Al cruzar la entrada de este rincón, el tiempo parece desacelerar. Este sitio se encuentra en un patio abierto climatizado, con iluminación natural, que recibe con un susurro de tranquilidad a quienes buscan dar una pausa a esos días ajetreados.
Su ubicación aísla el bullicio de la ciudad y abre paso a un universo donde la gastronomía se vuelve arte. Cada mesa, luz y detalle está pensado para que la experiencia sea íntima y refinada, un oasis para quienes buscan más que una comida, un momento memorable.
Los meseros explican la menú y recomiendan según la ocasión: una cena romántica, un after office con amigos o una celebración más íntima. Las sugerencias tiene un propósito y los platos se presentas como una obra pensada para sorprender y deleitar.
En la cocina, el chef Mauricio Uribe combina su maestría en cocina nikkei (fusión peruano-japonesa) con la riqueza de los ingredientes ecuatorianos como naranjilla, tomate de árbol y salprieta. Mantienen la filosofía japonesa en el equilibrio de sabores (dulce, salado, ácido, picante y umami).
En marzo de 2026, agregó cinco propuestas a su carta. Esto incluye opciones de proteínas (pato, atún, pollo, langostinos, camarones y cerdo) y complementos como arroz gohan, fideos udon, yakimeshi, chaufita, papas trufadas y edamame, además de cuatro nuevos makis/rollos de sushi.
Entre esas opciones está el Gohan Atrio, el ejemplo perfecto de ese viaje sensorial de nacionalidades. Se trata de un arroz japonés al dente, mezclado con mariscos locales y frescos como pulpo, langostino, camarón y scallops. Tiene una base de ajíes peruanos, como el amarillo, que se carateriza por ser frutal, con notas cítricas y afrutadas que recuerdan al mango o maracuyá, acompañado de un picante medio moderado.
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Entre los que tienen más tiempo en el menú destacan los dumplings de cangrejo, suaves y aromáticos, hechos con una masa delicada, un relleno de mariscos frescos y un toque sutil de salprieta. Son acompañados de una salsa de coco, con algunos picantes orientales. Si cierras los ojos al probar un bocado, sabe como una cangrejada con su agua de coco y un maduro con sal prieta al lado.
“Es, sin lugar a dudas, la receta con más mestizaje que tenemos en la carta”, comenta el chef.
El rollo acevichado aporta la intensidad peruana, con ajíes locales y tomate de árbol, mientras que las costillas Dong Po, braseadas por 36 horas y bañadas en un glaseado dorado, se sirven junto a un pak choi (col china) a la parrilla y un puré de manzana verde que eleva cada bocado al nivel de alta cocina. Te lleva al umami, el nivel máximo de sabores en el paladar, según la cultura japonesa.
También está la sartén de Magret Nikkei, que es una pechuga de pato laqueada en salsa de loche y naranjilla. Esta opción transforma la tradición peruana en un viaje gastronómico. Desde su apertura, en enero de 2026, José Antonio Mariátegui, gerente de restaurante, sigue de cerca la experiencia de sus clientes.
“Desde Atrio tomamos el pulso de nuestros comensales; cada comentario, gesto al probar un bocado y recomendación nos guía en la innovación de sabores”.
Así, identificaron que para los visitantes, Atrio es un restaurante con alma de bar, donde la experiencia Nikkei va de la mano de un ambiente sofisticado, atención al detalle y cocina de alta precisión.
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Por ello, ahora mismo trabajan en el desarrollo de una lista de bebidas, con identidad propia, para acompañar esas tardes y noches con amigos y familiares. Este sitio está ubicado en el km. 10 de la vía a Samborondón, al ingreso de Paseo Batán y 200 metros de distancia, en Murano Plaza.
Allí se vive una experiencia que sale de la cotidianidad y deja ganas de volver, para disfrutar otra vez de la cocina nikkei con la frescura ecuatoriana en cada plato. (I)