Llegué a una puerta negra en pleno Garment District (epicentro de la manufactura textil), en el centro de Manhattan, Nueva York. Eran las 8:53 de la mañana, entré y subí por el ascensor. Esa ocasión llevaba puesto una blusa de Aritzia, capris de Gap y unas ballet flats blancas de Nordstrom Rack, que elegí con mi mamá para mi primer día de trabajo. Tengo 19 años y, como muchos a esta edad, trato de encontrar mi lugar. Así terminé aquí, tocando puertas en la industria de la moda, esperando que alguna se abriera.
Cindy Castro me recibió, me mostró el atelier, me presentó a mi nueva compañera pasante, a las costureras —también ecuatorianas— y a Henry, su esposo y director de marketing. Este taller no se sentía como los espacios que había imaginado. No había tensión ni jerarquías; era una energía más cercana y más humana. Todo está en constante movimiento, hay prendas colgadas, moodboards cubriendo las paredes, patrones extendidos sobre la mesa central y telas apiladas debajo de una gran superficie. Es un escenario donde todo está en proceso y donde todos parecen formar parte de él.
“La industria usualmente no es así… en vez de competir, hay que colaborar”.
¿Cómo lograron tener ese equilibrio? Cindy dice que es el resultado de un recorrido que empezó lejos de la Gran Manzana. Antes de abrir un atelier, Castro fue una joven ecuatoriana que, a los 18 años, dejó su país para ser niñera. “Sentí que tenía posibilidades adelante mío… fue un gran sentimiento de libertad, de descubrir”. Fue criada en un entorno donde los libros eran una constante y su curiosidad por el mundo la hacía imaginar una vida fuera de los caminos tradicionales.
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Mientras trabajaba y estudiaba en Chicago, descubrió nuevas formas de ver y hacer las cosas. Fue una etapa que definió como realiza su gestión hoy en día. Cuando laboré con ella, me contó que quería dedicar una colección a su abuela. Me pidió investigar referencias culturales, textiles e historia. En ese momento lo vi como una tarea más, pero con el tiempo entendí que era una manera de hacerme parte de algo mucho más personal. Tras graduarse, Castro se mudó a Nueva York y trabajó en firmas como Coach, Parker NY y Derek Lam. “Fue un shock ver que quienes cosían eran latinos como nosotros, la mayoría inmigrantes”. Se dijo a sí misma que eran ellos quienes sostenían la industria, pero no estaban en los espacios de decisión.
La historia de esta creativa cambió en 2020. Con todo paralizado por la pandemia, comenzó a confeccionar mascarillas desde la sala de su apartamento. Lo hizo para apoyar a los colaboradores del Garment District con los que ya había entablado relaciones.
“Mi intención era ayudar a los trabajadores a dar un poquito de vida al distrito de la moda".
Ese rincón en casa fue el inicio real de Cindy Castro en Nueva York. Empezó a crecer rápido, sin un plan que la guiara. Detrás estaba también la influencia de su madre, que se dedicaba a la joyería y le había dejado la idea de hacer algo propio. Así creó su primera colección. La misma tenía una lógica distinta a la del calendario tradicional. "Fue una de las más queridas porque estaba creando con tiempo”.
Este atelier no funciona bajo las dinámicas tradicionales. Aquí, las conversaciones fluyen entre telas y patrones y las prendas responden a esa misma lógica. Lejos del ritmo acelerado del sistema, su enfoque se centra en crear piezas que perduren, tanto en calidad como en significado. La sostenibilidad es una estrategia de su proceso: producción consciente, ritmos más lentos y una relación más cercana con quienes confeccionan cada prenda.
A través de fragmentos y elementos arraigados en su cultura y herencia, esta experta rinde homenaje a la mujer latina e incorpora esa identidad en cada diseño. “Quiero crear piezas que duren física y emocionalmente”.
Made by Immigrants es una de las frases más visibles de la marca. Surge del contexto político en Estados Unidos y de la experiencia de quienes están en el Garment District. Es una respuesta directa a esa realidad. “No nos vamos a quedar callados, queremos apoyar a nuestra comunidad”.
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Cindy Castro proyecta una presencia que podría recordar, en cierta medida, a una Miranda Priestly contemporánea: disciplinada, enfocada, exigente. Pero ahí es donde termina la comparación. A diferencia del arquetipo, su liderazgo se construye desde la empatía, la generosidad y la comunidad. Recuerdo pequeños gestos —pausas para explicar algo en medio del ritmo acelerado o correcciones hechas con paciencia— que definían el ambiente en su negocio.
Sus pasantías funcionan como mentorías: abre oportunidades, revisa portafolios y amplía el aprendizaje fuera del trabajo creativo. Su empatía, paciencia y disposición constante a enseñar definen el ritmo. Con ella entendí que crear implica fijarse en la comunidad, además de ser sostenibles. Al mismo tiempo, esa etapa marcó mi proceso de aprender a ser independiente en Nueva York, crecer dentro de la moda también significa aprender a sostenerse fuera de ella.
La nueva colección
SS26 se presenta como un relato cinematográfico sobre el autodescubrimiento y la complejidad de la feminidad. Está inspirada en la presencia atemporal de Penélope Cruz, con referencias a la fuerza de Salma Hayek dentro del moodboard. La propuesta se basa en una exploración de la dualidad y profundidad de ser mujer. La propuesta sigue a una mujer en Nueva York y parte de la alegría como forma de resistencia. Combina tonos suaves con rojos intensos que hablan de valentía y visibilidad.
A través de siluetas fluidas y referencias al movimiento y al ritual, cada pieza invita a tomar riesgos y a abrazar la sensualidad con naturalidad, sin miedo. Desde una mirada cinematográfica, la colección revela contrastes —fuerza, suavidad, audacia e introspección— entretejidos en cada momento.
Para quienes buscan abrirse camino en la industria, Cindy asegura que hay que arriesgarse, insistir y no limitarse por expectativas externas.
“Hay que tocar puertas, no ver el rechazo como un no definitivo”.
Su consejo no es abstracto; nace del mismo recorrido que la llevó de Ecuador a establecer una marca en un país ajeno. En un sistema que muchas veces impone estructuras rígidas, su enfoque propone crear espacios en lugar de esperar a que existan. A pesar de haber desarrollado su marca en Nueva York, Cindy mantiene la mirada puesta en Ecuador. (I)
*Créditos
Fotografía: Erick Hercules. Modelo: Mira Rosier. Maquillaje: Daya Obando. Stylista: Alicia Carla.