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Hay marcas que nacen de sentimientos, de anécdotas y de recuerdos. Panteras Mambo tiene un poco de todo, pero su esencia está en la comunidad que construyó desde hace más de una década en Facebook. Cuando le pregunto a Andrés Salazar —quiteño y creador de la marca— de dónde surgió su interés por la moda, no hay una sola respuesta. Tal vez el origen se encuentra en su infancia, moldeada por el gusto de su madre; o en la influencia marcada del streetwear y la estética de los noventa. 

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Más adelante, mientras estudiaba diseño gráfico, esa afinidad renació al asistir a clases de serigrafía y diseño de producto. “Llegué a apreciar mucho más la indumentaria porque es algo que te acompaña todos los días. Es una forma de conexión personal y colectiva. A veces, incluso, es una excusa para encontrarte”. 

Cortesía - MAMBO
Cortesía MAMBO.

Sus compañeros de carrera que veían los dibujos originales que realizaba Salazar, lo animaron a llevar estas ideas al textil. Así empezó el proyecto en 2015. Entre trabajos freelance, este quiteño realizaba pequeños lanzamientos sin intención comercial, pero que generaban conversación. Regalaba las piezas a sus amigos y conocidos para conocer sus comentarios. Pronto llegaron los pedidos y Facebook —que en ese momento era una de las pocas redes que tenía una característica de e-commerce— se convirtió en su aliado para vender y, sobre todo, para consolidar una comunidad.

El nombre Panteras Mambo surgió de la experimentación junto a su socio de entonces. Hoy, Salazar reconoce que esa elección terminó cobrando un sentido pleno. “El instinto de la pantera representa las fuerzas irracionales del ser humano. En cambio, el mambo es el movimiento de nuestros días. Esa dualidad me sirve para explorar colecciones, historias y esa figura del explorador urbano, alguien que vive experiencias tanto en la ciudad como al aire libre”.

Cortesía - MAMBO
Cortesía MAMBO.

En 2021, una de sus piezas, un buzo con formas orgánicas llamado Organic Crewneck, se convirtió en un punto de inflexión para la marca. El alto número de pedidos lo motivó a tomarse con mayor seriedad y a trabajar bajo el modelo de pre-order. Al año siguiente, sus piezas ingresaron a una concept store en Quito, donde, junto a la dueña, pudo darle estructura y dirección al proyecto. 

“Los cinco años previos fueron un calentamiento. No sabía dónde estaba parado ni cómo hacerlo. No había idea de marketing, ni de estructura, ni de distribución”.

Con ese trabajo llegaron a la par las colecciones. Una por año, cada una inspirada en reflexiones del propio Salazar sobre el ser humano, la comunidad y el entorno. Aunque tenía otra formación universitaria, se adentró en el mundo de la moda. Aprendió, con su cuaderno en mano, de modistas y sastres del Centro Histórico de Quito, sobre las bases del patronaje, la costura y la producción artesanal. Asimismo, mantuvo su trabajo con la serigrafía, ese arte que lo conectó en un principio con este mundo. 

Cortesía - MAMBO
Cortesía MAMBO.

Su primera colección, State of mind, body & soul, presentada en plena pandemia, narraba a modo de fábula la historia de una civilización en el desierto que se encuentra con la imagen de una pantera negra. Con siete looks y una paleta cromática de tomates, beiges y verdes, se mantuvo la esencia del uso cotidiano. Le siguieron Instinto y Ritmo, Matices trascendentales y A quiet place, cada una explorando temas sobre la condición humana y las transiciones personales. 

En el plano textil, Salazar apostó por fibras naturales como lino, algodón y cáñamo.

Su más reciente propuesta, La arquitectura del cuerpo, representa la madurez de la marca. “Ahora tenemos claro el camino que queremos seguir. Estos 12 looks nos definen mucho más”. La colección entiende al diseño como una construcción viva, donde cada tejido, textura y forma responden al ritmo del movimiento humano.

 Juega con tonos verdes, azules, beiges y amarillos. Al mismo tiempo, trabaja con biotextiles, como el almidón de yuca, en colaboración con el laboratorio de la Universidad San Francisco de Quito.

Cortesía - MAMBO
Cortesía MAMBO.

Además de su página web, Panteras Mambo cuenta con un punto de venta en la tienda Olga Fisch Folklore, en Quito; y a mediados de este año sus creaciones llegarán a Los Ángeles, Estados Unidos. Un 30 % de sus compras son del exterior, en especial de Estados Unidos. Detrás de cada colección hay un equipo de más de 10 artesanos especializados en distintas piezas y accesorios.

Mientras habla, queda claro que Panteras Mambo no nació del deseo de vender moda, sino de entender cómo la ropa puede acompañar los cambios internos de quien la usa. (I)