En moda solemos buscar la historia detrás de cada pieza. Nos preguntamos qué quiere contar, qué imaginó quien la diseñó o qué la inspiró. Pero, ¿puede una prenda tener también un soundtrack propio? Para Magaly Fontalvo, la respuesta es sí. Kawit, su marca de ropa quiteña, suena a salsa, a ritmos tropicales que atraviesan Latinoamérica. Si pudiera elegir una sola canción, diría que su marca se escucha como: Qué bueno baila usted, de Óscar D'León.
Fontalvo, de 33 años, nunca imaginó que se desarrollaría profesionalmente en este campo. Quiteña, hija de padres colombianos, es la menor de tres hermanos. En la universidad estudió ingeniería en petróleos, atraída por la posibilidad de viajar y trabajar más allá del ambiente de oficina. Sin embargo, cuando tuvo sus primeras experiencias laborales, se dio cuenta de la dureza del rubro. “Tienes que sacrificar muchas cosas. Los horarios son fuertes: 21 días de trabajo y siete de descanso”. Ahí la salsa entró como un espacio seguro. Empezó a practicarla durante la universidad e incluso participó en competiciones.

Siguió esa dinámica hasta que llegó la pandemia del Covid-19. Se contagió durante los primeros meses y el confinamiento afectó mucho a su salud emocional. “Estaba frustrada por estar encerrada en mi cuarto. Pasé dos meses así”. En medio de esa pausa forzada, decidió apostar por crear su propio proyecto, investigar y aprovechar al máximo el tiempo libre que tenía.
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La clave, para ella, estuvo en encontrar una tela que la diferenciara. No apareció al azar: fue el resultado de un rastreo de proveedores y varias pruebas. Fontalvo terminó enamorándose de una gamuza ligera traída de Colombia, de tacto similar a la piel de un durazno, que pronto se convirtió en el punto de partida de sus primeras creaciones. Kawit —un nombre tomado de la historia egipcia— empezó a sonar a su propio ritmo, mientras ella mantenía su trabajo en la industria petrolera.

A finales de 2020 lanzó un primer drop: ocho piezas, entre blusas y vestidos fluidos pensados para la vida en casa. No era todavía una colección en un sentido estricto, pero sí una declaración de lo que quería construir. “En esos inicios enfoqué a la marca para que brinde opciones cómodas, pero que se vean bien. Algo que nos ayudó es que las personas querían apostar por el consumo local”.
Inició junto a su madre y tres personas que la ayudaron en el patronaje y la producción. Sus ventas comenzaron a través de redes sociales y luego pasaron a una página web. Trabajó de esta manera durante dos años hasta que llegó un punto de inflexión. Quería expandirse a otros mercados internacionales, por lo que aplicó a una feria en Estados Unidos. “En ese proceso de selección tuve una entrevista en la cual me dijeron que tenía que llevar mi marca a otro nivel. No tenía ningún diferencial. Me decían que mis piezas eran buenas, pero que las podían encontrar en otras tiendas de retail. Me marcó bastante, me hizo regresar a ver y preguntarme qué quiero transmitir”.

Esa conversación la obligó a mirar hacia adentro: a la salsa que escuchaba a diario, a las raíces caribeñas de sus padres y al entorno que siempre la había acompañado. Así nació, a finales de 2022, Tropical, su primera colección conectada directamente con ese lado más personal. Incluyó ocho prendas inspiradas en la fauna, la flora y los paisajes del país. Con colores llamativos, cortes que recordaban a pétalos y detalles como la tagua, Kawit buscó crear una conexión más clara con el territorio.
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La respuesta fue positiva, tanto de clientas locales como de nuevos públicos. Por eso, su siguiente colección, Raíces, profundizó en esta búsqueda mediante un trabajo más elaborado de estampados inspirados en las regiones del país y desarrollados junto a una artista cuencana. Incluyó vestidos de cortes asimétricos que destacaban por ilustraciones de selvas, tortugas y tucanes en tonos pastel y otros más vibrantes. En 2025, lanzó Guaguancó, un guiño directo a esa pasión por la música.


Su última colección es un tributo a Ismael Rivera, artista puertorriqueño conocido como Maelo o “El Sonero Mayor”, figura icónica de la salsa y una de las grandes leyendas del género. “Siento que su música me transforma, como que me lleva a otros lugares y eso traté de hacer en mis creaciones”. Su proceso creativo arranca siempre con una chispa emocional: una canción, una región del país o una imagen del archivo familiar. Desde ahí arma moodboards, cruza referencias de pasarela, revisa paletas de color y afina la historia que quiere contar. La música no funciona como un simple acompañamiento de fondo, para ella marca el tiempo de cada propuesta. Hay estampados que nacen de un cha-cha-chá más romántico; otros responden a salsas más veloces, pensadas para prendas que piden movimiento.
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Ese lenguaje le dio a Kawit alcance internacional. La marca ha participado en eventos y ferias en Colombia y Panamá. El año anterior estuvo durante cinco meses en una concept store en Perú y, desde hace más de dos años, tiene presencia en Miami a través de la tienda Origen. Fontalvo explica a Harper's BAZAAR Ecuador que ha tenido una buena acogida y envía nuevas piezas cada cuatro o cinco meses.

Hoy, siente que tiene dos vidas: la de ingeniera y la de diseñadora. “Me di cuenta que estoy inmersa en las dos industrias que más contaminan. Tal vez en la primera, al ser tan grande, no puedo poner mi granito de arena, pero sí puedo hacerlo con mi marca”. Por esta razón, con los restos textiles de sus producciones realiza otras piezas como cartucheras o pañuelos.
Lo que empezó como una búsqueda de comodidad hoy es un universo musical propio. Fontalvo define el estilo de Kawit como alegre, colorido, lleno de estampados y con mucha personalidad. “Está pensado para que quien lo use se sienta empoderada, como si llevara algo distinto, único, que grita: ‘Oye, soy ecuatoriana’”. Esa energía es la que lleva a cada colección: prendas que suben el volumen interno, que invitan a ocupar espacio, a moverse y, por supuesto, a bailar. (I)
*Créditos
Modelo: Dis Management. Booker: Pietro Polit. Peinado y maquillaje: Aracely Chicaiza. Ropa: Kawit. Calzado: Kawit y Nora Lozza.