El denim es resistente y tiene una capacidad única de transformarse. Es una tela versátil que se adapta a estructuras rígidas o a siluetas suaves y fluidas. También es una de las más exigentes dentro de la industria. Requiere un trabajo minucioso en su elaboración y tiene procesos que pueden ser altamente contaminantes. De acuerdo con el Programa para el Medio Ambiente de la ONU, para hacer un jean se necesitan 3.781 litros de agua y se emiten 33,4 kilogramos de carbono, lo que equivale a conducir 111 kilómetros o ver 246 horas de televisión. Por eso, su evolución pasa por la innovación en técnicas que mantengan su esencia y reduzcan su impacto ambiental.

En ese contexto, Bleu Cour nace para ser parte de esa reinterpretación. Esta es una marca ecuatoriana que encontró en el denim un lenguaje completo para contar historias y proponer nuevas formas de vestir. Detrás de la firma están Stephanie y su hermana Cristina Carrillo, las dos de 34 años, quienes crecieron entre telas, bodegas y conversaciones sobre la producción textil. Su historia comenzó en una empresa familiar dedicada a la comercialización de este material.
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Stephanie complementó su formación en marketing fuera del país, en Chile y España, ampliando su mirada sobre este mercado. “En la maestría supe que no quería hacer una marca más. Me dijeron que busque un problema real y que lo resuelva desde lo que me gusta”. Mientras finalizaba sus estudios, Cristina, economista, avanzaba en paralelo y levantó un taller de confección. Ella entendía los tiempos, los errores y el potencial de producir localmente. Sus visiones le dieron estructura a Bleu Cour. Las hermanas se dieron cuenta de la gran cantidad de residuos que se generaban y vieron la oportunidad de aprovechar esos retazos y convertirlos en la base de su idea.


“Bleu” hace referencia al azul del denim y “Cour” se eligió por su sonoridad en francés, más que por su significado original. Sin embargo, más importante que el nombre es el símbolo de la marca, que abarca la sostenibilidad, la producción responsable, la inclusión y el respeto por las personas. Su concepto es 100 % upcycling, una práctica que toma los sobrantes para crear nuevas piezas con valor. A esto se suma la selección de tencel, lyocell o algodón reciclado, fibras que requieren menos agua y reducen el impacto ambiental. Además, incorporan técnicas láser que reemplazan químicos agresivos.
Pensar en denim suele trasladarnos al jean. Bleu Cour rompió esa idea desde su primera colección. Vestidos, blusas, faldas y conjuntos completos evidencian la versatilidad de un material que puede ser sofisticado.
“Muchas clientas descubren, por primera vez, que este material puede adaptarse a figuras más complejas”, dice Stephanie.
Sus fundadoras aseguran que no trabajan bajo el ritmo acelerado de las tendencias, por lo que desarrollan dos colecciones al año. La primera, Ocean Vibes, estuvo inspirada en el efecto de los microplásticos en el océano. Todas las piezas (alrededor de 15 looks ) evitaron el uso de poliéster y optaron por fibras orgánicas y procesos responsables.
La segunda, Latido, fue un manifiesto de inclusión, presentado en un desfile donde participaron personas con diferentes cuerpos, edades y realidades, explica Stephanie. La siguiente —pensada para el próximo Día de la Madre— encuentra su inspiración en las rosas. Según la firma, es una exploración de formas, texturas y simbolismos. Habrá aplicaciones, efectos en el denim y siluetas que evocan pétalos.

“Nosotros apostamos por la trazabilidad como uno de nuestros pilares y en lugar de ocultar a quienes están detrás de cada prenda, los visibilizamos y les damos valor”. Su equipo —diseñador, confeccionistas y colaboradores— forma parte activa del desarrollo. Para estas hermanas, es una propuesta que entiende la moda como un trabajo en comunidad y responde a una preocupación por el auge del fast fashion.
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Hablar de Bleu Cour implica hablar del contexto. La industria textil ecuatoriana atraviesa desafíos complejos como la competencia internacional, precios bajos, contrabando y un mercado que muchas veces prioriza lo inmediato. En ese escenario, asegura Carrillo, construir una marca local con propósito no es sencillo. Sin embargo, para estas socias la respuesta está en competir desde el valor.
Para Stephanie, este proyecto le enseña a liderar, sostener y creer. “La moda puede ser una herramienta para crear empleo y conectar con clientas que valoran el trabajo que existe detrás”. Por eso, para las hermanas Carrillo reconstruir el denim es una experiencia completa. (I)