A los 15 años, cuando dejó su ciudad natal para perseguir un sueño deportivo en Manta (Manabí), Nathaly Quiñónez estaba segura de que su futuro dependía de una pelota naranja y una cancha de básquet. No todos los sueños empiezan igual. Ella tiene claro que cada persona que apareció en su vida aportó algo a lo que es hoy. La moda estaba ahí, silenciosa, en los catálogos de maquillaje que vendía su madre. Pero primero, estuvo el balón, la comunidad del deporte y una resiliencia aprendida en el juego.
Quiñónez nació en Quinindé, en la provincia de Esmeraldas, un lugar que recuerda por el verde intenso, los ríos y la calidez de su gente. Es la segunda de tres hermanos y fue criada solo por su madre. Ella la describe como una mujer de carácter y mucha fuerza, una personalidad que la empujó desde niña. Durante su infancia y adolescencia encontró en el deporte un hogar, por eso lo describe como su primer amor. Su desempeño le permitió ser reconocida por un entrenador que le ofreció una beca para jugar en Manta. Con 15 años, Nathaly se embarcó en uno de sus primeros viajes. El movimiento, poco a poco, empezaría a instalarse como una constante en su vida.
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Tras una lesión de meniscos y dos operaciones, Nathaly regresó a su ciudad natal para seguir su siguiente proyecto: participar en un certamen de belleza. Gracias al apoyo de su familia y a su propia gestión, fue elegida Reina de Quinindé en 2013. Más tarde participó en Miss Ecuador y obtuvo un segundo lugar en el certamen Reina de los Mares y Turismo, realizado en Costa Rica. Ella misma reconoce que fue gracias a esas experiencias que conoció a personas que, sin saberlo, la acercarían a la industria de la moda.
Después de estos concursos, en 2015 decidió radicarse en Guayaquil sin un plan definido. Primero consiguió trabajo en el Hospital Teodoro Maldonado Carbo, en el área de atención al afiliado, y al mismo tiempo empezó a estudiar Comunicación Social. Fue en esta temporada que llegó a una agencia de modelos, donde le pidieron un book profesional. “Yo no sabía qué era eso. Tuve que preguntar y me recomendaron a un fotógrafo. Él me conoció y me dijo:
“Voy a hacerte las fotos, no te voy a cobrar, yo te voy a hacer famosa”.
Después de la publicación de esas imágenes, Quiñónez empezó a ganar visibilidad. La llamaban para audiciones, editoriales y campañas en Guayaquil y en Quito. El trabajo fue tan constante que decidió dejar el hospital para dedicarse por completo al modelaje. Durante las dos horas de conversación con ella, queda claro que su empeño fue el jugador estrella en este partido que se conoce como vida. La manera en que busca oportunidades, cómo se lanza sin titubear, cómo sabe reconocer cuándo es momento de moverse.
Su primer salto internacional llegó en 2017, con un viaje a Argentina que, aunque no estaba planeado como una mudanza, terminó siendo una estadía de seis meses tras firmar con la agencia EP Booker. Viajó a Uruguay, hizo más editoriales y conoció de primera mano la industria de la moda. En sus palabras, ese país fue su primera escuela. Allí aprendió a vestirse para los castings y a entender mejor el negocio. Como no podía permanecer más tiempo de forma legal, regresó a Ecuador, pero esta vez con un book mucho más sólido, lo que le permitió acceder a mejores trabajos y lanzar sus talleres de fotoexpresión.
Poco después viajó a España por su pareja de entonces y, en Barcelona, logró que…
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