Elegir el vestido de graduación puede tomar meses. Hay pruebas, referencias guardadas, conversaciones eternas con amigas y cambios de opinión a última hora. Para muchas chicas, encontrarlo es una de las decisiones más importantes de esta etapa porque esa noche quedará en fotos, videos y recuerdos para siempre. Y aunque las tendencias cambian cada año, todas quieren verse espectaculares.
En la actualidad, ya no buscan opciones imposibles de usar o diseños demasiado rígidos. La prioridad cambió y ahora quieren bailar, disfrutar, sentirse seguras y reflejarse en lo que llevan puesto. Las siluetas se suavizan, las telas son más ligeras y los detalles exagerados empiezan a convivir con propuestas minimalistas, limpias y modernas. Harper’s BAZAAR Ecuador conversó con tres expertas que analizan cómo cambian las tendencias de graduación y qué se busca hoy.
Para la diseñadora Isabella Salvador, el cambio evidente está en la construcción del vestido. “La gente era mucho de bordado a mano. Ahora menos es más. La caída de la tela y cómo arma hablan muchísimo más que un exceso de detalles”. Las graduadas mantienen una línea clásica en cuanto a color, especialmente en Guayaquil o en la Costa, donde el protocolo de las instituciones todavía pesa. Los blancos, marfiles y tonos perla aún dominan. Sin embargo, el blanco puro y brillante pierde fuerza frente a matices más cálidos y sofisticados.
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Incluso así, algunas jóvenes empiezan a romper las reglas tradicionales. Cada vez hay más colegios, sobre todo en la Sierra, que permiten el uso de otros colores y eso abrió la puerta a propuestas más atrevidas con tonos celestes, rojos fresa, verdes oliva y azules petróleo. María José Ramírez, fundadora del Ropero de Oli, asegura que la influencia de la moda española impulsa una estética relajada y elegante para este tipo de eventos.
“No necesita ser tan pomposa ni llena de brillos. Es más sobria y más versátil”.
Las protagonistas no buscan una pieza imposible de volver a usar. Se inclinan por prendas funcionales, cómodas y con movimiento. Ahora, lo cierto es que las nuevas generaciones buscan vestidos que puedan reutilizarse. Conjuntos, tops y piezas separadas empiezan a ganar espacio frente al modelo tradicional. “Las mujeres quieren sentirse lindas, pero desean volver a usar la prenda —explica Ramírez—. Lo más importante es que la mujer se sienta relajada con lo que está usando. Por más hermoso que sea el vestido, si no se siente bien, eso no va a lucir”.
En ese sentido, las telas juegan un papel importante. La seda y sus versiones más ligeras son el referente. Las gasas, tules suaves y tejidos fluidos ayudan a crear siluetas naturales. Por lo que atrás quedan las propuestas demasiado rígidas o pesadas. Para la diseñadora Milu Espinoza, la pandemia cambió completamente la relación con la moda de graduación. Las adolescentes empezaron a inclinarse por prendas más minimalistas, tipo slip dresses. “Se fueron muchísimo hacia el lado de looks en seda sueltos. Muchas veces lo hacían porque eran tendencia y no porque realmente representaba su personalidad”. Sin embargo, para ella, este año el maximalismo empieza a regresar: flecos, pedrería 3D, cadenas, volumen y texturas aparecen en los diseños.
“Están buscando ser únicas otra vez. Quieren algo que no tenga nadie”.
En cuanto a siluetas, las corrientes actuales favorecen líneas limpias. El clásico corte princesa prácticamente desapareció. Las faldas voluminosas y las estructuras exageradas dieron paso a diseños ligeros que estilizan y no limitan el movimiento. “Ya no buscan el estilo apretado. Quieren vestidos etéreos, con soltura”. Asimismo, los escotes en la espalda son uno de los recursos más repetidos. También aparecen cortes a la altura de la pierna, cuellos halter y escotes en V que alargan visualmente la figura. Salvador coincide en que la espalda es uno de los focos más importantes del diseño.
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Por su parte, los corsés son el boom. Además de ser estéticos, ayudan a definir la figura y aportan estructura con flexibilidad. “Los corsés estilizan muchísimo y se ven diferentes”, manifiesta Salvador, quien recomiendan dejar de copiar ideas de Pinterest sin considerar las proporciones y la personalidad. “El error más grande es no dejarte asesorar. Hay chicas que ven algo en TikTok y quieren exactamente eso, pero todas tenemos cuerpos diferentes".
La diseñadora explica que muchas veces un vestido hermoso puede jugar en contra si no está pensado para la persona que lo usa. “Cuando te sientes sofocada, automáticamente pierdes seguridad y eso se nota”. Por eso, todas aseguran que la comodidad es un requisito indispensable. Las graduadas quieren bailar, caminar y disfrutar sin estar pendientes de subir el strapless o llevar una cola imposible. “De nada sirve verte divina si no puedes disfrutar la fiesta. La funcionalidad es importantísima porque incluso los vestidos más sensuales buscan equilibrio”, añade Salvador.
Para no cometer errores, es importante armar un moodboard antes de empezar el proceso y encontrar esos elementos en común. Las tres coinciden en que el vestido ideal es aquel que logra reflejar la personalidad. (I)