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En un grupo privado y celosamente resguardado de WhatsApp, tips de skincare, recomendaciones de productos y turnos disponibles se intercambian como si fueran secretos de Estado. Una mujer incluso sugiere vender su cita en StubHub al mejor postor. “Mis clientas se vuelven bastante posesivas y protectoras con sus turnos”, dice la esteticista Sarah Akram, radicada en Washington D.C., pero con clientela a nivel nacional, incluidas celebridades como: Sienna Miller y Angela Bassett. “Es como conseguir entradas para Taylor Swift”.

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La esteticista neoyorquina Georgia Louise, que esculpe regularmente los rostros de Matt Damon, Linda Evangelista y Anne Hathaway, recuerda haber recibido una llamada de último momento de una clienta que le suplicó atender a una amiga multimillonaria y a toda su familia. Louise se negó con amabilidad. “No se trata del dinero. Se trata de mi tiempo y no voy a sacar a una clienta fiel de la lista por nadie”, dice Louise, quien despierta semejante devoción gracias a sus tratamientos característicos, que combinan técnicas europeas de lifting, masajes, extracciones y terapias de alta tecnología como luz LED.

Antes, hacerse un facial significaba pasar una hora de serenidad en un spa de un hotel lujoso o visitar un facial bar durante la hora del almuerzo, para una puesta a punto rápida con el especialista “disponible”. Hoy, cuando el cuidado de la piel se convirtió en una obsesión cultural y las redes sociales en un desfile interminable de selfies, ponerse en manos de un grupo selecto de esteticistas de alto perfil —entre ellas Akram y Louise— es tan codiciado como conseguir una cita para comprar cuero en Hermès.

“Aunque entrenara a otros esteticistas, mis clientas seguirían diciendo que quieren verme a mí y a mis manos mágicas”, afirma Sophie Carbonari, esteticista con base en París. La maestra francesa del facial, que desarrolló un protocolo propio enfocado en la fascia —el tejido conectivo del cuerpo— para aliviar tensiones y esculpir, cuenta entre sus clientes a Naomi Campbell (quien la siguió en Instagram solo para conseguir una cita), Rihanna y Lenny Kravitz. Y, aunque Carbonari viaja por el mundo realizando residencias exclusivas, su clientela suele desplazarse solo para verla… no sin antes subir una historia a Instagram y etiquetarla, como si fuera una pluma más en su sombrero beauty.

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El estatus social y la piel luminosa no son los únicos atractivos de los it aestheticians actuales. Este nivel élite de facialistas reconoce que, en muchos casos, su rol se parece más al de un terapeuta con beneficios esculpidores. Comparten un espacio íntimo y vulnerable —sumado a técnicas de masaje que disuelven la tensión— para generar un vínculo profundamente cercano… (I)

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Este artículo salió originalmente en la edición de diciembre-enero de Harper's BAZAAR Estados Unidos.