Cuando dos universos con identidad definida se cruzan, el resultado no siempre busca consenso. En la colaboración entre Dolce & Gabbana y Ray-Ban, la coincidencia está en el origen, pero el interés aparece en cómo se reinterpreta sin caer en la nostalgia.
El punto de partida es el Aviator, una forma que ha resistido décadas sin perder vigencia. Cerca de cumplir 90 años, el modelo vuelve a ser intervenido, esta vez desde la mirada de Domenico Dolce y Stefano Gabbana. No hay intento de actualización superficial: la propuesta se apoya en dos derivaciones —Shooter y Outdoorsman II— que trabajan desde el archivo, pero no se quedan en él.
La barra superior con efecto nácar introduce una ruptura visual clara; mientras que, el soporte para cigarrillo —un detalle que remite a otra época— se incorpora sin disimulo. Las lentes en forma de gota aparecen en una gama que se aleja de lo neutro: naranja, rosa, verde, azul y amarillo, en versiones transparentes y espejadas. La estructura metálica, fina, mantiene la lógica piloto, pero separa lente y armazón para generar un efecto casi suspendido.
El Outdoorsman II, en cambio, opta por la contención. La intervención es más sutil: una barra superior que define el marco y una estructura que trabaja con el vacío. La silueta se mantiene reconocible, pero introduce variaciones en color y acabado —azul, rosa empolvado, beige, marrón y verde— que desplazan su lectura hacia un terreno más contemporáneo.
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El objeto se extiende más allá de las gafas. El estuche, en cuero, incorpora correa y un mosquetón metálico dorado. No se esconde: se suma como parte visible del conjunto, como si el accesorio necesitara ocupar espacio en el cuerpo y no solo en el bolso. (I)