Me reuní con ambas por videollamada. Ellas están en Guayaquil y yo, en Quito, así que la pantalla fue nuestro punto de encuentro. Desde los primeros minutos quedó claro que son hermanas, pero además que son muy distintas. Cristina es extrovertida, espontánea y habla con facilidad. Silvia es más seria, mide sus palabras y tiene esa actitud de hermana mayor que parece estar siempre unos pasos adelante.
Ninguna estudió diseño de moda. Silvia se fue por las leyes y Cristina siguió comunicación, publicidad y marketing. En su casa siempre hubo espacio para la creatividad. Su madre pintaba, hacía cuadros y trabajaba con cerámica. Ellas crecieron rodeadas de actividades manuales y desde pequeñas encontraron en crear cosas con las manos una forma de expresarse. Por eso, llevan alrededor de 20 años aprendiendo sobre esta industria desde la práctica.

Silvia fue quien dio el primer paso. Mientras estudiaba en la universidad comenzó a trabajar con una amiga en la elaboración y venta de vestidos. Cristina acababa de terminar el colegio y empezó a ayudarla. Bordaban y pensaban juntas en los modelos.
A principios de los 2000 crearon Poupée, una oferta de prendas de noche hechas a medida. Jugaban con creaciones únicas, bordadas a mano, con pedrería, tul, mallas y otros materiales que les permitían experimentar con las técnicas y los acabados.
El trabajo artesanal fue uno de sus principales puntos a favor y les permitió conocer de cerca a sus consumidoras. Aprendieron sobre telas, cortes y entendieron cómo se comportan distintos cuerpos.
Contenido relacionado: Las chaqueta que importan esta temporada
Durante años atendieron a mujeres que buscaban piezas para matrimonios, fiestas y otros eventos. Veían qué funcionaba, qué no, qué corte favorecía a cada persona y qué ajustes necesitaba una prenda para lograr un buen fit.
En 2019 decidieron abrir una segunda marca. Landa nació con una visión más fresca y casual, con más color y estampados, y con un modelo de negocio distinto. Lo plantearon desde el inicio como un prêt-à-porter, con colecciones y atuendos que podían repetirse.
Administraron los dos conceptos por un tiempo. Pero pocos meses después llegó la pandemia. El contexto cambió las reglas del vestuario. Los matrimonios pasaron de la noche al día, las celebraciones se hicieron más pequeñas y la ropa para ocasiones especiales comenzó a buscar un carácter menos formal. En medio de ese cambio, Landa halló su oportunidad y decidieron cerrar Poupée.

“Los matrimonios cambiaron por las restricciones del Covid-19. La gente buscaba algo más casual, más de día y Landa fue la que más cogió fuerza en ese momento”, cuenta Silvia.
Es así que las hermanas experimentaron con mayor variedad, produjeron más y se acercaron a una clientela mucho más amplia. Hoy la firma busca ser una propuesta ready-to-wear para distintos momentos. Cuentan con prendas para una jornada de trabajo, una boda, un bautizo, una primera comunión, una salida de playa o una noche especial.
“Es un diseño aterrizado al mercado local. Tú puedes entrar a la tienda y encontrar un poco de todo, pero siempre vas a acceder a algo novedoso de calidad”.
Para ellas, seguir tendencias no significa reproducirlas literalmente. Las toman como punto de partida y las adaptan a su propia visión y a las necesidades. “Las seguimos, pero a la vez creamos nuestra propia corriente dentro de la marca”, dice Cristina.
No trabajan con el calendario tradicional de tres o cuatro grandes temporadas al año, y lanzan cápsulas todas las semanas, generalmente de entre ocho y 10 piezas.
Una semana se puede descubrir vestidos y prendas para un evento; la siguiente, nuevos sets, camisas o pantalones. Algunas son básicas y otras tienen estampados o detalles más llamativos.
“Todas las semanas hay algo nuevo”, asegura Cristina.
En ese sentido, los prints son uno de los elementos que más les identifica. No compran telas con diseños ya existentes, más bien desarrollan sus propios patrones y mandan a producir las telas con esas creaciones específicas.
Su inspiración puede aparecer en un cuadro, un paisaje, una combinación de colores, un viaje, un objeto o incluso la decoración de un espacio. Trabajan juntas, discuten las propuestas y tienen la suficiente confianza para decirse directamente cuando algo no les convence.

Cuando hablan de lo que admiran una de la otra, las diferencias vuelven a aparecer. Cristina describe a Silvia como una persona visionaria, muy aterrizada y que tiene la capacidad de convertir una idea en un plan. “Siempre está como a seis, 10 pasos adelantada a la realidad. Si yo quiero sacar algo, ella me dice: ‘No, mira, hagamos esto porque eso va a funcionar’”, reflexiona Cristina.
Silvia, en cambio, destaca la creatividad y el ojo de su hermana. Incluso su obsesión por el fitting. Cristina puede detectar una diferencia mínima y sabe cuándo una pieza necesita un ajuste.
“Es demasiado creativa. Es súper positiva y tiene un ojo increíble. Puede darse cuenta cuando la prenda tiene un milímetro más en un lado y un milímetro menos por abajo”, cuenta Silvia.
Ese conocimiento del cuerpo es una de las fortalezas que ambas reconocen en Landa. Su tabla de medidas fue construida durante años de labor. Por eso cuentan con un archivo propio: cuerpos, medidas, preferencias y aprendizajes. “La moda es increíble, pero no es para todo el mundo. Por eso hacemos este mix”, explica Cristina.
Te puede interesar: 7 estilos de calzado en tendencia
Actualmente cuentan con tiendas en Cumbayá y Samborondón y tienen nuevos planes de expansión local. También quieren llegar a centros comerciales y, eventualmente, vender fuera del país.
“Es una actividad que en verdad disfruto un montón. Conceptualizamos todo en mi casa, tomándonos un café, comiendo. Puedo ser mamá, estar con mis hijos, llevarlos a sus clases de fútbol, pero igual me encanta diseñar”.
Silvia coincide en que todavía queda mucho antes de dar el salto internacional. “Todavía hay un montón de cosas que hacer localmente y de experiencia que ganar”.

Después de tantos años, este universo sigue siendo para ellas una conversación que todavía continúa. Ya no se trata solo de hacer vestidos o de seguir una temporada. Es mirar lo que tienen delante, probar algo nuevo y descubrir juntas hasta dónde puede llegar una idea. Ahora quieren que Landa cruce fronteras. Y, por lo que cuentan, todavía tienen mucho por imaginar. (I)