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Antes de la pregunta, o incluso de la respuesta, escoger el anillo de compromiso es crucial para el siguiente capítulo de una historia de amor. Durante siglos, esta tradición acompaña a las parejas en uno de los momentos más íntimos y decisivos de sus vidas. Además de ser una joya, es una promesa que se lleva en la mano, un artículo que traduce lo que a veces las palabras no alcanzan a decir y sobre todo es testigo de una historia compartida. Según expertos ecuatorianos que trabajan en esta industria, su forma circular, sin principio ni fin, simboliza continuidad, permanencia y es una elección que se renueva todos los días. Por eso, elegirlo es un acto cargado de significado, emoción y de decisiones que vale la pena tomar con calma.

¿Cómo encontrar el correcto? 

Para responder esto, Harper’s BAZAAR Ecuador conversó con cuatro voces expertas que acompañan este proceso desde distintos ángulos: Katherine Ramírez, gemóloga, diseñadora y perito judicial de joyería en España; Verónica Gumbs, especialista en piezas para novias; Jorge Landázuri, maestro joyero con más de dos décadas de experiencia artesanal; y Carolina Gómez, gerente de mercadeo de Joyería Bauer. Entre todos, nos dan una guía para entender qué mirar, qué evitar y, sobre todo, cómo tomar una decisión adecuada. 

anillos VG
Cortesía de Verónica Gumbs. 
anillos VG
Cortesía de Verónica Gumbs. 

Para Katherine Ramírez, todo empieza por entender que esta alianza no es un objeto cualquiera, para ella es una extensión de quien lo va a llevar. “Es una joya ornamental y simbólica. Debe reflejar la personalidad de la persona. Si es clásica, moderna, más arriesgada. No se trata solo de comprar algo bonito, hay que elegir algo que la represente”. Por eso, no hay fórmulas universales ni decisiones aceleradas. ¿Qué usa normalmente?, ¿prefiere lo discreto o lo llamativo?, ¿le gustan los tonos fríos o cálidos? Esas preguntas suelen ser más importantes que cualquier tendencia.

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A criterio de Verónica Gumbs, ese proceso tiene además una carga emocional. “No solo vendo una sortija porque es linda o porque la piedra es especial. Estoy presente en uno de los momentos más importantes de la vida de mis clientes. Muchos llegan nerviosos, con dudas y buscan información y acompañamiento”. Gumbs asegura que el perfil del comprador cambió y hoy las parejas investigan, preguntan y comparan. 

En términos de estructura, esta pieza mantiene una base clásica: un aro con una piedra central, generalmente un diamante. “El solitario es la forma tradicional. En algunos casos, detalles en los hombros”, explica Ramírez. El diamante tiene un peso simbólico construido a lo largo del tiempo. Fue la industria —con casas como De Beers— la que posicionó esta piedra como el estándar del compromiso. 

joyero
Cortesía de Jorge Landázuri.
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Cortesía de Jorge Landázuri.

Sin embargo, en la actualidad esa tradición convive con nuevas interpretaciones. Hay quienes buscan zafiros, esmeraldas o diseños menos convencionales. Un ejemplo es el anillo de Kate Middleton, heredado de la princesa Diana. Es un zafiro azul rodeado de diamantes en un diseño victoriano. Esta pieza está valorada en US$ 520.000, según la revista Elle. Ramírez recomienda un diamante de al menos 0.25 quilates para que sea visible y tenga brillo. Un quilate o medio quilate para algo más exclusivo. 

Anillo de compromiso de Kate Middleton. Getty Images.
Anillo de compromiso de Kate Middleton. Getty Images.
Anillo de Hailey Bieber. Getty Images.
Anillo de Hailey Bieber. Getty Images.

Las tendencias, de hecho, se mueven con rapidez y muchas veces nacen de referentes culturales. Gumbs asegura que esto es común. “Cuando Hailey Bieber se comprometió, todo el mundo empezó a pedirme cortes ovalados como su diseño (valorado en US$ 600.000). Luego, con Selena Gomez o incluso con famosos como Dua Lipa, empezaron a buscar cortes distintos, más irregulares”. El clásico redondo es una elección segura, pero ahora comparte espacio con cortes marquesa, ovalados o diseños más orgánicos. 

Ya no hay un único camino estético, más bien múltiples posibilidades que dependen del estilo de cada persona.

Ramírez dice que Tiffany, Van Cleef, Cartier y Harry Winston son marcas líderes que influyen en el diseño de estos elementos; a menudo modifican el grosor e integran piedras o cambian el diseño de la garra. Hay aspectos técnicos que son fundamentales y que muchas veces pasan desapercibidos. La perito Ramírez insiste en la importancia de entender las características del diamante, conocidas como las 4 C: color, claridad, corte y quilates, a las que suma una quinta clave: la certificación. 

"Es fundamental que el diamante tenga un respaldo de un laboratorio reconocido. Eso te garantiza su autenticidad y calidad”.

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Cortesía de Jorge Landázuri.

También hace una distinción importante entre gemas naturales y sintéticas. “La primera se forma durante millones de años y su valor aumenta con el tiempo. La sintética tiene las mismas propiedades, pero su valor no crece igual. Ambas son opciones válidas, depende de las prioridades del cliente”. Los costos, según el diamante varían. Uno natural de 0,50 quilates cuesta aproximadamente US$ 2.350, mientras que uno de laboratorio del mismo tamaño tiene un valor de US$ 1.500. Uno natural de un quilate se puede conseguir por US$ 3.800 y uno de laboratorio por US$ 1.950.

El material del anillo se debe considerar

El oro, en sus distintas tonalidades, es la opción más recomendada por su durabilidad. “No se daña con el uso diario, ni con el sudor o el contacto con ciertas sustancias”, señala Ramírez y advierte que la plata, aunque es más económica, no es ideal para una joya que se usará todos los días. Gumbs comenta que sus clientes suelen pedir oro de 18 quilates, que es común en Ecuador, a diferencia de Estados Unidos donde se usa más el de 14 quilates, para este tipo de joya. Por otro lado, Landázuri advierte que el oro de mayor quilataje (20, 23 o 24) es más blando y se deforma y raya con facilidad, lo que limita los diseños.

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En cuanto al color, el oro amarillo es el más tradicional, mientras que el blanco se plantea como algo más contemporáneo. Existe rosa, verde, negro y azul, pero los últimos se usan menos porque pueden parecer artificiales. Sin embargo, Landázuri advierte algo importante: “Lo que muchas personas ven como oro blanco en realidad es un baño de rodio. Ese acabado se desgasta con el tiempo y requiere mantenimiento”. Además, se debe tomar en cuenta que si este símbolo de compromiso es de oro blanco, los aros de matrimonio deben ser del mismo tono. 

El presupuesto, inevitablemente, entra en la conversación. Durante años se popularizó la idea de que el anillo debía costar dos o tres salarios mensuales, pero los expertos coinciden en que esa regla ya no es relevante. “Eso se puede aplicar en ciertos países, pero aquí no necesariamente. Lo importante es que sea una joya bien hecha, duradera y que tenga sentido para quien la compra”, dice Ramírez. Por su parte, Gumbs añade que no se trata de cuánto cuesta, sino de lo que significa. 

joyero
Cortesía de Jorge Landázuri.
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Cortesía de Jorge Landázuri.

En paralelo, la personalización gana más espacio. Cada vez más personas buscan diseños únicos, alejados de la producción en serie. Landázuri manifiesta que para que un cliente encuentre el ideal, todo empieza con una conversación. “¿Qué le gusta a tu pareja, qué formas, qué colores? A partir de ahí se construye el diseño”. Ese proceso puede incluir desde la elección de la piedra hasta la posibilidad de reutilizar materiales con valor emocional, como el oro de una joya familiar. “Eso le da un sentido distinto. La joya tiene historia, tiene algo detrás”. 

Carolina Gómez de Bauer coincide con esa idea y afirma que no se lo elige de forma aislada, es parte de un proceso que culmina en la boda. En ese camino, los aros de matrimonio adquieren relevancia. Tradicionalmente más simples —lisos, muchas veces en oro amarillo—, también se personalizan. “Las parejas buscan coherencia entre ambas piezas y libertad. No tienen que ser idénticos, tienen que representar a cada uno”. Las inscripciones interiores, los acabados y hasta las combinaciones de materiales forman parte de esa construcción.

En esta joyería se ofrecen argollas de matrimonio, con diseños preestablecidos o personalizados. Además de otras marcas de lujo como: Gucci o Ashoka (esta última especializada en matrimonios por su corte especial de diamantes).

anillos bauer
Cortesía de Joyería Bauer. 

Entre los errores más comunes, los expertos coinciden en varios puntos. El primero: dejarse llevar por opiniones externas. “Los gustos son personales. No puedes elegir un anillo pensando en lo que le gusta a la familia o a los amigos”, dice Ramírez. El segundo: no informarse. “Es importante entender lo básico para no tomar decisiones apresuradas”, advierte Gumbs. Y el tercero: no prestar atención a los detalles de fabricación. “Un anillo mal hecho puede tener fallas en las uniones, en los acabados o en el engaste de la piedra. Eso afecta su durabilidad”, añade Landázuri.

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Al final, más allá de las tendencias, los materiales o el presupuesto, lo que define una buena elección es su capacidad de representar una historia. Porque en medio de todas las decisiones técnicas, hay algo que no cambia y es ese momento en el que alguien decide elegir a otro. En ese instante, el anillo deja de ser un objeto para ser un símbolo. (I)