Cada vez que Axel Vásquez atraviesa los controles de seguridad de la Casa Blanca, la sensación es la misma. El corazón se acelera, aparecen los protocolos, las puertas se abren una tras otra y, al otro lado, lo espera uno de los trabajos más importantes de su trayectoria: maquillar a integrantes de la familia Trump.
"Entro y todavía no me lo creo. Ves los pasillos, las fotografías de todos los presidentes, pasas por cada cada pasillo y sientes una adrenalina imposible de explicar. No porque estés haciendo algo malo, sino por la relevancia del lugar. Es como entrar en una película".
Desde hace algún tiempo, maquilla a las hijas del presidente de Estados Unidos para eventos oficiales, conoce sus preferencias y aprendió a equilibrar tendencias con la formalidad que exige el escenario político.
"A una de ellas le encanta. Hablamos de productos, de marcas, probamos propuestas y jugamos un poco más con el color. La otra prefiere un estilo mucho más natural. Con el tiempo me dieron la libertad de proponer, siempre respetando quiénes son ellas".
Este artista dice que más allá del prestigio que representa colaborar en la Casa Blanca, reconoce que el verdadero significado está en otro lugar. "Entiendo toda la controversia política que puede existir, pero eso no le quita mérito a que un latino esté trabajando ahí. Cuando llego veo latinos, veo personas de diferentes culturas. Recibo mensajes de gente diciéndome que se siente orgullosa de ver a un inmigrante representándonos. Eso es lo que realmente me marca".
Axel tiene 38 años, nació en Guatemala y llegó a Estados Unidos en 2005, cuando tenía 15 años. Viajó para reunirse con su madre y apostar por una nueva vida. Además de adaptarse a un nuevo país, tuvo que aprender inglés y desenvolverse en una cultura completamente distinta. Pero, había algo que movía su corazón y era que desde niño se fascinaba por el mundo de la belleza. "Siempre me gustó esta industria. Creo que eso uno ya lo trae desde pequeño".
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Mientras estudiaba y se preparaba para comenzar el bachillerato, se fijó en lo que otros estudiantes usaban para practicar cosmetología. Le dio curiosidad y quiso saber cómo podía entrar a esa especialización en el colegio. Le dijeron que primero tenía que mejorar su nivel de inglés.
"Eso me dio más ganas de aprender". Consiguió dominar el idioma en menos de un año, cuando normalmente tomaba dos en hacerlo en un curso. Ingresó finalmente al programa vocacional de cosmetología, obtuvo su licencia profesional e incursionó en un salón de belleza.
Se enfocó en el cabello, aunque el campo era muy competitivo y los clientes solían evitar que el "recién llegado" les cortara o pintara el pelo. Más adelante, decidió dejar a un lado el corte y el color para especializarse únicamente en maquillaje y peinado (estilismo de cabello). "Empecé embelleciendo a las compañeras del salón. Ahí me di cuenta de que había encontrado una entrada. Nadie lo hacía y yo sí podía". Ofrecía maquillaje y peinado para bodas, quinceañeras y eventos sociales. Poco a poco su nombre empezó a circular entre la comunidad latina del área de Washington D.C., donde vive hasta hoy.
Antes de construir su propia marca, Axel fue parte de MAC Cosmetics. "En ese momento, trabajar para esta marca significaba que eras de los mejores". Llegar le tomó tiempo. Por casi dos años aplicó una y otra vez, con muchos rechazos. "Cada vez que me decían que no, también me daban retroalimentación. Yo la tomaba y seguía preparándome".
Durante ese proceso estuvo con otras marcas como Dior y fortaleció más habilidades como las ventas. Cuando finalmente fue contratado por MAC, ingresó como gerente de una de sus tiendas más trascendentes en Tyson's Corner, uno de los centros comerciales más grandes del norte de Virginia.
Durante cinco años pulió tanto su técnica como la atención al usuario. Generó confianza entre sus clientes e hizo que cada vez más personas buscaran sus servicios fuera de la tienda.
"Llegó un momento en que ya no podía manejar las dos cosas. Tenía trabajo todos los fines de semana y decidí independizarme".
Luego de aquello, su carrera tomó un nuevo ritmo. Las bodas y los eventos se multiplicaron y más talentos se acercaban para pedirle que les enseñara sobre el oficio. Emprendió con clases informales y se convirtieron en grandes capacitaciones y una gira, con grupos de hasta 250 personas. Fue entonces cuando dijo que enseñar podía ser una nueva etapa de su profesión. "Yo nunca pensé que iba a convertirme en maestro. Mi único plan era ser maquillista (...) Tengo paciencia y mucha pasión por lo que hago. Creo que hoy un buen docente tiene que entender que cada alumno asimila de una manera distinta".
La academia comenzó con seis estudiantes y hoy forma entre 50 y 80 alumnos por semana en distintos programas. Con el tiempo incorporó la formación en cosmetología para responder a una campo que exige cada vez más preparación profesional. "Hemos creado un currículo para que cualquier alumno, sin importar su nivel, pueda convertirse en un experto".
En 2019 fue seleccionado para participar en un reality de televisión transmitido por Lifetime y Discovery en Español que buscaba encontrar a la próxima gran estrella del maquillaje y el cabello. Era el único integrante latino dentro de la competencia. Por dos meses vivió completamente aislado, con desafíos y donde debía maquillar en tiempo récord. "Fue una experiencia muy intensa. Te quitan el teléfono, estás desconectado y todo gira alrededor de la competencia".
Llegó hasta la gran final en Nueva York y terminó como primer finalista. Allí recibió mentorías de Scott Barnes, maquillador de Jennifer Lopez; del equipo creativo de Beyoncé y de Mario Dedivanovic, reconocido por su trabajo con Kim Kardashian.
Con el crecimiento de su academia también llegaron nuevas oportunidades en la industria de la moda. Su equipo comenzó a participar en desfiles locales en Washington D.C. Más tarde llegaron la Semana de la Moda de Nueva York, Miami Swim Week y otros eventos internacionales. Inicialmente esos espacios estaban reservados para sus estudiantes. Con el tiempo optó por abrir las convocatorias a profesionales de otros países latinoamericanos.
"Si yo ya tengo la posibilidad de abrir una puerta, ¿por qué no compartirla?".
Actualmente dirige equipos de belleza en producciones de Nueva York, Miami, pasarelas, concursos de belleza y reinados, donde artistas de diferentes nacionalidades pueden participar tras un proceso de selección. Este es uno de los principales enfoques de su academia.
"Trabajan con celebridades, hacen contactos y regresan a sus países con una experiencia que cambia completamente su perfil artístico". Para Axel, impulsar el talento de la región es una responsabilidad. Asegura que su historia atrajo a muchas personas, pero ahora desea que la de ellos pueda empezar.
Aunque se enfoca diariamente con las novedades del mercado, Axel cree que el makeup no debería depender únicamente de las redes sociales. "Hoy las tendencias duran dos días. Antes podían durar años. Ahora todo cambia demasiado rápido". Por eso insiste en que cada colega debe desarrollar una identidad propia.
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Antes de pensar en colores o productos, prefiere escuchar. "Una buena consulta vale más que cualquier técnica. El maquillaje tiene que responder a sus cualidades". Para él, la belleza nunca consiste en transformar un rostro hasta hacerlo irreconocible.
"Lo esencial es que alguien salga sintiéndose más seguro. A veces un corrector o una piel bien ejecutada hacen que se llegue con más confianza a una entrevista, a una reunión o simplemente a verse al espejo".
Después de trabajar, además, con celebridades como Karol G, Axel Vásquez tiene claro que el éxito no se mide únicamente por los nombres de sus clientes. Cuando se le pregunta qué quiere dejar en la industria, no habla de maquillaje, se refiere a las personas.
"Yo sé que hay artistas muchísimo más talentosos que yo. Lo que sí sé es la clase de humano que soy". Hace una pausa antes de terminar la idea. "Quiero que la gente entienda que el potencial importa, pero la ética, el respeto y la calidad humana construyen una carrera. Si algún legado quiero dejar, es ese". (I)