EJERCICIO

¿Qué esperar de una clase de barré en Quito?

En Quito el barré se consolida como una práctica más frecuente. Conversamos con dos propietarias de estudios y con sus alumnas para entender por qué esta disciplina se ha popularizado, cuáles son sus beneficios y qué recomendaciones se deben tomar en cuenta antes de empezar.

Por Vanessa Burbano Pazmiño

Harper's — BAZAAR Ecuador

El barré nació de la pasión de una bailarina lesionada. En 1950, en Londres, Lotte Berk creó está práctica luego de sufrir una lesión de espalda. Esta alemana combinó movimientos de la barra de ballet con ejercicios de rehabilitación física para fortalecer el cuerpo sin comprometer la columna. Así encontró una forma de mantener su vínculo con la danza y no poner en riesgo su salud. Hoy, celebridades como Sarah Jessica Parker y la actriz española Paula Echevarría han contado que lo practican regularmente. Incluso, el estudio neoyorquino al que asiste Parker se volvió viral tras aparecer en redes sociales.

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Jessica Waters, fisioterapeuta deportiva, explica que “el método toma aspectos del baile clásico y les añade un componente de resistencia con movimientos muy precisos y un alto número de repeticiones”. Es una combinación de ballet, pilates y yoga.  Como ocurre con otras disciplinas, existen diversos tipos de clases. Algunas son más dinámicas, con un enfoque cardiovascular; otras priorizan la técnica, con transiciones más lentas entre ejercicios. Para Waters, al tratarse de una actividad de menor impacto, el trabajo muscular se desarrolla de una forma distinta y puede resultar accesible para más personas que los entrenamientos tradicionales con pesas.

Move an Barre it

En Cumbayá, cerca de la Universidad San Francisco, en la avenida Pampite, está Move and Barre it. De acuerdo con su creadora, Vanessa Holguín, se trata del primer estudio dedicado 100 % al barré en Quito.

Esta ambateña es bailarina profesional y empezó hace seis años a dar clases en línea. Antes era profesora de ballet para niñas, y luego se certificó en Estados Unidos como instructora de barré y pilates. Recuerda que fueron las madres de sus alumnas quienes, durante la pandemia de Covid-19, empezaron a pedirle rutinas, y esa demanda aceleró el crecimiento de su proyecto. Aunque tiene elementos de la danza, Holguín recalca que el barré no está pensado para niñas. Recomienda comenzar a practicarlo desde los 15 o 16 años.

En 2021 alquiló un estudio en Cumbayá para dar clases presenciales. El local se quedó pequeño, ya que solo podía recibir alumnas en dos horarios diarios. Por esa razón, mantenía opciones en línea y para 2024 se animó a abrir su propio centro. 

Para Holguín, esta actividad puede adaptarse a perfiles variados. Al ser de bajo impacto, muchas de sus clientas llegan después de haber sufrido lesiones en otros deportes. Ella creó su propia metodología, en la que escoge específicamente la música y las transiciones entre ejercicios. Las instructoras del estudio son excolegas de Holguín en el Ballet Nacional del Ecuador. Además, cuentan con certificaciones en barré y otras disciplinas. Gracias a ello se mantiene un estándar en las sesiones. 

“No se debe jugar con el cuerpo”, recalca la fundadora. Holguín recomienda asistir tres veces por semana y priorizar los periodos de descanso. Algunas de sus alumnas complementan las rutinas con runningcycling.

Una clase individual cuesta US$ 16. Los paquetes de ocho y 12 clases tienen un valor de US$ 88 y US$ 126, respectivamente, mientras que el plan ilimitado cuesta US$ 160. El lugar se maneja bajo un concepto de estudio boutique. Aunque pueden ingresar hasta 10 personas por horario, normalmente asisten entre seis y ocho.

María Paula Durán es una de las alumnas. Su primer contacto con el barré fue en Barcelona, mientras estudiaba su maestría. Iba todos los días y, aunque comprobó que existen diversas metodologías, se mantuvo fiel a su estudio inicial. Lleva dos años y medio entrenando y el año pasado incluso se certificó como instructora.

Durán tiene una lesión crónica en la muñeca causada por una tendinitis. Debido a su  trabajo como diseñadora gráfica mantiene malas posturas frente a la computadora y el celular. Intentó otros deportes, pero todos le causaban dolor. Al principio, estas rutinas también le generaban molestias. Sin embargo, con las variaciones propuestas por las instructoras, el dolor ahora es esporádico. Es la única actividad física que realiza. “Es un espacio para conectar con gente y tener una comunidad mientras haces algo que disfrutas”, afirma.

La diseñadora gráfica reconoce que uno de los mayores cambios ha sido en su postura, especialmente por las exigencias del trabajo remoto. También asegura que ya no tiene dolores de espalda debido a las largas horas que pasa frente al computador.

A nivel mental, le ayuda a desestresarse y desconectarse. La coordinación que requiere representa un reto constante. “Cuando algo te reta, te impulsa a ser mejor”, dice. Por eso intenta asistir con frecuencia: las sesiones siguen siendo exigentes, incluso cuando se dominan las posturas y los movimientos.

Konnect Studio Boutique

Karolina Salas, abogada de profesión, es la fundadora de este lugar. Hace cinco años comenzó su trayectoria profesional en el mundo del fitness. Cuenta con certificaciones como entrenadora personal e instructora de pilates y barré, formación que realizó en Colombia y México.

Creó Konnect hace menos de un año, luego de adquirir experiencia manejando otro estudio de entrenamiento funcional durante cuatro años. Esa fue, dice, su mejor escuela para aprender a entrenar y formar una comunidad.

El espacio está ubicado en la avenida República de El Salvador y Portugal. Allí se pueden combinar las sesiones de barré con otras disciplinas enfocadas en esculpir y tonificar el cuerpo. Salas identificó el potencial de esta propuesta ante la falta de opciones en la ciudad. Su objetivo fue brindar un lugar donde las personas puedan ver su progreso gracias a la rigurosidad técnica y a la corrección de posturas.

“El barré me hizo entender el entrenamiento de una manera distinta. No necesitas movimientos explosivos para trabajar intensamente el cuerpo. Las repeticiones y los movimientos controlados permiten desafiar aún más al músculo”, explica. 

Para Salas, una clase intensa no es únicamente una clase de cardio. La exigencia está en controlar los movimientos, la respiración y el trabajo constante del core. Esto permite desarrollar fuerza sin necesidad de levantar pesos excesivos.

Además de la tonificación, menciona la flexibilidad, la postura y la movilidad entre los principales aportes. “Actualmente buscamos envejecer mejor y para ello debemos mantener nuestra masa muscular y nuestra salud ósea”, sostiene. La flexibilidad y el equilibrio, añade, pueden aportar autonomía durante más tiempo. Para quienes encuentran aburrido el gimnasio tradicional, la intensidad y complejidad de estas sesiones pueden ayudar a sostener una rutina sin caer en la monotonía.

En Konnect, una clase individual cuesta US$ 14. Los paquetes de ocho, 12 y 20 clases cuestan US$ 80, US$ 109 y US$ 150, respectivamente. No todas deben ser de barré: a través de una aplicación se puede elegir el tipo de sesión al que se desea asistir. Salas recomienda mezclar y alternar los entrenamientos para que el cuerpo no se acostumbre a una sola dinámica. Las clases tienen un máximo de ocho alumnas. El objetivo, explica, es mantener el formato de estudio boutique y construir una comunidad de apoyo, salud y diversión.

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Belén Dávila, dentista de 36 años, lleva tres años entrenando y desde hace tres meses asiste a Konnect. Empezó luego de leer un artículo que explicaba que se trata de un ejercicio de bajo impacto que trabaja todo el cuerpo. Buscaba una actividad que no comprometiera demasiado sus rodillas ni su columna, pues fue sometida a una operación. Ha probado dos estudios y, aunque las metodologías son distintas, disfruta de ambas experiencias.

Para Dávila, el principal resultado ha sido una mayor tonificación. “Los músculos se vuelven fuertes, pero no necesariamente grandes”, afirma. A diferencia del trabajo con pesas, sostiene que ha ganado fuerza sin la sensación de aumentar el volumen muscular que temía encontrar en un gimnasio tradicional. Ha notado, sobre todo, un core y brazos más fuertes.

El segundo cambio es mental. La coordinación y la concentración que exige la clase le permiten silenciar su mente durante una hora y olvidarse de los problemas. “Es un momento de reconexión conmigo”, dice. Cuando no puede asistir al estudio, sigue tutoriales o videos en internet. Su meta es hacerlo al menos dos veces por semana.

¿Qué debemos tener en cuenta?

Tanto Holguín como Salas coinciden en que el outfit no debe ser la mayor preocupación. Un set deportivo puede motivar a hacer ejercicio, pero deben primar la comodidad y la seguridad. Las prendas ajustadas ayudan a que las instructoras observen mejor los movimientos y las posturas, pero lo principal es que cada persona se sienta cómoda. Lo que no es negociable son las medias antideslizantes, que permiten tener un mejor agarre con el piso.

Para Gretchen Stumpf, instructora y propietaria de un estudio de barré en Richmond, Virginia, los leggings y los shorts de compresión son los que mejor funcionan para la parte inferior. En la superior se pueden usar tops o blusas más sueltas, siempre que permitan moverse con libertad. Marcas como Nike y Skins tienen colaboraciones orientadas a prendas para este tipo de entrenamiento.

Si estás buscando opciones para alternar tu rutina, el barré puede ser una alternativa. Tiene menor impacto que otras actividades y también puede ser una oportunidad para encontrar una comunidad con la que conectar dentro y fuera de clase. Tonificar y ganar fuerza no es solo un objetivo estético, sino una decisión relacionada con la calidad de vida a largo plazo. (I)