Llevo despierta menos de 30 segundos y es lo primero que reviso, con los ojos aún adaptándose a la luz del día. 73. 84. 95. Si esos números no te dicen nada, felicidades. Si te resultan familiares, ya lo sabes: son mi puntaje de preparación, mi puntaje de sueño y mi puntaje de actividad, tres métricas que cada vez determinan no solo cómo planifico mi día, sino cómo me siento al respecto antes siquiera de que empiece.
Soy prisionera de mi Oura Ring, aunque voluntaria.
Si mi puntaje de sueño es bajo, se convierte en mi tema principal de conversación. “Dormí pésimo anoche”, le escribo a mi esposo, citando los datos como prueba. (Incluso le compré un anillo para no estar sola en mi obsesión.) Si mi nivel de preparación es alto, avanzo con mi lista de pendientes a velocidad récord. ¿Y si no lo es? Ya estoy negociando un espresso extra antes de poner un pie en el suelo. Trato estos números como si fueran palabra sagrada.
Pero hay una ironía persistente: he pasado la mayor parte de mis 39 años en este planeta perfectamente bien sin un anillo que me diga cómo me siento. Ahora, soy una de las más de 5,5 millones de personas en el mundo que han externalizado su intuición a la misma banda de titanio. Entre Oura, Whoop y Galaxy Ring, hemos entrado en una era en la que ya no confiamos en nuestro propio cansancio. Necesitamos que la app valide el agotamiento que ya sentimos, o peor aún, que nos diga que estamos agotados cuando en realidad nos sentimos bien.
Contenido relacionado: Teresa Valencia: la arquitecta del lujo silencioso
Ha pasado casi un año desde que emprendí este “viaje wearable”. Claro, he tenido un Apple Watch durante años, pero esto se siente distinto. Más íntimo, más obsesivo. He aprendido mucho sobre mí misma gracias a mi anillo: mi hora ideal para dormir, cuándo será mi próximo ciclo menstrual, qué es mi HRV —es decir, la variabilidad de la frecuencia cardíaca— (y qué significa en primer lugar). Incluso ha detectado resfriados inminentes cuando yo estaba convencida de que solo eran alergias. Y aun así, pese a lo útiles que pueden ser estos datos, el flujo constante de información a veces se siente como una sobrecarga.
Me descubro revisando la app con el mismo reflejo pavloviano que normalmente reservo para Instagram. ¿Qué tan estresada estoy en este preciso momento? ¿He cumplido mi objetivo de actividad? Incluso puedo ver las estadísticas de mis amigos a través de una función llamada Circles para compararme. Pero, ¿todo este acceso nos está “optimizando” o solo nos está volviendo más ansiosos?
“Cuando las personas revisan un puntaje de preparación antes siquiera de preguntarse cómo se sienten, puede cambiarlo todo. Nuestros pensamientos, emociones y comportamientos están conectados”, dice la psicóloga Rachel Goldman, experta en estrés y conducta de salud y autora de When life happens, señala que este ritual digital puede convertirse en una forma de autosabotaje. “En lugar de preguntarse ‘¿cómo me siento realmente hoy?’, la gente empieza a depender de un número que les diga si deberían sentirse con energía o cansados. Psicológicamente, eso puede debilitar nuestra capacidad de confiar en nuestras propias señales internas".
Está describiendo un fallo psicológico que los investigadores llaman el “efecto de expectativa”. Resulta que, si una app te dice que dormiste como un zombi, tu cerebro se encargará de que actúes como tal. En un estudio publicado en Cognitive Research, a los participantes se les dio “retroalimentación simulada”: se les dijo que habían dormido mal incluso cuando no era cierto. ¿El resultado? Desempeñaron significativamente peor en pruebas cognitivas. No estaban realmente cansados; simplemente lo creían porque un informe se los dijo.
Existe un término para esta forma específica de obsesión con los datos: ortosomnia. Acuñado en 2017 para describir la búsqueda perfeccionista del “puntaje de sueño perfecto”, desencadena exactamente la respuesta del sistema nervioso simpático —¡ansiedad!— que nos mantiene despiertos en primer lugar. (Oura incluso actualizó su interfaz en 2025 para incluir un “Rest Mode” y mensajes más “compasivos”, específicamente para combatir la ansiedad por los puntajes).
Pero incluso los expertos interesados en estos datos se preocupan por cómo los interpretamos. Hablé con Michael Breus —psicólogo clínico y miembro de la American Academy of Sleep Medicine, más conocido como “The Sleep Doctor”—. Me explica que, si bien los wearables han hecho más visible el sueño, también han convertido el descanso en una competencia de alto riesgo.
¿Su principal objeción? La precisión. Sostiene que los wearables no siempre miden el sueño con la exactitud que creemos; y que tratar los datos de una sola noche como una verdad absoluta es un error. “Se vuelve poco saludable cuando el número se transforma en una especie de marcador moral digital que anula la percepción del propio cuerpo. A todos mis pacientes les digo que miren el final de la semana y detecten tendencias. Las noches individuales no son útiles”.
Tanto Goldman como Breus mencionan un tipo específico de persona que debería tener cuidado con estos dispositivos: quienes se obsesionan con los números, son competitivos y abiertamente perfeccionistas. “Para quienes ya son ansiosos, los datos constantes y las alertas pueden amplificar la preocupación —advierte Breus—. Si notas que estás revisando los números constantemente o dejando que los datos determinen cómo te sientes respecto a tu día, es señal de que el seguimiento puede estar haciendo más daño que bien".

Mi amiga Monica Wang fue una de las primeras personas que conocí en usar un Oura Ring y lo ha llevado durante años. Está profundamente enfocada en la salud y ha construido una audiencia alrededor de sus consejos de bienestar. Para Monica, el anillo es un asistente silencioso. Cuando le pregunto si hay algún aspecto negativo, genuinamente no puede pensar en ninguno. “No me obsesiono con los números. Simplemente los reconozco y ajusto cuando es necesario. Reflexiono sobre mis actividades para ver qué coincidió con buenos resultados y qué pudo haber contribuido a los malos. No tengo demasiadas emociones al respecto". Para ella, un puntaje bajo no es un fracaso moral; es solo una señal de que quizás vivió demasiados momentos de estrés ese día.
Lee más: Las mejores tendencias de 2026
Decido intentar ser más como Monica. Después de todo, tener acceso a datos de salud es un privilegio, especialmente en una era en la que la atención médica —sobre todo la de las mujeres— puede resultar desestimada. Es empoderador tener toda esta información al alcance de la mano y contar con herramientas como Oura Advisor, que incorporó un nuevo modelo de IA capaz de ofrecer información personalizada sobre menstruación, embarazo y menopausia. Aunque las aplicaciones más amplias de la IA siguen siendo controvertidas, este me parece un claro ejemplo de tecnología usada para el bien.
Aun así, entiendo que ni la tecnología más sofisticada puede reemplazar todos los años de experiencia que he acumulado viviendo en mi propio cuerpo. El futuro del bienestar no se trata solo de tener más datos, sino de qué hacemos con ellos fuera de las aplicaciones. Seguiré usando mi anillo y seguiré revisando mis números. Solo me recordaré que, aunque es útil conocer mi HRV y mis ciclos de sueño, mi anillo aún no sabe algo bastante importante: cómo me siento realmente. (I)
Este artículo salió originalmente en Harper's BAZAAR Estados Unidos.