Kate Winslet
Kate Winslet Alexi Lubomirski

Las conversaciones que especulan sobre qué celebridad se ha hecho qué procedimiento son omnipresentes en las redes sociales, donde intervenciones como el “deep plane facelift” o la “blefaroplastia superior” ya forman parte del lenguaje cotidiano. Al mismo tiempo, las inyecciones antiarrugas —como el bótox— se han normalizado por completo. Hoy son el tratamiento estético no quirúrgico más realizado del mundo, con más de nueve millones de personas que se lo aplicaron en 2022.

A medida que nos acostumbramos cada vez más a considerar un rostro liso como la norma —y, por contraste, uno con arrugas como algo “poco atractivo”— resulta sorprendente, y también bastante refrescante, ver surgir un creciente grupo de actrices que prescinden del bótox en la gran pantalla.

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Un ejemplo es Jessie Buckley, protagonista de Hamnet, cuyo control sobre su expresivo rostro la ha convertido en una de las favoritas de la temporada de premios, con un Globo de Oro a Mejor Actriz ya en sus manos y la posibilidad de un Oscar en el horizonte. La actriz de 36 años ha rechazado el bótox  (aunque en el pasado ha hablado de haberse aplicado relleno labial), lo que permitió que su interpretación de una madre en duelo fuera tan poderosa como debía ser: la emoción está en el movimiento del rostro, en el gesto, en las líneas.

jessie buckley pixie cut
Jessie Buckley. Foto: Frazer Harrison. Getty Images.

También está Amanda Seyfried, de 40 años, quien confesó a Vanity Fair que hizo varios sacrificios para su papel como la fundadora del movimiento religioso Shaker del siglo XVIII, en la próxima película The Testament of Ann Lee, entre ellos —de forma notable— dejar el bótox. Parte de la regla de “sin maquillaje” de la directora Mona Fastvold implicaba abandonar las inyecciones antiarrugas durante un año, para lograr una apariencia lo más fiel posible al contexto histórico.

amanda seyfried at the state of the industry and lionsgate presentation as part of cinemacon 2025 held at the colosseum on april 01, 2025 in las vegas, nevada. (photo by gilbert flores/variety via getty images)
Amanda Seyfried. Foto: Gilbert Flores.

De manera similar, Kate Hudson, de 46 años, reveló recientemente que dejó el bótox antes de su papel en Song Sung Blue, ambientada en la década de 1980. “Dejarlo fue una decisión fácil. En los años 80 no existía —explicó—. Y hay que recordar que crecí rodeada de hermanos, así que la vanidad nunca fue algo muy importante para mí. A medida que envejezco, abrazo las arrugas y la experiencia de vida de ser mujer”.

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Algo parecido ocurre en la pantalla pequeña, donde actrices como Clare Danes (46), Keira Knightley (40) y Carrie Coon (44) han sido destacadas precisamente por sus frentes marcadas por líneas de expresión.

Danes, en particular, se ha hecho conocida por su capacidad para interpretar personajes atormentados y estresados al borde de un colapso, algo que sin duda se ve reforzado por la expresividad de su rostro. Un ejemplo reciente fue el thriller de Netflix The Beast in Me, por el que recibió elogios significativos de la crítica. (I)

Este artículo salió originalmente en Harper's BAZAAR Reino Unido.