Todos sabemos que el plástico representa un problema. Lamentablemente, el hecho de que cada año se viertan 12 millones de toneladas en los océanos ya no sorprende a la mayoría.
También es de conocimiento general que la industria de la belleza es una de las principales responsables. Desde envoltorios innecesarios de celofán y cajas de lujo hasta las diminutas espátulas para aplicar productos de skincare. Los productos de cuidado personal están repletos de elementos adicionales que generan residuos. Según Zero Waste Europe, esto equivale a aproximadamente 120 mil millones de unidades de envases al año.
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Sin embargo, reciclar no siempre es tan sencillo como pensamos —o como las marcas nos hacen creer—. Depositar un envase vacío de loción en el contenedor correcto puede parecer una solución rápida y eficaz, pero la realidad es mucho más compleja.
De hecho, el 91 % del plástico no se recicla. Es una cifra impactante, pero refleja un sistema lleno de obstáculos. No solo existe confusión sobre qué materiales realmente pueden reciclarse, sino que también consumimos más plástico del que el sistema puede procesar. Además, muchos países ni siquiera cuentan con la infraestructura adecuada para tratar determinados tipos de este material.
Entonces, ¿por qué no evitar que nuestros envases vacíos terminen directamente en la basura? Puede que no sea la solución definitiva, pero cambiar a productos de belleza recargables es, sin duda, un paso importante hacia un consumo más sostenible.
El concepto comenzó a ganar popularidad hace algunos años, aunque, como ocurre con la mayoría de los cambios significativos en nuestros hábitos de consumo, ha necesitado tiempo para llegar al público general. (¿Recuerdan el escepticismo con el que recibimos las tazas de café reutilizables?).
Lo que antes era una iniciativa interesante, pero de nicho, hoy forma parte del mercado masivo. Marcas como Kérastase y Diptyque han lanzado productos diseñados para conservarse de forma permanente, mientras que los repuestos o refills de belleza se están convirtiendo en la nueva normalidad.
Esto no es ninguna novedad. Los seguidores de marcas como Kjaer Weis y L’Occitane saben que ambas llevan años apostando por este formato. De hecho, esta última inauguró estaciones de recarga en 10 de sus tiendas del Reino Unido e Irlanda en 2022.
Otro de los grandes atractivos de este concepto es la posibilidad de invertir en envases tan bien diseñados que resulte impensable desecharlos. Diptyque lo entiende perfectamente: sus frascos de vidrio para jabón de manos y loción corporal son piezas dignas de los baños mejor decorados, mientras que sus bolsas de recarga convierten ese diseño en una opción mucho más sostenible.
La revolución de las fragancias
La perfumería es otro ámbito donde los repuestos pueden ser una gran ventaja. Los frascos de vidrio facetado y las botellas de colección están prácticamente diseñados para conservarse durante años. Marcas como Molton Brown, Frederic Malle, Le Labo y Kilian —la favorita de la cantante Rihanna— ya ofrecen sistemas de recarga que ayudan a reducir significativamente la cantidad de residuos. Por su parte, Mugler apuesta por una generación más consciente con el medioambiente al ofrecer recargas de gran formato de su fragancia Aura, que pueden rellenarse fácilmente en el frasco original desde casa.
Costa Brazil lleva esta filosofía un paso más allá. Fue fundada por Francisco Costa como un homenaje a los rituales de bienestar de su Brasil natal. Su fragancia insignia, Aroma, se presenta en un frasco de vidrio recargable protegido por una cubierta de madera de fresno obtenida de forma sostenible que se comercializa en un empaque minimalista elaborado con papel certificado por el FSC.
En el mundo del maquillaje, existe una gran oportunidad para crear objetos llamativos que se puedan rellenar. Un ejemplo son los labiales envueltos en papel de La Bouche Rouge, que encajan perfectamente en estuches de cuero cosidos a mano, elaborados con retales de las curtidurías parisinas. Por otro lado, los provocativos labiales con forma de pene de Isamaya Ffrench exigen ser exhibidos como obras de arte.
En el extremo más popular del espectro se encuentra The Body Shop, que ha desplegado sus estaciones de recarga en todo el territorio inglés (una iniciativa que la marca probó inicialmente en la década de 1990). Estas estaciones inteligentes permiten a los clientes comprar una botella de aluminio que se puede rellenar con los geles de ducha y cremas de la marca, con un ahorro del 20 %. De manera similar, Space NK ha hecho que su línea propia de productos de baño y cuidado corporal tenga esta opción a través de estaciones en sus tiendas en todo Reino Unido.
Cambiar toda una cultura requiere tiempo e inversión, por lo que muchas empresas globales todavía avanzan con lentitud en la carrera hacia una sostenibilidad real. Esto ha abierto espacio para propuestas ágiles y de venta directa al consumidor que conectan con la Generación Z, un grupo mucho más consciente del impacto ambiental.
Entre ellas está Fills, que comercializa productos para el cabello y el cuerpo bajo un modelo de recarga circular, y Beauty Kitchen, cuya filosofía "Return, Reuse, Refill" abarca desde geles de baño hasta contornos de ojos.
Por su parte, Kankan ofrece limpiadores corporales y jabones de manos naturales en latas de aluminio similares a las de cerveza, acompañadas de dispensadores reutilizables fabricados con plástico reciclado posconsumo (PCR). Mientras tanto, la empresa de recargas On Repeat, fundada por Micaela Nisbet, envía reposiciones de productos en envases 100 % compostables, un sistema que también aplica en su propia marca de belleza, Neighbourhood Botanicals.
Según Jenni Middleton, directora de belleza de la agencia de pronóstico de tendencias WGSN, las personas de entre 8 y 23 años tienen la clave para transformar la manera en que consumimos productos de belleza.
“La Generación Z tiene las preocupaciones medioambientales profundamente integradas en su visión del mundo, ya que ha crecido en una época en la que el impacto que tenemos sobre el planeta es cada vez más evidente”, explica.
Estas personas buscan activamente opciones más sostenibles. Middleton los describe como "precyclers", un término que hace referencia a quienes están dispuestos a llevar sus propios envases y bolsas reutilizables a las tiendas con tal de evitar residuos de embalaje. “A medida que esta generación, guiada por sus valores, utilice su voz y sus acciones para influir en el mercado, impulsará a las marcas a ofrecer alternativas para reciclar, reutilizar y recargar. Ellos serán quienes provoquen ese cambio” explica.
El reto del skincare
Hasta ahora, todo parece sencillo, pero el cuidado de la piel es más complejo. Aquí surgen problemas de higiene y esterilización, especialmente con cremas faciales y sérums. La marca de lujo Noble Panacea ofrece una solución innovadora: sus fórmulas altamente concentradas vienen en sobres individuales sellados y reciclables (que pueden devolverse gratuitamente a Terracycle), guardados dentro de una caja de bioplástico reutilizable.
Otra marca que ha invertido tiempo —y dinero— en desarrollar una alternativa exitosa es Tata Harper. Su primer producto con este concepto, la hidratante Waterlock Moisturiser, evita problemas de contaminación gracias a cápsulas reemplazables que encajan dentro de un envase hermético. A partir de ahí, más productos como la icónica Restorative Eye Cream adoptaron también este formato.
Pero, por supuesto, este tipo de innovación no está exento de dificultades (y de implicaciones económicas importantes). “Todas nuestras fórmulas están diseñadas con hasta 72 activos naturales. Cuando se trabaja con fórmulas tan concentradas, es necesario garantizar que los ingredientes se mantengan frescos. Esto puede ser complicado al crear sistemas recargables en skincare, en comparación con los refills de baño y cuerpo, porque el sistema debe evitar cualquier problema de higiene o esterilidad. Nuestro sistema de tres pasos fue diseñado para que la fórmula se mantenga protegida dentro de la cápsula mientras el cliente recarga el frasco, y además quede completamente sellado al aire tras el ensamblaje”, indica Harper.
Arnaud Meysselle, CEO del pionero en sostenibilidad REN Clean Skincare, añade que “la estabilidad de los ingredientes altamente activos en el cuidado de la piel puede ser un desafío, y la necesidad de garantizar que se mantengan a salvo de la contaminación es más complicada en los productos faciales”.
“Los productos de baño y cuerpo suelen utilizar aceites esenciales naturales que, por su propia naturaleza, se auto-conservan, mientras que los productos faciales generalmente no. Por lo tanto, el sistema de recarga es más complejo en el skincare y la seguridad debe ser la máxima prioridad”.
Middleton coincide en que la higiene es un obstáculo clave para el éxito de la belleza recargable. “Por supuesto, la higiene es ahora más importante que nunca para los consumidores: quieren estar seguros de que sus productos no desarrollarán bacterias ni se contaminarán si los reutilizan. Ahí es donde los sistemas comerciales de limpieza pueden ayudar realmente a aliviar esas preocupaciones, especialmente si los consumidores reciben un incentivo económico por los recambios”.
Hablando de estas recompensas, estos pueden ser bastante significativos —un aspecto especialmente atractivo en el contexto de una posible recesión. Por ejemplo, los recambios de la base en esponja como Luminous Lifting Cushion Compact Foundation de La Mer cuestan la mitad que el estuche original, mientras que una fragancia de Molton Brown puede recargarse en tienda por aproximadamente US$ 46 menos que comprar un frasco nuevo.
Por supuesto, para que el éxito a largo plazo sea real, los sistemas de recarga también deben ser convenientes. Una iniciativa prometedora es Loop, que promueve una economía circular ayudando a las marcas a crear envases cero residuos. REN Clean Skincare y Molton Brown fueron de las primeras líneas de belleza en unirse, ofreciendo sus productos más vendidos en botellas de vidrio.
Una vez que terminas el producto, lo devuelves a un punto de recogida de Loop (en el Reino Unido, se encuentran en tiendas Tesco) y la marca se encarga de recoger el envase vacío, esterilizarlo y rellenarlo, para luego colocarlo nuevamente en los estantes (cada botella o tarro puede durar al menos diez ciclos).
“REN Clean Skincare ha estado defendiendo la sostenibilidad en la industria de la belleza de prestigio durante años (logramos nuestro compromiso de convertirnos en una marca de cero residuos para finales de 2021) y siempre queremos probar todas las innovaciones que puedan ayudarnos en la lucha por proteger nuestro planeta. Loop es una de ellas: es simple, innovadora y convierte el packaging en algo duradero en lugar de desechable, allanando el camino hacia un verdadero ecosistema de ‘cero residuos’” dice Meysselle.
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“La pandemia ha contribuido a que los consumidores reconsideren sus hábitos de compra y piensen en lo que realmente importa en la vida: nuestros amigos, nuestras familias, el mundo en el que vivimos y cómo lo dejamos para las futuras generaciones. Estamos volviéndonos más conscientes en nuestras compras, eligiendo proyectos que cuidan el planeta y que se enfocan en ser recicladas, reciclables y reutilizables” añade.
De hecho, mientras el mundo de la moda y la belleza entra en una nueva etapa, quizás este sea el momento en el que menos finalmente empiece a ser más, y en el que los productos que compramos se queden en nuestras estanterías para siempre. (I)
Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR UK.