Portada

El arte y la convicción de María Susana

Una mujer que no le teme a salirse del molde. Generosa y en constante movimiento. Su vida va más allá de la belleza física: forma parte de un legado que construye para la sociedad y para su hijo. No duda en empezar de nuevo, en emprender y en dar la batalla cuando hace falta. Su motor es Dios, su familia y esas ganas de cambiar el statu quo. Así es esta historia sin corona.

Por Daniela Segovia Velasteguí

Fotografía: Daniel Queirolo. —

El punto de partida de esta historia es ver a María Susana Rivadeneira, a quien todos llaman normalmente por su primer nombre, con dos velas decorativas. Una en cada mano. No podía perder la oportunidad de regresar a Cuenca con estas obras de arte que se comercializan en el Centro Histórico de Quito. En medio del maquillaje recordó la anécdota de cómo viajó en avión, por primera vez, con estas velas. Una llegó rota, pero lo hizo. Un ejemplo más de que cuando María se propone algo, lo cumple con una determinación que ha sido transversal en su vida.

Esta portada tuvo lugar en el Teatro Bolívar, un espacio que es testigo del paso del tiempo. Las marcas en las paredes representan la resiliencia que caracteriza a esta sociedad, y no había un mejor lugar para capturar las múltiples facetas de una mujer que llevó su rostro a las pantallas de todos los ecuatorianos. ¿Quién no la conoce? ¿Quién no la ha visto en la televisión o en campañas publicitarias? ¿Quién no recuerda su paso por los concursos de belleza? Esta quiteña construye un legado que no deja de sorprender y ha tenido giros inesperados. Apenas llegó, saludó con todo el equipo y comenzamos a trabajar. “Me quedé pensando en la entrevista —que tuvimos unas semanas atrás— y lo que me hace sentir poderosa es llevar conmigo todos los días mi detente”, dice María, antes de iniciar con la sesión de fotos. Fue un comentario que liberó la tensión de todos y, después de unas risas, las fotografías comenzaron a aparecer en la computadora. El común denominador: el poder de su mirada. No solo son sus brazaletes o la ropa que usa, María tiene una fuerza incalculable en cada gesto, en cada movimiento.

Vestido: LIUJO. Fotografía: Daniel Queirolo.
Vestido: LIUJO. Fotografía: Daniel Queirolo.

Su historia la convirtió en una mujer decidida e independiente. Fue construyendo esos rasgos desde muy pequeña. A los seis años sus padres se separaron y ella dejó su ciudad natal para vivir en Guayaquil. Después de un par de años, su madre decidió abrir una mueblería en Santiago de Chile y se mudaron por ocho años. A su regreso, el Puerto Principal fue su hogar y por eso se siente más identificada con ser guayaquileña; gran parte de su vida transcurrió en aquel lugar. Esos movimientos fueron positivos porque es una persona despegada, no se aferra a las cosas. Nunca se complica por los cambios, lo que ha enriquecido su personalidad y su forma de ver la vida. María destaca el lado positivo: tiene amigos “por todos lados”. Se graduó del colegio e ingresó a estudiar arquitectura en la universidad. Tiene un linaje importante en esta rama y ella quería seguir el legado de su papá y de sus hermanos. Lo intentó por dos años, pero se dio cuenta de que no era lo suyo. 

“Soy una arquitecta frustrada, en el buen sentido —dice, entre risas—. En ese momento, no había muchas opciones y el arte siempre me llamaba”.

Ingresó, después de conversar con su padre, en una universidad para estudiar artes visuales. Con las reformas educativas de ese entonces, cerraron aquella institución y ella decidió estudiar inglés, por un año, en Estados Unidos. Ese paso significó abrir la puerta a un mundo desconocido que la esperaba. “Acompañé a mi tía, la hermana menor de mi mamá, a una agencia de modelos para que su hija participara en una audición para bebés. Ahí estaba el booker y se acercó. Me preguntó de dónde era y me propuso que hiciera unas fotos”. María recuerda haberle pedido tiempo para pensar. Cuando llegó a su casa, tenía como tres mensajes en la grabadora, insistiendo en que formara parte de este mundo. Tenía 19 años cuando aceptó y puso ciertos lineamientos sobre el tipo de material que iba a realizar. “Tienes que entrar con la cabeza clara porque es un universo que te puede jugar una mala pasada. Nunca lo contemplé y, al poco tiempo, me salió una portada en Glamour. Lo hice el tiempo que duró y lo mejor que pude”. Fue una experiencia espectacular, según su relato, que la llevó a Milán, Italia, por unos meses. 

Vestido: MN Studio. Joyas: Guillermo Vazquez. Fotografía: Daniel Queirolo.
Vestido: María Daniela Díaz. Joyas: Guillermo Vazquez. Fotografía: Daniel Queirolo.

Vivía en un departamento de modelos y cumplió con esa etapa. Ahora, en retrospectiva, asegura que, si lo hubiera querido, habría sido un excelente camino. Pero ella necesitaba más. Le interesaban otras cosas, quería vincularse con el arte y con su comunidad. “Fue mi papá quien me inculcó el arte. Nos sentaba frente a un bodegón y pintábamos juntos: mis hermanos, él y yo”. La universidad ya no fue un plan, decidió irse por algo más práctico. Enseñaba arte a un grupo de niños en su casa. Durante su tiempo en el extranjero aprovechó para seguir algunos cursos y quería ponerlos en práctica. Así comenzó a pintar. En 2003, expuso por primera vez sola en el Museo Municipal de Guayaquil, sobre las mujeres de esa ciudad: Entre ellas y otros relatos. Salía a recorrer las calles, tomaba fotos y conoció historias que la marcaron. Todo empezó muy estético y se volvió más humano. Así, María se involucró en lo que de verdad “movía su corazón” y recordarlo le sacó algunas lágrimas.

En esos años también llegó una de las “experiencias más lindas” de su vida. Se colocó en la cabeza una corona, de un reinado de belleza, que catapultó su nombre en cada rincón de Ecuador. Su cara fue una de las más populares de 2004 y años posteriores. “Fue algo tan bello que hasta ahora me acompaña. La gente tiene un recuerdo honesto y lindo hacia mí. Se acercan con confianza, cariño y respeto”. Ahora no sabe si está de acuerdo o no con estos eventos, de lo que sí está segura es de que su experiencia fue única y la encaminó hacia el trabajo social, el ámbito donde está construyendo su legado. Descubrió su vocación de servicio. No paraba, visitaba los lugares más alejados e inhóspitos de Ecuador.

“La riqueza que nosotros tenemos aquí ningún otro país lo tiene”.

Atuendo y joyas: Adolfo Domínguez. Fotografía: Daniel Queirolo.

A sus 46 años, María sigue tan activa como antes. El mérito es que nunca se desvinculó de este trabajo. En la entrevista, enumera cada una de las fundaciones en las que colaboró por más de una década. Estuvo ligada a la ayuda de niños, personas en condición de calle, mujeres…, siempre articulando a los actores para tener mayor impacto. Esta quiteña es de esos personajes que no esperan, que unen, que conectan. Hasta ahora, desde Cuenca, una ciudad que la acogió desde su matrimonio, se vincula con nuevas propuestas que nacen muchas veces desde la Iglesia católica. “He ido construyendo proyectos y conociendo gente increíble en el camino. Hay ciertas cosas que realmente me despliegan, que tocan mi fibra más profunda. Ahí es donde sé que quiero estar”. 

Set: KOLONAKI. Zapatos: Ferragamo. Joyas: Guillermo Vazquez. Fotografía: Daniel Queirolo.

Ha vivido cerca de 25 años ligada a proyectos sociales y los niños han sido un punto de quiebre. Sin embargo, una de sus banderas que lleva con orgullo es defender la vida desde su concepción. Se considera una activista provida, que defiende con orgullo y no teme decirlo. Si debe ir contracorriente, lo hace. Tiene esa capacidad de hacer muchas cosas al mismo tiempo y hace ocho meses renunció a un banco de alimentos, que construyó en el año de pandemia —con el apoyo de otros voluntarios— e impactó a más de un millón de personas. “La vocación es algo que no escoges, ya está dentro de ti y tienes un foco que seguir”. En medio de la entrevista, salían temas que quizás no muchos conocen. Fue dueña de una galería de arte en Plaza Lagos por cerca de nueve años. Creó su propia marca de ropa y lideró, junto a su hermano, uno de los proyectos que marcaron a la industria de la moda en Ecuador.

Nunca ha trabajado por recursos económicos, sino por convicciones. Así nació Designer Book. Lo recuerda con cariño, pero también como una época agotadora. “Empezó como mi medio de sustento, pero terminó siendo una plataforma para dar espacio a diseñadores, modelos, maquilladores y fotógrafos. Si no hubiera tenido a mi hermano, que me ayudaba a mantener los pies en la tierra, probablemente lo habría convertido en un proyecto social, porque mi impulso siempre fue desarrollar y abrir oportunidades”. La gente a su alrededor le aconsejaba que creara algo con su nombre, que “sacara provecho” de esa popularidad que ganó con el reinado. Lanzó su marca de ropa MSR y no tenía un espacio para exponerla, es así como creó esta pasarela y la primera edición en 2009 se realizó en la antigua cárcel municipal de Guayaquil. Pasaron nueve años antes de cerrar este capítulo, que le dio el conocimiento de una industria que —en palabras de ella— estaba olvidada.

Vestido: Ángeles Tenelema. Abrigo: Desigual. Fotografía: Daniel Queirolo. Aretes: Ranti.
Top: María Daniela Díaz. Pantalón: ETÉREA. Fotografía: Daniel Queirolo.

Esa capacidad de crear desde cero, vincularse con sus pasiones y demostrar que es posible le permitieron comenzar las veces que fueron necesarias.

En la actualidad, lidera una escuela de educación continua vinculada al arte. “La idea es formar seres humanos más empáticos y sensibles, personas capaces de contribuir a una comunidad mejor. El arte es el camino para lograrlo: un espacio de formación que permita cultivar esas sensibilidades”. Un nuevo “hijo” que se complementa con su maternidad, uno de los aspectos más importantes de su vida. “Es necesario tener ese equilibrio, aunque a veces me juegue un poco en contra. Soy muy apasionada con lo que hago y, cuando algo me gusta, realmente me entrego por completo”. 

Atesora la oportunidad que tuvo y es una mamá orgullosa. En la sesión de fotos siempre mencionaba a su pequeño Pablo, de cuatro años. “Un día antes de venir a Quito, mi hijo me decía: ‘Mamá, somos los mejores compañeros’. Y ahí entendí algo: este es el papel más trascendental que tengo en la vida. Para él no soy solo su mamá, soy su compañera de juego, su mejor amiga, quien lo cuida. En ese momento comprendí que la maternidad es una de las cosas más increíbles que existen”. Concebir no fue fácil, tuvo una pérdida antes; ella conoce de cerca la frustración, el dolor y, sobre todo, la gratitud. Son contrapuntos que fortalecen esa personalidad que llena todo un teatro.

Vestido: Ángeles Tenelema. Fotografía: Daniel Queirolo.
Top y falda: Adolfo Domínguez. Botas: JONAK. Fotografía: Daniel Queirolo.

Al final, su manera de entender la vida es simple: cuidarse para tener energía, bailar, moverse, poder sentarse en el piso a jugar con su hijo y levantarse otra vez. El paso del tiempo no le preocupa demasiado. Sabe que los años traen arrugas y canas, pero también experiencia y otra forma de verse a una misma. Si tuviera que definirse en una palabra, dice: “ecuatoriana”, con todo lo que eso implica y con la convicción de que el país todavía puede encontrar calma y hay mucho por dar. Sobre el legado, lo tiene claro: su defensa de la vida. Antes de despedirnos, vuelve a algo que mencionó al inicio. Lleva siempre un pequeño detente, un emblema con la imagen del Sagrado Corazón de Jesús. Dice que le da seguridad. Quizás ahí se resume todo: la fe, la familia y la decisión de aportar desde donde le toque estar. (I) 

Esta nota se publicó en la edición de marzo-abril de Harper's BAZAAR Ecuador. 

Créditos*

Fotógrafo: Daniel Queirolo. Dirección de arte y estilismo: Estefanía Córdova. Modelo: María Susana Rivadeneira. Maquillaje: Alejandro Pineda. Peinado: Valentin Kicelitsa. Diseñadores y marcas: Adolfo Domínguez, Ángeles Tenelema, María Daniela Díaz, Jonak, Kolonaki, Palacio, Bimba y Lola, Desigual, Ranti, Ferragamo, LIUJO y ETÉREA. Joyas: Guillermo Vazquez. Asistente de fotografía: Juan Camaniero. Asistentes de estilismo: Franco Cajina, Aileen Boada y Anghie Figueroa. Multimedia: Distrito Audiovisual. Mobiliario: Kare Ecuador. Agradecimiento especial al Teatro Bolívar.

Consigue la cuarta edición ya a la venta en: