Vestirse bien no tiene que ver con tener más ropa, sino con entender qué hay en tu clóset. Mirar las prendas desde otro lugar, activar la creatividad y descubrir cuántas formas distintas existen de combinarlas. Cada día es una oportunidad para jugar, mezclar colores, probar siluetas y divertirse al armar un look diferente.
Necesitas saber qué piezas tienes y cuáles pueden convertirse en ese comodín perfecto para repetirlas en distintas ocasiones y hacerlas funcionar según lo que necesites. Incluso desde una mirada más amplia, como señala la Ellen MacArthur Foundation, organización internacional referente en economía circular y moda responsable, “aumentar el número de veces que se usa una prenda reduce la presión sobre los recursos y los impactos negativos. Si su uso se duplicara, las emisiones asociadas serían un 44 % menores”.
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Harper’s BAZAAR Ecuador, junto a la estilista Sophia Palacios, propone una mirada práctica y real sobre el vestir cotidiano. Nacida en Loja, con formación en estilismo de moda, Palacios combina una visión técnica, con una sensibilidad muy cercana al día a día.
Estas son las cinco prendas fundamentales que, bien estilizadas, pueden adaptarse a distintos momentos del día. Desde outfits relajados hasta opciones más formales. Lo esencial está en cómo se combinan y se llevan.
La camisa blanca, el punto de partida de todo
Una de esas prendas que funciona como base y comodín a la vez. Todo depende de cómo se estilice y del contexto. Llevada abierta sobre un top, con un jean recto y mocasines, construye un look relajado y cuidado. El layering de collares suma personalidad y rompe con lo predecible.

En una versión más formal, se lleva por dentro de un pantalón de sastre, con tacones en punta y un blazer que estructura el conjunto. Una fórmula clásica que funciona para el trabajo o para compromisos más elegantes, sin perder frescura.
Para una salida de noche, la camisa cambia completamente de registro, combinada con una minifalda de cuero, mangas arremangadas y sandalias altas, se convierte en la protagonista del look. Pulseras grandes o un collar con un dije de color dan fuerza y contraste al conjunto.
El vestido lencero, más allá de la noche
Su versatilidad va mucho más allá de la noche. Bien estilizado, puede adaptarse a distintos planes y momentos del día sin perder elegancia ni comodidad. Para un look relajado de día, ideal para ir a almorzar con amigas o moverse por la ciudad, funciona con una camiseta por debajo, tenis y una cartera cruzada. Una combinación que le da un aire más casual y lo integra fácilmente al día a día.

En el trabajo, el vestido se puede transformar a un elemento sofisticado. Sumándole un blazer estructurado y un cinturón por encima que marca la silueta. Completado con mocasines de plataforma, el resultado es pulido y funcional.
También puede convertirse en una falda. Basta con sumar un saco tejido por encima y unas botas altas para construir un look perfecto para una cita de noche.
El chaleco de sastrería, cuando deja de ser obvio
No tiene por qué usarse solo de una manera. Cuando se saca de su contexto más clásico, se convierte en una pieza sorprendentemente versátil. Llevado abierto como tercera capa, con un top por debajo, jeans y flats, funciona como ese extra que eleva un look casual sin esfuerzo. Cómodo, relajado y perfecto para un fin de semana en movimiento. Aquí, un collar largo ayuda a alargar visualmente la silueta y a darle intención al conjunto.

También puede llevarse cerrado, como blusa, combinado con una falda midi y tacones. El resultado es más pulido y pensado, ideal para una reunión o un plan que pide un poco más de formalidad, sin caer en lo rígido. En este caso, aretes grandes y pulseras toman protagonismo y equilibran la simplicidad del chaleco.
Cuando se mezcla con pantalones globo, el chaleco vuelve a leerse distinto. El juego de proporciones crea un contraste interesante entre lo estructurado y lo fluido. Unos zapatos en punta afinan la silueta y terminan de ordenar visualmente el look, demostrando que esta prenda también funciona cuando se exploran los volúmenes.
El pantalón de pinzas, cuando se vuelve flexible
Más allá de su origen sastre, bien combinado puede adaptarse a escenarios muy distintos sin perder carácter. Con un saco de cachemira o de lana, tacones y una cartera pequeña, el pantalón se mueve en una clave más cuidada y sofisticada. Un look equilibrado, cómodo y pensado para planes que requieren un punto extra de elegancia, pero que se siente fácil.

Por la noche, cambia completamente de energía. Llevado con un top tipo corset, sandalias y una cartera cruzada, se vuelve más audaz y actual. Aquí, los anillos y las pulseras acentúan el contraste entre lo sastre y lo sensual. También funciona en versión viaje. Con una camiseta negra, un abrigo largo y unos tenis, el pantalón de pinzas se convierte en una opción práctica y estilizada para moverse con comodidad.
La camiseta café oscura, el nuevo neutro
Funciona como un neutro más profundo y menos obvio que el negro. Fácil de combinar, suma calidez y carácter incluso en los looks más simples. Con un jean oversized, una chaqueta de cuero y botines altos, se convierte en la base de un look urbano y relajado, con ese equilibrio entre comodidad y actitud que funciona perfecto para el día a día.

Llevada con una minifalda satinada, sandalias y una cartera pequeña, la camiseta cambia de contexto sin esfuerzo. Para el trabajo, funciona combinada con un blazer, un pantalón de sastre y unos mocasines. Los accesorios delicados en tonos plateados terminan de afinar el conjunto, manteniendo una estética sobria y cuidada. (I)