De la revista

¿Por qué debes recuperar a tu bruja interior?

Prácticas antes estigmatizadas se resignifican como herramientas de autocuidado, bienestar y autonomía personal.

Por Camila Miranda Mieles

Harper's BAZAAR — Ecuador

Entre los siglos XV y XVIII, Europa y sus colonias atravesaron uno de los episodios más violentos de persecución simbólica de la historia occidental. Durante ese periodo —conocido como los “witch trials” o juicios por brujería— se estima que entre 40.000 y 60.000 personas fueron ejecutadas, en su mayoría mujeres, acusadas de practicar brujería, herejía o pactos con fuerzas consideradas demoníacas. Historiadores como Silvia Federici y Brian P. Levack coinciden en que estas persecuciones no respondían únicamente al miedo a lo sobrenatural, sino a un entramado de control social, religioso y político, donde el conocimiento femenino, la autonomía y los saberes no institucionalizados resultaban amenazantes.

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Durante mucho tiempo, todo lo que estuviera asociado con rituales, plantas, intuición, ciclos naturales o espiritualidad fuera del dogma fue criminalizado, ridiculizado o silenciado. La figura de la “bruja” se construyó como un símbolo del desorden, del peligro y de lo que debía ser erradicado. Por eso, hoy puede resultar llamativo que al abrir redes sociales —como TikTok o Instagram— aparezcan miles de videos dedicados a rituales, amuletos, oráculos, manifestación o lecturas de cartas. Hashtags como #WitchTok o #WitchCore circulan con naturalidad, desde el lenguaje del bienestar y el autocuidado. Por ejemplo, herramientas como Google Trends muestran que términos como “ritual” y “tarot” mantienen un interés sostenido y creciente en los últimos cinco años, más allá de picos estacionales o modas virales; y se consolidan como parte de la cotidianidad. Y términos como witching y witch, aún no tan constantes, empiezan a encontrar sus picos en diversos momentos del año.

En un mundo racional, digital e inestable, estas prácticas ya no funcionan como promesas mágicas, sino como símbolos de control, presencia y sentido, como formas de volver a habitar el cuerpo. Es desde ese lugar que muchas personas se acercan hoy a este concepto. Una de ellas es Gabriela Pinoargote Cañar, comunicadora ecuatoriana radicada en Argentina, bruja y creadora de Las Lobas, un proyecto que articula la brujería desde una mirada contemporánea y consciente.

Lejos de una idea de magia ligada a lo oculto, Pinoargote lo entiende como herramientas de presencia y reflexión personal. “Lo que la gente está buscando es encontrar sentido”, explica en conversación con Harper’s BAZAAR Ecuador, al referirse a quienes se acercan a su trabajo en momentos de crisis, cambio o replanteamientos.

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Con esta idea, ciertas acciones empiezan a aparecer con mayor frecuencia en la vida cotidiana. En Las Lobas, la ecuatoriana identifica una recurrencia clara en lo que las personas buscan: acciones simples, accesibles y repetibles. “La gente conecta mucho con las velas, las limpiezas, los baños energéticos, el tarot… recursos que les ayudan a estar más tranquilas, a bajar un poco el ritmo y volver al ahora”…

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