Por regla general la industria de las fragancias se ha estructurado en torno a una división binaria: perfumes femeninos con notas florales, dulces y empolvadas; frente a los masculinos, más amaderados, especiados o cítricos. Sin embargo, en los últimos años, una corriente comenzó a romper con esta dualidad: la perfumería genderless.
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Parte fundamental de este auge viene de la mano de los centennials, un grupo que desafía las normas establecidas. Hoy, más que nunca, los jóvenes buscan productos que reflejen su identidad de forma auténtica. Además, en un mundo cada vez más digitalizado, elegir un perfume se convierte en una declaración personal. En este sentido, las fragancias sin género proponen composiciones más libres, versátiles y originales, en las que las notas conviven sin obedecer a moldes preestablecidos.



Marcas nicho como Byredo, Amouage o Aesop; y casas de moda de lujo de la talla de Celine o Bottega Veneta adoptaron esta tendencia como un manifiesto artístico y social. Estelas que combinan notas verdes, ambarinas, cuero, incienso o té ofrecen experiencias olfativas inclusivas, donde lo importante no es a quién va dirigido el perfume, sino cómo se siente quien lo lleva. Incluso gigantes del mercado, como Calvin Klein con su emblemática fragancia CK One, pionera en los noventa, vieron resurgir sus propuestas unisex, impulsadas por las nuevas generaciones.
La perfumería genderless no busca neutralidad, sino libertad. Un espacio donde todos podamos elegir nuestra fragancia más allá de etiquetas, basándonos solo en la conexión con el aroma. Un cambio clave en cómo concebimos las fragancias hoy. (I)




Este artículo salió originalmente en la edición de noviembre de Harper's BAZAAR España.
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