Esto es lo que realmente funciona para cuidar tu piel en la playa
Harper's BAZAAR Ecuador

Cuando el calendario se llena de feriados y el sol empieza a quedarse un poco más, el plan es el mar. Ecuador mira hacia su costa y convierte los fines de semana en escapadas donde la arena, la brisa y el horizonte se juntan. Pueden ser balnearios en Santa Elena, Manabí o Esmeraldas, la condición básica es ir a las que se consideran las playas más hermosas, cercanas y seguras del país. 

Y lo primero que sucede cuando se llega a la zona es ponerse un bloqueador solar y listo; después de eso no hay excusa para empezar la diversión. Las personas más precavidas se lo vuelven a colocar después de un par de horas porque escucharon o tienen la remota idea que, cada dos horas, el protector pierde su efecto. No hay que olvidarse que cualquier quemadura, por más pequeña que sea, significa que la piel sufrió un daño. Así que, al ir a la Costa, lo principal es cuidarse.

¿Qué es lo primero que hay que tomar en cuenta?

De entrada, hay que aceptar que la constante exposición tiene ventajas como desventajas. Si se lo experimenta de forma moderada —hasta 20 minutos por las mañanas— hay suficientes y probadas mejorías en el estado de ánimo, en la disminución de la presión arterial, así como el fortalecimiento del sistema inmunológico.

Además, es la luz solar la que le permite al cuerpo producir vitamina D, que ayuda a que el ser humano absorba calcio y fosfato de los alimentos. Esto sucede a través de un proceso que lo explica la profesora de radiación atmosférica, Ann Webb, en una nota de la BBC: “Cuando el sol brilla sobre la piel, la radiación alcanza una molécula de 7-dehidrocolesterol. Convierte el 7-dehidrocolesterol en previtamina D. Después, la previtamina D tarda varios minutos en convertirse en vitamina D. Es la temperatura de tu cuerpo la que hace esta segunda transformación”.

Pero, así como ese contacto da esos beneficios, si el mismo sobrepasa el tiempo razonable, se abre la puerta a las afectaciones. Porque los rayos UVA y UVB son las emisiones solares ultravioletas perjudiciales para la piel. Los UVA, a pesar de tener menos energía, son el 95 % de la radiación ultravioleta y penetran hasta la dermis, que es la capa más profunda de la piel; lo que tiene efectos en el envejecimiento y cambios de pigmentación de la piel. Además, son los responsables del cáncer de piel.

En cambio, los UVB, son el restante 5 % de la radiación ultravioleta y se quedan hasta la epidermis, la capa más superficial de la piel. Son estos rayos los que activan la melanina y procuran el bronceado. El exceso y descuido puede generar quemaduras, reacciones alérgicas y melanoma.

Los cuidados que no hay que olvidar nunca

La cosmetóloga con estudios en dietética y estética, Andrea Del Vecchio, asegura que siempre es bueno una protección extra en forma de antioxidantes cuando visitamos la playa. “Por ejemplo, un antioxidante excelente viene a ser la vitamina C, que nos va a ayudar a proteger. No es un bloqueador solar, no lo podemos usar como tal, pero nos ayuda a prevenir”. 

Otro antioxidante que se puede usar es la vitamina E, que tiene los lípidos necesarios que funcionan como protección de las células. “La adición de antioxidantes antes del bloqueador puede ser una excelente combinación para evitar quemaduras”. 

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Lo primero que hay que hacer es colocarse el producto para poder fijarlo en la piel. Si se usa vitamina C, por ejemplo, debe ser de más de 20 %. “Después se debe usar una crema hidratante con vitamina E, con lo que se cumplen dos funciones: mantener los líquidos en la piel para no deshidratarla y proteger las células. De ahí va el protector solar”. Ese sería el orden. Esto debería repetirse cada hora para el rostro y cada dos horas para el resto del cuerpo.

¿Y sobre el bloqueador preciso? 

Del Vecchio dice que hay que escogerlo en función de las actividades que se vayan a realizar y tomar en cuenta que debe ser de un factor de protección de al menos 30. Si se va a estar en la sombra, se puede usar uno que no tenga tantos aceites ya que esto evita que se sude en exceso y, por ende, se pierda la protección. Para una actividad acuática, hay que buscar un bloqueador con más aceites para que permanezca por más tiempo. 

Ahora, si la principal preocupación está en impedir las manchas y el envejecimiento —y la protección a niños y niñas—, la opción está en usar un bloqueador mineral con color, algo que repele el daño dérmico. En el caso de un blindaje adicional al usar vestimenta, Del Vecchio dice que es importante utilizar colores claros: “El color blanco va a evitar la absorción. Los colores oscuros, en cambio, van a penetrar la radiación solar”.

Pero si así, con todos los cuidados del mundo, existe una quemadura, se pueden usar cremas con niacinamida. “La niacinamida nos ayuda a recuperarnos de esas lesiones (...) Es fácil de encontrar”.

Y si alguien busca broncearse debe considerar hacerlo en horas de la mañana, antes del mediodía, momento en el que los rayos solares son más fuertes. Los bronceadores permiten que la radiación UVB ingresen a la piel, por ende, “siempre que te vas a broncear te expones a una reacción que puede ser cancerígena cuando es diaria”. 

Al final, ir a la playa no se trata de temerle al sol, hay que entenderlo. De saber que el bronceado perfecto nunca debería costar salud, y que el verdadero placer es volver a casa con la piel intacta. Cuidarse no arruinará el plan. El mar siempre estará ahí, pero la piel es la que te acompaña todos los días del año. (I)