Hay planes emergentes que llegan con una mirada curiosa. Hacen de la exploración su lenguaje y de la autenticidad su mayor activo. En ellas hay una ambición de destacar en medio de un escenario saturado. Estas nuevas propuestas tienen una libertad creativa que no responde a reglas históricas de la moda. Son proyectos que capturan la atención y abren conversaciones. Harper’s BAZAAR Ecuador reunió tres firmas ecuatorianas que exploran el presente de la industria.
Una de ellas es Maremia, fundada por Andrea Vera, de 36 años, quien antes de lanzar su propia línea se formó durante más de una década en el sector textil. Empezó como compradora en una cadena de retail —viajando, seleccionando proveedores y afinando su criterio comercial— y hace cuatro años creó su propia fábrica Verdementa, que se dedica a la producción al por mayor y a los uniformes corporativos. Sin embargo, la idea de un proyecto propio siempre estuvo latente. En julio de 2025 condensó la propuesta y presentó Maremia oficialmente en noviembre de ese año.
La marca tiene un concepto arraigado al estilo de vida de su creadora. El nombre —inspirado en el mar— le da un toque relajado, femenino y versátil. Además, se basa en piezas pensadas para mujeres que, como Andrea, asumen diversos roles a lo largo del día y buscan verse bien y sentirse cómodas. Son siluetas atemporales, fáciles de llevar del día a la noche, con ese equilibrio casual y elegante.
Contenido relacionado: Lo que le falta a tu armario: unas prendas con polka dots
Junto a un pequeño equipo, que incluye diseñadores, Andrea usa tendencias, viajes e intuiciones en sus ediciones. El estampado juega un papel importante y es su hilo conductor. Vera trabaja bajo una lógica de microcápsulas, con pocas unidades por ítem (entre dos y tres por talla). Las medidas van de XS a L y cada diseño parte del propio cuerpo de la fundadora. “El fit tiene que ser realista y ajustarse a formas diversas”.
En menos de un año, presentaron dos pop-ups iniciales, una línea de fin de año con estilo resort, una cápsula casual en este 2026 y una próxima colección por el Día de la Madre. En esta última hay prendas más románticas, con encajes y siluetas delicadas. A nivel textil, mezclan materiales locales e importados como lino y denim ligero, también popelinas satinadas y tejidos sintéticos de buena caída.
Su primera aparición, en una feria local, le dio esa respuesta del público, mientras que desfiles y eventos posteriores ampliaron su visibilidad. Hoy, cuentan con un showroom físico y ventas a escala nacional a través de su web y redes sociales.


Desde otro punto de partida, más largo y más vivido, está Milena Ríos Shoes. No todas las empresas avanzan en línea recta. Algunas se detienen, cambian de ritmo y vuelven a empezar con más claridad. Ese es el caso de esta marca. Nació en 2006, pero desde 2024 entró en una nueva etapa, con propuestas renovadas, un espacio físico reactivado en Gualaceo, Azuay, y una mirada más aterrizada sobre lo que quiere construir.
Katy Cabrera, su fundadora, tiene 42 años y una historia que está ligada al oficio de fabricar zapatos desde que era pequeña. Estudió administración de empresas y, por un tiempo, imaginó su futuro lejos del calzado. Sin embargo, su corazón la hacía regresar a ese entorno y abrió una casa propia que bautizó con el nombre de su primera hija, Milena.
Te puede interesar: Dolce & Gabbana y Ray-Ban reinterpretan el icónico modelo Aviator
Probar, ajustar, repetir… era su día a día y en la actualidad aún mantiene la misma esencia de hacer las cosas. Cada zapato está pensado para entender su funcionalidad real en una rutina diaria, sin dejar de lado la estética. Cabrera explica que las plantillas de todos sus productos son de cuero con el fin de que sean cómodos y resistentes. También cuidan la estructura del zapato por dentro, para que no se deforme con el uso. Se mueven por colecciones que aparecen a lo largo del año, “sin un calendario estructurado”. En cada lanzamiento se diseñan distintas alturas como flats o tacos. “Hacemos detalles que rompen la neutralidad, texturas, aplicaciones, pequeños cambios que hacen que un modelo no pase desapercibido”. Después de años de pausas y cierres, el presente se siente distinto para Cabrera. La tienda volvió a abrir, las clientas regresaron y poco a poco recupera visibilidad.

Y mientras algunas ideas se reconstruyen, otras simplemente aparecen. Marea nació de una amistad, un viaje y una decisión que no estaba en el plan. Detrás están Milena Sansa (26) y Andrea Roche (25). Son guayaquileñas, psicólogas clínicas y se conocieron en la universidad en la pandemia. Se juntaban para realizar trabajos, tareas y entre esas conversaciones surgió la intención de hacer algo juntas. No sabían exactamente qué, pero sí que debía tener sentido para ambas.
Tenían en mente importar accesorios hasta que en una ocasión viajaron juntas a la Sierra ecuatoriana. Recorrieron puestos, espacios artesanales y se encontraron con ideas más aterrizadas de lo que buscaban, así que eligieron el cuero como base de sus diseños. Anhelaban crear piezas que duren y que acompañen el día a día. Así, en abril de 2025, lanzaron oficialmente su emprendimiento.
Lee también: ¿Tienes tu armario lleno y sientes que no tienes nada que usar?
Desde el inicio, los bolsos de Marea se pensaron para ser flexibles sin que pierdan un estilo sofisticado. Las primeras cinco carteras funcionaron como una especie de mapa para entender si se conectaba con quien las usaba, explican sus fundadoras. De esa primera colección salió uno de sus modelos que con el tiempo se convirtió en su bestseller, Olivia. Son piezas amplias, versátiles y pensadas para acompañar distintos momentos del día.
Para ellas, invertir en un material duradero es lo que realmente importa. Cada cartera toma entre dos y tres semanas en fabricarse y pasa por un proceso que, en gran parte, es manual. Trabajan con distintos artesanos del país y priorizan acabados, costuras y estructuras. Son esos detalles, aseguran, los que definen la pieza.


En su proceso creativo, la marca se alimenta de referencias externas, especialmente de la moda europea. Manejan líneas limpias, colores llamativos como el vino, verde oliva o terracota y una estética que ellas describen como “lujo silencioso”. En poco más de un año, desarrollaron tres colecciones —Serena, Gaia y The Root—. Hoy, su foco está en evolucionar sus modelos existentes, explorar nuevas proporciones y responder a una clientela que prefiere opciones cada vez más adaptables. (I)