Cortesía Urbe.
Cortesía Urbe. Fotografía: Paola Vásquez.

Urbe no empezó como una casa de moda. Era una fábrica de indumentaria. Durante 14 años, la empresa familiar, a la que pertenece Carla Fuentes, se dedicaba a la confección para terceros, trabajando bajo el modelo de marca blanca. Diseñaban, desarrollaban y producían prendas que luego otras etiquetas llevaban al mercado. Su conocimiento de la industria textil fue la base para emprender en su propuesta. 

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El proyecto empezó cuando Fuentes regresó de Buenos Aires, donde estudió diseño, estilismo y fotografía de moda. Su formación, enfocada en sostenibilidad, le hizo ver en Ecuador una oportunidad para crear algo propio. 

“No quería competir como diseñadora de autor ni replicar lo que ya hacíamos como industria. Había que encontrar un punto medio”. 

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Cortesía Urbe. Fotografía: Paula Vásquez. 
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Cortesía Urbe. Fotografía: Paula Vásquez. 

Esta es una marca que transitó de un mercado masivo a uno de nicho. Sin embargo, no dejó del todo su origen industrial. Mantuvieron la lógica del ready to wear, pero replantearon los tiempos, los materiales y la escala de producción. Hoy trabajan con microlotes: colecciones de aproximadamente 20 looks, con 12 a 34 piezas por diseño, que se renuevan cada tres meses.

Este ritmo “más pausado”, dice Fuentes, les permite pensar mejor cada idea. El concepto se centra en básicos atemporales, versátiles, que pueden usarse tanto en el día a día como en ocasiones más formales. 

“No queremos ropa que se use una sola vez. Queremos piezas que acompañen”. 

La firma trabaja principalmente con fibras naturales y biodegradables como algodón, lino y lyocell, además de explorar textiles biosintéticos derivados de plantas que requieren menos agua y energía en su fabricación. También han usado telas de cáñamo o mezclas con fibra de piña. Fuentes asegura que hay una intención de replantear de nuevo qué significa sostenibilidad en la moda. Según la fundadora, se necesita entender toda la cadena, que va desde las condiciones de creación hasta el impacto en el cuerpo y a eso se suma el uso de materiales orgánicos. 

“Importa lo que desechamos, pero también lo que vestimos todos los días”.

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Cortesía Urbe. Fotografía: Paula Vásquez. 
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Cortesía Urbe. Fotografía: Paula Vásquez. 

Por eso, Urbe propone una relación distinta con lo que vestimos. Prendas que no necesitan ser reemplazadas constantemente y requieren cuidado. Una costumbre que se acerca a las de generaciones anteriores, donde la ropa se mantenía y se valoraba.

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En cuanto a diseño, la marca evita los experimentos. Su lenguaje es más bien funcional, con intención estética. Siluetas relajadas, tonos neutros y cortes que favorecen distintos tipos de cuerpo definen la línea. Entre sus piezas más reconocibles están el pantalón palazzo del set Linaza de lyocell y el set Sauco, un chaleco con pantalón sastrero de basta ancha. Ambas se repiten colección tras colección en distintos colores. 

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Cortesía Urbe. Fotografía: Paula Vásquez. 
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Cortesía Urbe. Fotografía: Paula Vásquez. 

Antes de tener tienda física, Urbe fue un sello itinerante que participaba en ferias en Quito, Cuenca y otras ciudades. Ser nómadas les permitió darse a conocer y entender de primera mano qué buscan las personas. Hoy, aunque cuentan con un local en Cumbayá y presencia en The Designer Society, las ferias son una parte fundamental de su estrategia y un espacio de conversación. 

“Ahí puedes explicar quién eres, cómo haces las prendas, por qué cuestan lo que cuestan. Hay una conexión que no se logra de otra forma”. 

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La marca vende a un público que busca algo más que tendencia, explica esta diseñadora. Son personas interesadas en calidad, comodidad y procesos más responsables, sin caer en precios inaccesibles. “Intentamos romper con la idea de que lo sostenible es sinónimo de lujo”. A largo plazo, Urbe busca dejar de ser solo una línea dentro de la empresa y transformarse en el eje principal. “Seguir creciendo, explorar nuevos materiales y consolidar una comunidad que entienda el valor detrás de cada prenda”. 

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Cortesía Urbe. Fotografía: Paula Vásquez. 
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Cortesía Urbe. Fotografía: Paula Vásquez. 

Fuentes concluye que intentan equilibrar la industria y sus formas demuestran que existe otra manera de hacer una moda más honesta. (I)