Más de la mitad de tu clóset probablemente está hecho de plástico y no lo sabes. Y no, no es una exageración, es lo que descubrí cuando decidí revisar, prenda por prenda, de qué está hecha mi ropa. El resultado fue sorprendente, el 67 % de mis blusas, el 58 % de mis vestidos, el 79 % de mi ropa deportiva y el 41 % de mis pantalones contienen poliéster. Según Karina Velasco, médica dermatóloga estética con 11 años de experiencia, más del 90 % de sus pacientes usan poliéster a diario sin saberlo y esto no es una coincidencia. La pregunta es simple: ¿qué le estamos haciendo a nuestro cuerpo y al planeta cada vez que nos vestimos? Y, para entenderlo, hay que ir al origen.
El poliéster es una fibra sintética derivada del petróleo, creada en los años cuarenta por los químicos británicos John Rex Whinfield y James Tennant Dickson. Hoy es la más utilizada en la industria textil global y representa el 57 % de toda la producción de fibras textiles en el mundo, según Textile Exchange 2024. En términos simples, es plástico, el mismo material de una botella de CocaCola, procesado hasta convertirse en hilo y luego en tela. Barato de producir, fácil de teñir, resistente al lavado y rápido de secar. Sin duda, el favorito indiscutible del fast fashion.
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Velasco explica que el poliéster actúa como una capa adicional sobre la piel y retiene calor, sudor y toxinas. Al no permitir que respire adecuadamente, altera el pH natural y el equilibrio bacteriano, lo que puede derivar en mal olor, hongos, irritaciones e infecciones. “Sudas más, generas más calor y empiezas a cambiar las bacterias que normalmente viven en equilibrio en tu piel”. En pacientes con pieles sensibles, atópicas o con predisposición a alergias, el impacto es aún mayor. Las personas con fototipos más claros tienen mayor predisposición genética a reaccionar, aunque nadie está exento.
Desde bebés, los dermatólogos recomiendan evitar el contacto de fibras sintéticas con la piel porque alteran la flora cutánea natural que nos protege.
Las tintas que se usan son más agresivas que las de las fibras naturales porque, al ser plástico, necesita pigmentos con mayor adherencia. ¿Esas manchas oscuras que aparecen en las axilas de tus blusas favoritas? Ahí está la explicación. Velasco cuenta que, cuando una paciente llega a su consulta con axilas manchadas, lo primero que hace es revisar su ropa. “Les digo: ‘déjame ver qué estás usando en este momento’, y más del 90 % de las veces es poliéster”. No es solo una cuestión estética, Marcela Amoroso lo vivió en carne propia. “Cuando transpiras con poliéster, eso entra significativamente en el cuerpo y te genera tóxicos”. María Gabriela Chiriboga lo dice de otra manera: “yo siempre he sentido la energía detrás de las prendas, hay algunas que te hacen sentir cómoda y hay otras que simplemente no van contigo”.
Si hablamos de ropa deportiva, la situación se agrava. Según Velasco, usar prendas 100 % de poliéster durante el ejercicio es uno de los principales detonantes de infecciones vaginales y candidiasis en mujeres activas. Las zonas de pliegues —como ingles y debajo del brasier— se irritan con mayor rapidez. “La ropa deportiva de calidad no es barata y hay una razón para eso”. En mi caso, es la que mayor cantidad de poliéster tiene…
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