La moda suele sentir fascinación por lo extravagante cuando se trata del calzado. Hace unos días, Anthony Vaccarello presentó en el desfile masculino de Saint Laurent unos zapatos derby de plástico transparente con punteras alargadas. Semanas antes, Matthieu Blazy sorprendió en Chanel con unas sandalias metálicas que solo cubrían el talón, dejando completamente expuesta la parte delantera del pie.
De hecho, algunos de los diseños de zapatos más icónicos de la historia de la moda también han sido los más extraños: las voluminosas plataformas Armadillo de Alexander McQueen, los Crocs con plataforma de Balenciaga, las botas de doble cara de Hood by Air, las botas inflables de Rick Owens, las altísimas Kiki de Marc Jacobs y, la madre de todos los zapatos extravagantes, los Tabi de Maison Margiela. Son verdaderas proezas estructurales que, muchas veces, incorporan un comentario sobre la sociedad. Pero, como a muchos observadores de la moda, me fascinaban… aunque nunca sentía deseos de llevarlas.
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Ahora, las nuevas propuestas de marcas independientes como Herbert Levine, CeeCee, Jude y Christen me están haciendo querer experimentar (un poco) con mi calzado. Sus diseños combinan lo inusual con la elegancia, cada uno a su manera: una puntera peep toe poco convencional en lugar de una plataforma extrema, o una puntera sorprendentemente cuadrada en vez de un detalle exagerado. Hay algo especialmente atractivo en ver a diseñadores desafiar las normas, pero con precisión y control.

Cuando Trevor Houston tomó las riendas de la entonces desaparecida marca Herbert Levine en 2025, tuvo la fortuna de contar con el archivo de la diseñadora Beth Levine como fuente de inspiración. Beth, quien diseñaba bajo el nombre de su esposo, construyó una larga trayectoria desafiando las nociones tradicionales del calzado, una historia que se remonta a la década de 1940. Aun así, nunca sacrificó la elegancia en su búsqueda por la innovación y la experimentación.
Houston comparte esa misma filosofía. Ha creado sandalias tipo flip-flop de ante con tachuelas y una suela que se eleva por el lateral del pie, salones con bordes fruncidos en cuero arrugado y PVC; y sandalias de tacón altísimo en las que la tira entre los dedos se asemeja más a la correa con hebilla que tradicionalmente se encuentra en la parte posterior del zapato. “Siempre hubo un componente intelectual y un toque de humor”, dice sobre los principios que Beth Levine estableció para la marca. “Pero era un humor muy refinado”.
Su reinterpretación de Herbert Levine ha conquistado rápidamente al mundo de la moda, con figuras como Odessa A’zion y Tracee Ellis Ross entre sus seguidoras.
Hay algo especialmente atractivo en ver a los diseñadores desafiar las normas, pero hacerlo con precisión, equilibrio y control.
El diseño más atrevido de Houston hasta ahora es el modelo Sheer Perfection, una reinterpretación de un diseño ya existente que, en esencia, parece unas pantimedias con suela. (Debajo de la malla se esconde un salón transparente). El diseñador explica que la esencia de la extravagancia de su marca suele encontrarse en “los pequeños detalles: quitar estructuras que normalmente están dentro del zapato y añadir soporte donde, en teoría, no debería existir”.
Esa idea está presente en muchos de los diseños de Herbert Levine, incluidos sus mocasines sin estructura, con un acabado similar al de un guante. “Estos giros son muy sutiles, pero en el calzado, dos milímetros pueden cambiarlo todo”.

Muchos de los diseñadores emergentes de hoy se formaron junto a los grandes referentes del calzado más experimental. Houston diseñó zapatos para Marc Jacobs, Khaite y The Row. (De hecho, es la mente detrás de las controvertidas bailarinas de goma sin cordones Mara de The Row, presentadas en 2024). Por su parte, Nina Christen, cuya recién lanzada firma Christen está ganando rápidamente reconocimiento, fue la creadora de las icónicas Puddle Boot de Bottega Veneta y de los zapatos de salón Balloon Pumps de Loewe. En su marca homónima, propone reinterpretaciones en miniatura de la silueta thong, adornos de cadenas doradas que se arrastran al caminar y diseños de malla ajustados al tobillo.

Lucette Holland, quien se prepara para lanzar su marca CeeCee en Estados Unidos, también formó parte de los equipos de diseño de algunas de las firmas de calzado responsables del auge contemporáneo de los zapatos ugly chic, desde tacones hasta bailarinas y zapatillas deportivas.
Holland inició su carrera en Christian Louboutin, Balenciaga (bajo la dirección de Nicolas Ghesquière) y —quizá el referente más claro cuando se habla de calzado extravagante— Celine, durante la era de Phoebe Philo, además de Yeezy. Participó en el desarrollo de los tacones gladiador de inspiración futurista de Ghesquière, los icónicos tacones peludos de Celine y las zapatillas y sandalias de aspecto inflado de Yeezy, que desataron auténtica euforia con cada lanzamiento.
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Cuenta que la idea de crear su propia marca surgió de forma natural como una extensión de su estudio de diseño y consultoría. “A lo largo de los años fueron apareciendo áreas de interés que resultaban difíciles de desarrollar dentro de las grandes compañías. Así que empecé a explorarlas”. Sin estar condicionada por equipos de análisis de ventas, Holland diseña siguiendo su propia intuición. El resultado son sandalias de tacón tipo flip-flop con una puntera inquietantemente afilada, mules con suelas de goma que se prolongan sobre la punta del pie y zapatillas confeccionadas en un material que parece ser… ¿piel de vaca?

Pero nada llega a ser demasiado extremo. Holland siempre busca ese “equilibrio en el que un zapato está al borde de ser imposible de usar, pero sigue remitiendo a algo familiar. Nunca se aleja demasiado de un modelo icónico que forma parte del imaginario colectivo, aunque tampoco es una copia ni una simple reinterpretación”.
“Está realmente al límite de ser horroroso… pero, al mismo tiempo, no lo es".
Pero, para estas marcas de calzado, ese delicado equilibrio surge de forma natural y no como un recurso forzado. Ese es el caso de Jude, la firma fundada por Jurgita Dileviciute y Denitsa Bumbarova en 2024. “Es una cuestión de gusto personal”, escribió Bumbarova a Harper's BAZAAR Estados Unidos por correo electrónico. “Para nosotras, la elegancia tiene menos que ver con la formalidad y más con la naturalidad”.
Jude ha construido una fiel comunidad de seguidores gracias a modelos distintivos como el Date, un zapato peep toe con una abertura triangular en la puntera que recuerda a la pestaña de una lata de refresco retro. El diseño ya ha sido llevado por Chloe Sevigny, Ayo Edebiri y Gwyneth Paltrow. “Se siente revelador y discreto al mismo tiempo”, reflexiona Dileviciute sobre el atractivo del modelo. “Es insinuante, pero también tiene un aire tímido”.

Y, en términos de ventas, la propuesta también resulta convincente. “Jude está teniendo un desempeño extraordinario con nosotros. La colección es divertida, pero sigue siendo increíblemente elegante”, afirma Brigitte Chartrand, directora de compras y merchandising de Net-a-Porter. “Lanzamos Herbert Levine la semana pasada y la respuesta ha sido fantástica. Además, soy una gran admiradora del trabajo de Nina. Sus diseños logran el equilibrio perfecto entre modernidad y sensualidad, con una calidad excepcional y una gran versatilidad. Estas marcas conectan tan bien con los clientes porque ofrecen algo único e inesperado, sin dejar de ser elegantes y fáciles de llevar”.
Como siempre, el péndulo de la moda oscila entre lo extravagante y lo familiar. Aún estamos dejando atrás la era del minimalismo impulsado por el quiet luxury, en la que las zapatillas funcionales, los mocasines y las bailarinas dominaron el panorama. Antes de eso, a finales de los años 2000 y comienzos de la década de 2010, las proporciones extremas —especialmente los stilettos con plataformas imponentes— marcaron la pauta. Al menos sobre las pasarelas, parece que la tendencia vuelve a inclinarse hacia lo más excéntrico. Sin embargo, los consumidores buscan un punto intermedio.
“La gente sigue queriendo invertir en un buen par de zapatos y usarlos durante mucho tiempo; todo gira en torno a la calidad”, afirma Houston. “Pero también da la impresión de que los consumidores quieren atreverse a cruzar un poco los límites”. (I)

Nota originalmente publicada en Harper's BAZAAR Estados Unidos.