Harper's BAZAAR Ecuador.
Harper's BAZAAR Ecuador. Daniel Queirolo.

En Cumbayá, la ecuatoriana Sarah Erazo Zindler construyó un espacio desde donde da vida a SEZ. El atelier es íntimo y luminoso. El sol atraviesa un ventanal de piso a techo y las plantas del exterior adornan visualmente todo el fondo del estudio. Hay tres espejos grandes que se unen, con una tarima en el centro, donde cientos de clientes posan con sus diseños para los ajustes. Allí se puede observar cada prenda en distintos ángulos. Una mesa llena de bocetos, muestras de tela, patrones y cortes en proceso, se ubica en el centro. Asimismo, hay un rack lleno de las últimas piezas de su colección con vestidos estructurados, blusas sutiles y pantalones de diversas siluetas. Aquello resume el universo visual que Sarah propone a partir de 2019.

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Fotografía: Daniel Queirolo.

Esta artista asegura que el diseño estuvo presente desde siempre. Era esa niña a la que le preguntaban qué quería ser y respondía: diseñadora de modas. París fue, para ella, el lugar lógico para estudiar. Por un lado, por la industria y por otro, por su historia familiar. “Mis papás estudiaron allá y nuestro idioma en común es el francés. Sentí que aquella ciudad era donde tenía que estar y cuando muchos de mis compañeros todavía no sabían qué harían después del colegio, yo ya había aplicado por mi cuenta a universidades europeas”. 

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Erazo se formó y trabajó en Francia. Estudió diseño y tecnología de moda durante tres años en IFA Paris. Luego se mudó a Barcelona, España, para especializarse en novias y vestidos de gala. Además, cursó una maestría enfocada en gestión y dirección de empresas de moda. “Lo que más me gusta es la parte creativa, pero lo financiero es lo que me ha llevado al éxito”. 

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Fotografía: Daniel Queirolo.

Su paso por Europa estuvo lleno de pasantías y colaboraciones en distintas firmas. Estuvo en la semana de la moda de París y fue parte de casas como Emanuel Ungaro y Pascal Millet. En Barcelona colaboró con Raimon Bundó, una de las tiendas de novias más antiguas de la ciudad. Fue una experiencia que recuerda por la libertad creativa que tuvo. Ahí aprendió procedimientos de patronaje digital y trabajó con sedas y materiales de alta costura difíciles de encontrar. Fue miembro del equipo de Fannie Schiavoni, diseñadora de moda y joyería con sede en Londres, conocida por sus prendas y accesorios elaborados artesanalmente en malla metálica, inspirados en la estética de Paco Rabanne. 

“Era algo completamente distinto a lo que había hecho antes. Ver cómo elaboraba looks para artistas como Shakira o Beyoncé fue interesante”. 

Todo cambió cuando fue mamá a los 23 años. Regresó a Ecuador con el sentimiento de que el sueño de trabajar en una gran casa de moda se había terminado. La maternidad puso en pausa sus planes profesionales por un tiempo y hoy lo ve con otros ojos: “tengo mi familia y mi negocio. ¿Qué más quiero?” Antes del Covid-19, Erazo planteó su concepto y buscó sitios para montar su emprendimiento. Hasta que el año 2020 le hizo pausar sus objetivos nuevamente. Siempre pensó en reactivar su sueño porque sentía la necesidad de crear. “Le dije a mi esposo que necesitaba hacer algo o me iba a volver loca”. Empezó a construir las bases de SEZ junto a él, quien maneja el branding y el marketing de la firma.

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Fotografía: Daniel Queirolo.
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Fotografía: Daniel Queirolo.

Los primeros modelos nacieron con telas que tenía guardadas en casa y fueron fotografiados en un shooting improvisado. “Era una propuesta loca de novias. No era para vender, pero quería mostrar lo que podía hacer”. Desde el inicio, el universo bridal estuvo presente y es de aquellas que, sin ningún reparo, entran a una iglesia solo para ver el vestido de la novia. Aún así, confiesa a Harper’s BAZAAR Ecuador que no podía limitar la marca a ese nicho. Las colecciones iniciales se enfocaron en ready-to-wear confeccionado en lino y bajo pedido. “Comenzamos prácticamente vendiendo por catálogo”. Las mujeres llegaban al atelier, se probaban las muestras y cada pieza se confeccionaba a la medida.

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En ese primer año, esta experta exploró una línea más cercana a la sostenibilidad. Sin embargo, era un enfoque poco viable para la firma, pero ayudó a Erazo a entender con mayor claridad qué quería plasmar. “Quisimos que fuera algo muy purista. Que tú veas un conjunto y sepas que es de SEZ. La calidad va antes que la cantidad”. Su identidad se refleja en los plisados artesanales, uno de los sellos más reconocibles de su narrativa. No son técnicas industriales ni procesos tercerizados. Cada uno se realiza a mano dentro del taller. “Solo plisar una silueta puede tomarme cuatro horas. No somos una marca barata y nunca hemos querido serlo. Yo no quiero vender 100 vestidos al mes; quiero vender siete muy buenos”. 

La diseñadora relata que mantiene una relación cercana con sus clientes. El showroom funciona únicamente bajo cita previa y ella participa personalmente en cada prueba. “Yo digo que soy más psicóloga. Las mujeres llegan aquí y terminan contándome sus inseguridades, qué les gusta de su cuerpo y qué no”. 

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Fotografía: Daniel Queirolo.

Con el paso de los años, las colecciones comenzaron a crecer. En 2023, incorporó atuendos de gala ya confeccionados y apareció uno de los diseños más vendidos, llamado Sevilla. Erazo presenta una línea anual y un pequeño season drop hacia finales de cada año. Su propuesta más reciente explora códigos que ya forman parte del ADN de la marca con negros profundos, blancos rotos, tonos tierra y azules oscuros. Sarah asegura que no diseña pensando en tendencias, va a su ritmo y no le interesa seguir lo que ocurre afuera. Sus referencias aparecen más bien en el arte, en la arquitectura y en las emociones personales. 

Mientras crecía en Ecuador, empezó a abrirse espacio fuera del país. Ingresó primero a plataformas internacionales como Wolf & Badger y Not Just A Label. Hoy venden principalmente en Nueva York y California, además de estar presentes en vitrinas europeas como París y un nuevo canal en Dubái. Uno de los pasos más importantes llegó con su ingreso a Nordstrom. “Aplicamos en 2025 y nos aceptaron. Hace apenas dos meses logramos tener todo listo y ya empezamos a vender”. 

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A siete años del nacimiento de SEZ, Sarah trabaja en el mismo taller de Cumbayá donde las piezas se prueban, se ajustan y se arman con tiempo. “Quiero que la gente vuelva a ver los detalles. Vivimos en un mundo demasiado rápido y ruidoso. Para mí, SEZ es un lugar donde todavía se puede parar un poco”. (I)