuesta al racionamiento de telas durante la guerra.
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Poco después, Cristóbal Balenciaga y Hubert de Givenchy adaptaron la silueta trapecio y con volantes a prendas de alta costura, aunque volvieron a extender los ruedos hasta largos considerados más respetables. En los años 60, el vestido babydoll se convirtió en el uniforme elegido por una cultura juvenil que se rebelaba contra las cinturas ajustadas de la década anterior.
Mientras Jane Birkin, Twiggy y Brigitte Bardot lucían sus vestidos rectos de André Courrèges y Mary Quant, una silueta cada vez más corta se transformó en el emblema de la liberación sexual.
Kat Bjelland, cantante estadounidense, durante el Lollapalooza, 1993
Courtney Love, cantautora estadounidense, se presenta con Hole, 1994
El vestido babydoll regresó con fuerza en los años 90, cuando las rockeras combinaban vestidos vintage de Goodwill con mucho labial rojo, cabello rubio decolorado, medias rotas, pasadores plásticos y zapatos Mary Jane. Conocida como kinderwhore —un término atribuido al periodista musical británico Everett True y a Kat Bjelland, de Babes in Toyland—, esta estética surgió del look que Bjelland y Courtney Love, de Hole, crearon cuando eran compañeras de cuarto en Portland y funcionaba como un gesto subversivo.
Buscaba distorsionar y reapropiarse de la fetichización de la juventud impuesta por el patriarcado, transformando el arquetipo de la joven inocente y frágil en una criatura desafiante y poderosa, capaz de empuñar una guitarra eléctrica y gritar. Para diseñadoras como Anna Sui, radicada en Nueva York, esta estética estaba lista para servir de inspiración. Su colección de temporada de 1994 estuvo llena de vestidos babydoll llevados con medias blancas, zapatos Mary Jane y botas de combate. Más adelante, Kim Gordon, de Sonic Youth, usó uno de esos vestidos en el video musical de Bull in the Heather, codirigido junto a Tamra Davis.
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Partes del video hacen referencia a la película Baby Doll de 1956, basada en una obra de Tennessee Williams, que sigue a una joven virgen de 19 años que usa lencería y se chupa el dedo. En el clip, Gordon, de 41 años, se retuerce dentro de una cuna e interpreta el papel de una joven hipersexualizada. Mira directamente a la cámara, plenamente consciente de lo que está haciendo.
Rodrigo, al parecer, creció escuchando una buena dosis de bandas de rock de los años 90 lideradas por mujeres —una copia en vinilo de Fontanelle, de Babes in Toyland, llegó a ser su despertador—, así que resulta natural que esas influencias sonoras también informen su estilo. “Realmente me encanta la idea de un vestido babydoll”, dijo recientemente a Vogue. “Recuerdo ser más joven y ver fotos de Courtney Love y Kat Bjelland, de todas estas bandas punk riot grrrl, usando sus vestidos babydoll y apropiándose completamente de ellos”.
Los vestidos babydoll de Rodrigo no son más reveladores que las minifaldas de cuadros, los hot pants y los crop tops que usó durante sus eras Sour y Guts: prendas perfectamente apropiadas para una joven de 23 años. Su estilo a menudo ha mezclado estas influencias más fuertes con un toque twee y una dosis de estética yé-yé.
Al igual que su música, apela a una sensibilidad femenina, no a la mirada masculina.
Sus fans —principalmente niñas, adolescentes y mujeres jóvenes— pueden verse reflejadas en esos looks, como ocurre cuando asisten a sus conciertos convertidas en un ejército de volantes y botas de combate. Yo usaba outfits idénticos, en una variedad de tonos pastel y neones llamativos, cuando tenía 23 años, y estoy segura de que no me vestía para nadie más que para mí misma.
De manera intencional o no, el estilo babydoll de Rodrigo encendió inseguridades conservadoras relacionadas con el género y la autonomía. Ella rechazó esa carga cultural durante una presentación de “All-american bitch” en SNL, en 2023. Con otro vestido babydoll, clavó un cuchillo en un pastel con forma de corazón y declaró: “Sé cuál es mi edad y actúo de acuerdo con ella”. ¿Por qué no creerle? (I)
Esta nota se publicó originalmente en Harper's BAZAAR Estados Unidos.