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El aguacate, la caléndula, el coco, el café, el cacao, la mandarina y los aceites esenciales ocuparon, por años, un lugar en nuestra cocina o en los rituales caseros de belleza y, esta vez, protagonizan una ola de opciones que demuestran que la naturaleza es capaz de responder a las exigencias del skincare actual. Lejos de ser una tendencia pasajera, esta corriente prioriza los extractos de origen vegetal, mineral y, en muchos casos, procesos libres de experimentación en animales. Tres marcas ecuatorianas son prueba de que este enfoque ya no pertenece solo a un nicho. Es una de las apuestas más interesantes de la belleza local.

Ali Botanics

Detrás de Ali Botanics está Adriana Orellana, una emprendedora quiteña de 35 años. Estudió marketing en la Universidad San Francisco de Quito y luego viajó al Reino Unido para realizar una maestría en marketing internacional, en Escocia. Allí, el auge que vivía este tipo de cosmética estaba por todo lo alto.

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Conforme estudiaba, decidió inscribirse en un curso de preparación de cosmética natural en Nature's Heart, en Londres. "Para mí era como un hobby". Aprendió sobre activos botánicos, ingredientes y el proceso de creación de fórmulas. Como proyecto final de la certificación creó cuatro referencias: un bálsamo facial nocturno, un tratamiento capilar, un tratamiento para la celulitis y otro para las estrías. Cuando regresó a Quito comenzó a utilizarlos en su ritual cotidiano y a compartirlos con personas de su entorno. La acogida fue tan positiva, dice Orellana, que así nació Ali Botanics, una marca que este año celebra siete años de trayectoria.

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Cortesía Ali Botanics.

La propuesta se lanzó en 2019, poco antes de la pandemia, con cinco referencias: los cuatro artículos iniciales y un antifaz de seda con semillas de lino, pensado para favorecer el descanso. Contra todo pronóstico, el e-commerce comenzó a recibir pedidos desde el primer día, a pesar de que, en ese entonces, comprar por internet era poco habitual. Este fue su impulso.

"Las personas empezaban a prestar mayor atención a su bienestar, la marca ya contaba con una plataforma digital y un sistema de entregas que le permitió responder a la demanda". El antifaz fue uno de los productos más buscados en los meses de confinamiento. Luego, Orellana experimentó con romero orgánico cultivado específicamente para sus pruebas. Aquellas combinaciones caseras se transformaron en la línea capilar anticaída, que hoy es una de las más exitosas del portafolio.

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Cortesía Ali Botanics.

Actualmente, reúne alrededor de 15 propuestas distribuidas en cuatro categorías: cuidado facial, corporal, capilar y una línea de bienestar que incluye accesorios como antifaces, rollers y cepillos de bambú. Además, apuesta por composiciones con pocos componentes y activos botánicos que cumplen funciones específicas. Entre los favoritos de Orellana están la rosa mosqueta, utilizada por su capacidad para mejorar la elasticidad del cutis y atenuar manchas; las sales de Epsom, reconocidas por aliviar la inflamación; y las mantecas de karité, cacao y coco, elegidas por su poder nutritivo y reparador tanto para la piel como para el cabello.

Incluso, las texturas fueron diseñadas para ser ligeras y adaptarse fácilmente a la rutina diaria. Por otro lado, los aromas provienen de aceites esenciales y extractos naturales. Cada nueva innovación requiere cerca de un año de desarrollo entre formulación, pruebas, evaluaciones de laboratorio y validaciones con consumidores.

Lo interesante es que los productos contienen conservantes de origen natural que permiten mantener su estabilidad sin recurrir a alternativas altamente procesadas. En promedio, su vida útil es de seis meses, según la fundadora. Los precios varían según la categoría y el tamaño, y van desde los US$ 5 hasta los US$ 37.

Oilosophy

Hace casi dos décadas, cuando el aguacate todavía no ocupaba el lugar de "superalimento" en el país, María Clara Dávalos ya intuía que detrás de esta fruta había un potencial mucho mayor. Diseñadora de moda de profesión y dedicada durante años al arte, regresó de España para incorporarse al proyecto agrícola de su familia, que buscaba una manera de aprovechar los aguacates que no cumplían con los estándares de exportación. Decidieron fabricar aceite de aguacate extravirgen mediante centrifugación en frío, un proceso que conserva intactas sus vitaminas y propiedades nutricionales. En 2008 comenzaron a comercializarlo como aceite comestible y fueron, de acuerdo con Dávalos, la cuarta empresa del mundo en elaborarlo.

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Cortesía de Oilosophy.

Pero, para esta emprendedora, ese era solo el comienzo. Mientras estudiaba las propiedades de esta fruta y observaba cómo familiares, amigos y clientes utilizaban el aceite tanto en la cocina como sobre la piel y el cabello, descubrió un nuevo camino. 

"La gente me decía que lo usaba en el pelo, que mejoraba eczemas, que calmaba la resequedad".

En 2012 llegaron los experimentos desde su propia cocina. Mezcló el aceite de aguacate con aceites esenciales para suavizar su aroma, incorporó manteca de cacao, cera de abeja proveniente de los cultivos familiares y otras composiciones botánicas de alta calidad. Los primeros lípidos corporales y cremas empezaron a circular entre amigos, familiares y ferias de emprendimiento. Dos años más tarde nació oficialmente Oilosophy, un nombre que resume la esencia de la marca.

Aun cuando el aguacate es el corazón de cada desarrollo, la propuesta incorpora aceite de coco, aceite de almendras, manteca de cacao, cera de abeja y extractos botánicos cuidadosamente seleccionados. "No compramos, cosechamos nuestros propios ingredientes". El catálogo supera las 50 referencias y abarca cuidado facial, corporal y capilar, además de bálsamos labiales, desmaquillantes, exfoliantes elaborados con la pepa del aguacate, sérums enriquecidos con vitamina E, jabones artesanales, productos para bebés, accesorios y una línea de bienestar. De igual forma, cuentan con fórmulas terapéuticas, como un linimento elaborado con extracto de la pepa del aguacate, reconocida por sus propiedades antiinflamatorias.

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Cortesía de Oilosophy.

Dávalos comenta que muchas variedades comerciales incorporan solo un pequeño porcentaje de aceite de aguacate. En Oilsophy, un frasco de 250 mililitros contiene el equivalente a más de 20 aguacates. Así se obtienen texturas densas, altamente nutritivas y de rápida absorción, especialmente para cutis secos. Entre sus soluciones más representativas están las cremas ultrahidratantes, los aceites corporales y un jabón batido con textura similar a un merengue, diseñado para limpiar sin alterar la barrera cutánea.

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Por su parte, los aromas provienen de extractos naturales y pueden elegirse con o sin fragancia, mientras que las texturas fueron elaboradas para hacer de la rutina diaria un ritual de bienestar. "Queremos que el cliente viva una experiencia con los cinco sentidos".

Sus precios van aproximadamente desde los US$ 8 hasta los US$ 25. La firma busca ampliar su portafolio con nuevas líneas para el hogar, entre ellas productos para la limpieza de superficies y ambientadores hechos con materia prima natural.

Organik by Aguadulce

Karina Paredes, ingeniera en alimentos de 46 años, dejó su trabajo como asesora técnica cuando nació su primer hijo. Quería vivir de cerca la maternidad y hacerse cargo personalmente de los cuidados del bebé. En ese proceso, como muchas madres primerizas, comenzó a preguntarse qué contenían los productos para infantes, sobre todo las cremas para prevenir la irritación causada por el pañal. "No quería poner nada de lo que leía porque encontraba un montón de ingredientes tóxicos".

En lugar de conformarse, investigó, cultivó caléndula y lavanda e hizo sus primeras fórmulas a partir de macerados con aceites vegetales de coco, ajonjolí y aguacate. Todas funcionaron "tan bien" que acompañaron el cuidado de sus cuatro hijos.

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Cortesía de Organik by Aguadulce.

Su formación académica hizo que el desarrollo de nuevos productos fuera un proceso muy intuitivo. Desde su cocina, ajustaba texturas, ingredientes y concentraciones hasta encontrar fórmulas que respondieran a las necesidades de su familia. Así nacieron las primeras cremas, bálsamos labiales, sérums y aceites corporales, todos elaborados con la idea de cuidar la piel sin sobrecargarla de químicos.

Entre los productos más representativos está su desodorante. "Quería crear un desodorante que fuera tan puro que no representara un riesgo". Es libre de aluminio, alcohol y parabenos, y respeta el proceso natural de transpiración. La marca se formalizó en 2022, después de completar los registros sanitarios, los procesos de manufactura y los controles de calidad. Actualmente, reúne alrededor de 25 opciones entre cuidado facial, corporal y capilar, además de una línea de ingredientes oleosos y mezclas aromáticas. Este año prepara nuevos lanzamientos, entre ellos un exfoliante facial, una mascarilla hidroplástica elaborada con algas y una pasta dental en tabletas pensada para reducir el uso de envases plásticos.

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Cortesía de Organik by Aguadulce.

Cerca del 99 % de sus productos están libres de agua. Las texturas también forman parte de la experiencia. Sus cremas son sólidas y se funden lentamente con el calor de las manos antes de aplicarse. A su vez, los aceites corporales fueron creados para acompañar ese momento de calma después de la ducha. "Buscamos que sea una experiencia sensorial, que las personas encuentren sensaciones parecidas a las que se viven al caminar por un bosque: frescura, tranquilidad y conexión con la biodiversidad".

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Tienen precios que van desde los US$ 5,50 hasta los US$ 16. Paredes busca transformar la rutina diaria en un momento de pausa. "No buscamos el secreto para preservar la juventud; buscamos acompañar la salud de la piel". (I)