Hace apenas un año, las recomendaciones para frenar el aumento del estrés eran bastante homogéneas: exponerse a la luz natural a primera hora del día, optimizar la rutina de sueño y evitar la dañina luz azul del teléfono. Más recientemente, es el nervio vago el que ha pasado al centro de atención como el eslabón perdido para ayudar a regular el cortisol; ya sea mediante la exposición al frío (como salpicarse el rostro con agua helada) o a través del zumbido, que ayuda a tonificar y estimular este nervio.
Sin embargo, no se trata de la última tendencia de “detox de cortisol” que has visto en TikTok. “El nervio vago no es una moda, un truco ni un atajo hacia la calma. Es tu sexto sentido, el que le indica a tu cerebro si es lo suficientemente seguro como para salir del estado de alerta máxima. Si entrenas ese sentido, todo cambia: cómo manejas el estrés, qué tan rápido te recuperas y qué tan resiliente eres en realidad, no solo en teoría, sino también a nivel biológico”, explica Jane Ollis, bioquímica médica y fundadora de SONA.
Te puede interesar: Los broches viven su gran momento: 8 formas inesperadas de llevarlos
Hoy existe una creciente cantidad de investigación científica que respalda su importancia. No solo los estimuladores del nervio vago avalados por la FDA están irrumpiendo en el mundo del bienestar, sino que la investigación está conectando su papel con la inflamación, la variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV) y el eje intestino-cerebro.
“El nervio vago se sitúa justo en esa intersección como una neurofisiología firmemente integrada”, añade.
“La investigación científica finalmente ha alcanzado la sabiduría ancestral al reconocer que necesitamos desarrollar resiliencia al estrés y que estas señales para reducir sus efectos (y, en términos simples, pisar el freno) se transmiten a través de un nervio vago que funciona correctamente”, agrega el doctor Navaz Habib, experto y autor bestseller de Activate your vagus nerve.
¿Qué es el nervio vago?
“Es un nervio largo que va desde el tronco encefálico hacia el corazón, los pulmones, el intestino y el sistema inmunológico, recopilando silenciosamente información sobre cómo está funcionando el organismo —explica Ollis—. Lo crucial es que es, en su mayoría, una vía de entrada: alrededor del 80 % de sus señales viajan desde el cuerpo hacia el cerebro. El ritmo cardíaco, la profundidad de la respiración, la digestión y la inflamación se convierten en evidencia que el cerebro utiliza para decidir si mantiene al sistema en alerta o si puede relajarse. Cuando las personas hablan de ‘escuchar a tu cuerpo’, este es el canal que está comunicando".

¿Qué papel cumple en relación con el sistema nervioso?
Habib expresa que, en lo que respecta al cortisol, el nervio vago actúa como el director operativo del cuerpo. En momentos de estrés, ayuda a activar el freno del modo simpático de “lucha o huida”, reduciendo la frecuencia cardíaca y enviando señales para que el cuerpo pase al modo de “descanso y digestión”. “Piénsalo como una autopista que transporta información sensorial desde el intestino, el corazón y los pulmones de regreso al cerebro; y luego envía órdenes calmantes a las células inmunitarias en cada órgano para prevenir la sobrecarga crónica de estrés”.
“Un nervio vago que funciona correctamente regula el exceso de cortisol y la liberación de hormonas del estrés, reduce las señales de citoquinas proinflamatorias y restablece el equilibrio entre la corteza prefrontal y la amígdala para lograr calma emocional”. Un nervio vago regulado calma el sistema inmunológico mediante la liberación de una sustancia química llamada acetilcolina.
“Este químico le indica al cuerpo que reduzca las señales de inflamación, que pueden provocar bajo estado de ánimo, ansiedad, confusión mental y fatiga”.
El nervio vago es el medio a través del cual el cuerpo le comunica al cerebro que no estás en peligro. “Cuando la señal vagal es fuerte, la frecuencia cardíaca disminuye, la respiración se profundiza, la digestión se reactiva y los sistemas de reparación vuelven a funcionar. Un sistema nervioso saludable no está en calma todo el tiempo, sino que es receptivo: sabe cuándo activarse y cuándo soltar”.
Por el contrario, un tono vagal bajo te deja en un estado vulnerable, estresado e hipervigilante, sin frenos para desacelerarte, lo que se manifiesta en niveles elevados de cortisol, mayor frecuencia cardíaca y síntomas de ansiedad.
Lee también: Las múltiples pasarelas de Santo
¿Por qué es tan importante para el bienestar mental?
Ambos expertos coinciden en que el nervio vago es fundamental porque el cerebro responde a la evidencia. “Puedes decirte a ti mismo que estás bien, pero si tu respiración es superficial, tu corazón irregular y tu intestino alterado, el nervio vago reporta lo contrario y el cerebro escucha. Cuando las señales de seguridad —como una respiración constante, latidos rítmicos y un sistema digestivo estable— llegan de manera consistente, el cerebro reduce la actividad. La regulación emocional mejora, la recuperación se acelera y la resiliencia deja de ser un rasgo de personalidad para convertirse en un estado fisiológico".

¿Cómo “reiniciar” el nervio vago?
Los llamados “resets del nervio vago” han dominado recientemente el mundo del bienestar; pero se trata menos de remedios para “calmarse” y más de herramientas de recuperación, desde la respiración lenta y prolongada hasta estimuladores específicos. “El nervio vago se activa con mayor fuerza durante la exhalación. Al alargarla mediante suspiros o respiración lenta, el estrés disminuye en tiempo real”, explica Ollis.
También han ganado popularidad diversos dispositivos de estimulación eléctrica del nervio vago para el oído y el cuello —como Nurosym o Sona— que utilizan impulsos de baja intensidad para activar la respuesta parasimpática de “descanso y digestión”. “Estos dispositivos ayudan a cambiar el cuerpo del modo de supervivencia simpático al modo de reparación parasimpático, mejorando la digestión, la inmunidad, el sueño y la regulación emocional”, afirma Habib.
Además, cuentan con respaldo experto. “Los estimuladores del nervio vago (VNS) funcionan de manera demostrable, pero no son una solución mágica. Son una excelente herramienta complementaria en la lucha contra el estrés. Algunos dispositivos cuentan con aprobaciones de la FDA para distintos diagnósticos y han sido ampliamente estudiados. Dispositivos similares no invasivos muestran resultados prometedores en ensayos para mejorar el sueño, el estado de ánimo y la inflamación, al imitar los efectos de la respiración profunda, el zumbido e incluso la meditación en cuestión de minutos al aumentar el tono vagal”, añade Habib, señalando que los resultados varían según la persona.
Si los estimuladores no son una opción, existen alternativas accesibles para todos. La exposición al frío, por ejemplo —como sumergir el rostro o tomar una ducha fría— puede activar instantáneamente el nervio vago. “Esto desencadena el reflejo de inmersión mamífero, aumentando la actividad parasimpática y el tono vagal. No todos deberían practicar la inmersión en frío, pero si lo haces, asegúrate de combinarlo con ejercicios de respiración”, advierte Habib.
El zumbido y hacer gárgaras también resultan efectivos, ya que generan vibraciones en los nervios de la garganta (laringe/faringe). “El nervio atraviesa la garganta y el canal auditivo, por lo que la vibración del zumbido proporciona una estimulación directa y el sistema nervioso responde a esa resonancia”, añade Ollis. La conexión humana también es un factor clave y a menudo olvidado.
“La risa, el contacto visual y sentirse comprendido activan la vía vagal ventral”.
Ya sea que zumbes durante el trayecto al trabajo o elijas uno de los dispositivos más innovadores, centrar la atención en el nervio vago y su enorme influencia puede traer múltiples beneficios para la mente y el cuerpo. (I)
Este artículo salió originalmente en Harper's BAZAAR Reino Unido.