Sobre hoodies oversized, bombers acolchadas, foulards y estuches aparece el rostro de Dolores Cacuango intervenido por el artista mexicano Vlocke Negro. La histórica lideresa indígena reemplaza el retrato tradicional del billete estadounidense para recordar que aunque “Ecuador adoptó una moneda ajena, la historia y la identidad de sus pueblos son innegociables”. Esta es la frase que se aparece en la introducción de esta entrega.
La cápsula, llamada Dolores, es una co-creación de la diseñadora ecuatoriana Lía Padilla. La propuesta nació el 12 de octubre de 2025, inicialmente por el Día de la Hispanidad y se pensó como respuesta frente a “los discursos coloniales que todavía atraviesan Latinoamérica. Era como decir: sí, se celebra la raza, la colonización, pero aquí siguen los indígenas, aquí seguimos” explica la creadora.

Dolores Cacuango fue elegida para esta colaboración por diversas razones, entre ellas su representación en luchas sociales, reivindicación de su figura y la iniciativa de ambos artistas. En el catálogo de este lanzamiento se explica brevemente quién fue este personaje. Nació en Cayambe en 1881 y fue una de las figuras más importantes en la búsqueda de los derechos indígenas en el país. Hija de huasipungueros (trabajadores de hacienda que recibían una pequeña parcela de tierra a cambio de trabajo gratuito), dedicó su vida a combatir la explotación de las comunidades y el despojo territorial heredado de la colonia.
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La directora creativa dice que después de más de medio siglo de su muerte, su figura funciona como un símbolo de resistencia frente al racismo estructural y la exclusión social. “Cuando yo le propuse hacer algo por el Día de la Raza o de la Hispanidad, él (Vlocke) me dijo que quería trabajar con el sucre”, cuenta Padilla sobre las primeras conversaciones con el artista mexicano. Este creativo es conocido por intervenir monedas y billetes como parte de su práctica gráfica.
El proyecto coincidió con el paro nacional de 2025. Padilla y Vlocke Negro, ambos vinculados a movimientos sociales y activismo, decidieron transformar las prendas en un mecanismo de apoyo económico para las comunidades de Cotopaxi, Otavalo y Cayambe. “Quisimos hacer un acto que pueda colaborar desde lo que nosotros hacemos; en el caso de él es gráfica política y la mía es ropa”.

Sin embargo, días después decidieron redirigir el destino de las utilidades. Hoy, el 70 % de las ganancias son destinadas a la familia de Cacuango, mientras que el 30 % restante financiará la creación de un mural comunitario realizado por Vlocke Negro. “Queremos que la memoria de la Dolores siga viva”.
La colección está compuesta por cuatro piezas y una cromática de blancos, grises y negros. La sudadera Dolores (US$ 97.80) parte de la línea decolonial de la marca, un concepto más afín al estilo personal y la forma de ser de Padilla. Tiene una silueta oversized y hombros caídos; además, incorpora cordones de ajuste, bolsillo tipo canguro y puños deportivos con abertura para el pulgar. También está la bomber Dolores (US$ 145) que retoma la gráfica política sobre una estructura urbana con bolsillos diagonales, mangas largas y acabados elásticos. Finalmente complementan un foulard o pañuelo (US$ 17.25) y un estuche (US$ 25).
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Aunque las piezas parten del lenguaje streetwear, el trabajo de confección busca mantener el estándar técnico que caracteriza a la diseñadora ecuatoriana. “No quería que el mensaje sacrificara la calidad de la ropa. Sí, mucha gente me decía que estaba carísima esa chompa. Y claro, probablemente no es una prenda accesible para todo el mundo, pero quería que esté alineada a lo que hacemos”. Los artículos fueron desarrollados con textiles que mezclan poliéster y algodón, principalmente porque la técnica de sublimación utilizada para imprimir la obra requiere fibras sintéticas.

La relación entre moda y discurso social no es nueva dentro de la industria. Diseñadores como Hussein Chalayan utilizaron sus colecciones para cuestionar la vigilancia sobre el cuerpo femenino, como ocurrió en su propuesta de Alta Costura de 1998 alrededor del niqab. Años después, Maria Grazia Chiuri hizo del feminismo uno de los ejes de Dior al incluir mensajes como We Should All Be Feminists y colaboraciones artísticas vinculadas a ideas de paz y resistencia. John Galliano también abrió un debate sobre los límites entre inspiración y representación social con su polémica colección Homeless para Dior en el 2000. Por otro lado, la reconocida marca neoyorquina de streetwear, Supreme, lanzó en 2021 prendas y suéteres con capucha que incluían la imagen clásica del Che Guevara, fumando un tabaco, junto con la frase “Hasta la victoria siempre”.
Desde el lanzamiento, en redes sociales se cuestionó el proyecto por el contexto del paro y el uso de una figura histórica indígena dentro de un producto comercial. Padilla entiende la crítica; no obstante, insiste en diferenciar entre la apropiación estética y la participación activa dentro de estos espacios. “Es distinto si eres un creador que solo toma la imagen”. La cápsula marca un nuevo momento para ella, quien traslada su línea decolonial hacia una propuesta que reúne distintas referencias en un mismo espacio. (I)