Diseño latinoamericano

La marca peruana que entendió a la mujer ecuatoriana

La firma peruana Camila Viali nació del sueño de Lili Durán y creció entre telas, intuición y constancia. Junto a su hija Camila Romero, fortalece su identidad entre Perú y Ecuador con una propuesta que va de la mano de la elegancia, el detalle y un guiño al estilo europeo.

Por Daniela García Noblecilla

Harper's BAZAAR — Ecuador

La casa de moda peruana Camila Viali empezó por una corazonada, la de una niña que soñaba con hacer ropa. Lili Durán (de 50 años), su fundadora, recuerda que cuando era muy pequeña planificaba tener una marca. Su camino parecía ir en otra dirección por haber estudiado secretariado, pero su ilusión fue más fuerte. “Me incliné por este oficio porque había toda una variedad de textiles, eso me ató y me apasioné muchísimo”. Su gusto por los materiales, por las tiendas, por lo que sus ojos veían en la industria… definió su camino cuando tenía 22 años.

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Abrió un local en La Victoria, en Lima, hace cerca de tres décadas. “Empecé con un espacio pequeño. Creo que Dios fue quien sacó adelante el negocio”. Desde ahí, creció de manera progresiva. Primero inició con blusas y luego avanzó con una oferta más amplia de vestidos, conjuntos y abrigos. “Esto fue como un bebé, fue creciendo de a poquito y su nombre es por mi hija Camila Romero. Viali, en cambio, es un apellido de origen italiano que escogimos por su sonoridad y afinidad con la estética que buscamos construir”. 

Cuando Durán empezó con la firma, su hija tenía un año. “Emprender siendo madre es muy duro. Te caes, pero ya tienes un bebé contigo que va a depender de qué tan lejos llegas”. Esta diseñadora definió tres pilares para su empresa: telas de alta calidad, buen fit y atención al detalle. “Es algo que quedó en las bases y nunca se ha movido”, explica Camila Romero, hija de Durán y actual gerente de diseño y marketing.

Lili Durán y su hija Camila Romero. Fotografía: Juan José Alegret. 

Romero se crió literalmente dentro de la empresa. “Crecí entre agujas, hilos, botones… escuchando máquinas de coser todo el tiempo”. La figura de su madre fue determinante para entender sus gustos y los pasos a seguir en su vida. “Verla tan apasionada fue mi gran inspiración y supe que también era lo mío”. Estudió negocios en Perú y luego un máster en diseño en Milán. Su nueva visión de la moda le dio un giro al negocio. “Nuestro ADN se transformó y nos inspiramos más en la elegancia italiana”. La paleta de colores migró hacia tonos neutros, las siluetas evolucionaron y las colecciones incorporaron nuevas proporciones y estructuras.

 Camila Viali. Fotografía: cortesía. 

En ese sentido, ambas comparten el proceso creativo. “Nos juntamos en el área de creatividad”, dice Romero. Aunque reconocen que trabajar en familia puede ser desafiante, logran dividir roles y construir una dinámica que las complementa. “Cada una lidera su área, pero en diseño siempre coincidimos”. La expansión hacia nuestros país llegó hace aproximadamente 20 años, luego de participar en una feria internacional. “Vimos que gustaba mucho nuestro producto y dijimos que era momento de aventurarnos. Encontramos una consumidora interesada y esa fue una señal —cuenta Durán—. La primera tienda abrió en Guayaquil, en Mall del Sol”. 

 Camila Viali. Fotografía: cortesía. 

La apertura en la capital ecuatoriana fue durante la pandemia. “Cerrábamos o explorábamos Quito; y todo resultó bien”, asegura la fundadora. Hoy, la marca tiene 10 locales en Perú y tres en Ecuador (uno en Guayaquil y dos en la capital). Adaptarse a un nuevo mercado implicó varios ajustes, pero no perdieron la esencia. Lo que buscan es sofisticación, minimalismo y exclusividad, por eso desarrollan variaciones según la ciudad. “Realizamos colecciones específicas para cada país”, explica Romero. Las diferencias pueden estar en el entalle, los materiales o los acabados. En Quito, por ejemplo, se privilegian siluetas más ajustadas; en Guayaquil, proporciones distintas; y en Perú, propuestas más oversize.

Lili Durán, fundadora de Camila Viali. Fotografía: Juan José Alegret. 

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Los materiales textiles son importadas desde Italia. Utilizan lanas, linos, algodones y sedas, además de desarrollar sus propios prints, tanto digitales como hechos a mano. Confeccionan entre cuatro y seis colecciones al año. Cada una incluye alrededor de 25 piezas. Los últimos lanzamientos tuvieron como escenario a Roma y, próximamente, será Florencia. 

En la actualidad, sus planes están direccionados a una expansión física y al fortalecimiento digital. En nuestras fronteras, la estrategia apunta a una experiencia omnicanal y a la apertura de nuevos puntos de venta. Para Durán, el legado es dejar una empresa con “mucho corazón y bien construida, para que su límite sea el cielo”. (I)