Productos ecuatorianos

¿Cuánto sabes sobre el maquillaje que utilizas?

Dos marcas ecuatorianas transforman la manera en que entendemos el maquillaje. En un mercado donde la promesa suele pesar más que la formulación, surge una pregunta: ¿sabemos realmente qué usamos?

Por Emilia Palacios Mosquera

Harper's BAZAAR — Ecuador

¿Cuántas veces te has tomado el tiempo de leer la etiqueta de ingredientes de un maquillaje? En mi caso son pocas, por no decir ninguna. Durante muchos años, la manera de seleccionar un producto ha sido por el renombre de la marca, los beneficios que promete, las recomendaciones de amigas y, más recientemente, las reseñas en TikTok. Pero, mientras crece el interés por elegir mejor, también aparece la necesidad de entender qué contienen realmente y cómo dialogan con nuestra piel. 

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Esta duda no es solo de carácter personal. Un estudio de la Universidad de Delhi, en India, publicado en 2023, analizó literatura internacional sobre el comportamiento del consumidor y reveló que apenas el 17,6 % de las personas conoce de manera adecuada sobre los químicos presentes en los cosméticos. Aun así, el 72,7 % prioriza la marca y el 64,4 % el precio, por encima de la calidad y la composición de los ingredientes.

Fotografía Daniel Queirolo.

¿Qué de malo podría tener el maquillaje que usamos? 

Una investigación del South African Journal of Chemistry, en 2020, advirtió la presencia de siete metales pesados en cosméticos comerciales y evaluó su riesgo para la salud, según patrones de uso diario. Asimismo, análisis compilados por la plataforma Drugwatch señalan que existen parabenos, principalmente, en bases líquidas y máscaras de pestañas, donde funcionan como conservantes. Estos estudios sugieren que pueden ser disruptores endócrinos (químicos que interfieren con el sistema hormonal), aunque las agencias regulatorias consideran que las concentraciones permitidas son seguras. Otros ingredientes de preocupación incluyen ftalatos (escondidos bajo fragrance en etiquetas) y ciertos silicones usados en primers, para dar una textura sedosa.

Daniela Gutiérrez, biotecnóloga ecuatoriana de 33 años, comparte mis recientes cuestionamientos. Ella tiene una relación importante con las plantas desde su infancia, ya que creció rodeada de cultivos gracias a su padre agrónomo. Ahí aprendió a observarlas no solo por su belleza, sino como materia viva con propiedades concretas. Hoy, muchas de esas plantas forman parte de las formulaciones de Nunandes, el negocio que Gutiérrez fundó en 2017 para replantear la manera en la que entendemos el maquillaje y el cuidado de la piel.

El nombre surge de la fusión de nuna —que en quichua significa alma— y Andes, en referencia a la cordillera más larga del planeta. Aunque inició con la creación de desodorantes, actualmente cuenta con maquillaje botánico, skincare, cuidado personal y una línea botánica de arte olfativo. “No fue algo planeado, fui aprendiendo y haciendo cursos”, reflexiona Gutiérrez, quien tiene una plataforma de e-commerce, presencia física en siete ciudades y aproximadamente 300 pedidos mensuales.

En 2020, lanzó sus primeros pintalabios y polvos faciales, productos que en su totalidad mantienen elementos naturales, como remolacha, rosas andinas, frambuesas, cerezas y óxidos de minerales, para dar el color y los acabados deseados. Ahora sumó a su portafolio máscaras de pestañas, iluminadores, correctores, polvos y más.

“La idea era fabricar un maquillaje que nutra la piel. Utilizamos extractos, aceites esenciales, mantecas, ceras, plantas, minerales no artificiales y polvos de flores”. 

Para esta biotecnóloga, usarlos es beneficioso para la piel por su nobleza, ya que tienden a no provocar alergias ni obstruir los poros. Estos elementos, en su mayoría ecuatorianos, son extraídos en colaboración con comunidades de la Amazonía y los Andes.

Fotografía Daniel Queirolo.

Por otro lado, está Valeria Sánchez, una quiteña de 33 años que estudió administración en la universidad. En 2020, tras volverse vegetariana, comenzó a investigar los ingredientes de lo que consumía y descubrió la presencia de componentes de origen animal en el maquillaje. “No encontraba opciones y había muy poca información. Entonces, en mis momentos de hiperfoco —causados por el autismo—, empecé a comprar aceites y ceras vegetales. Luego caí en cuenta de que había gastado más de US$ 6.000 en materia prima, lo que me llevó a aventurarme a intentarlo”. 

Así nació CONS, una propuesta de cosmética consciente que busca que el consumidor sea crítico sobre lo que se aplica en la piel. Su oferta tiene más de 10 productos entre sombras, polvos traslúcidos, bálsamos desmaquillantes y brochas. Desarrolló primero los labiales, ya que son sus preferidos. 

“Si iba a hacerlos, tenían que ser como los que yo usaba, de larga duración. Eso elevó mucho la expectativa de lo que iba a crear”.

Aunque el 95 % de sus ingredientes son naturales, Sánchez no promueve la marca bajo esa etiqueta. “Estudiando me di cuenta de que no necesariamente todos los elementos sintéticos son malos, así como no todo lo natural es bueno”. Por esta razón, su postura sobre la formulación es distinta. Para ella, el beneficio del maquillaje no depende del origen de los ingredientes, sino de…

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