¿Puede una tela contar una historia? ¿Construir un lenguaje o comunicar una idea? De acuerdo con la docente y diseñadora ecuatoriana Carolina Abril, la manipulación textil o manipulación de telas se define como el juego para cambiar su apariencia, caída o forma. En la mayoría de los casos, busca que el material adquiera una mayor dimensión del plano a lo tridimensional.
Daniela Vicuña, diseñadora emergente, la entiende como una necesidad. “No quiero adherirme a cosas que ya estaban vendidas en el mercado. Mi objetivo es crear algo propio, lo que se ha convertido en algo característico de mi marca”. Con 23 años, ha lanzado dos colecciones de autor y ahora es docente en la universidad donde estudió.
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Desde pequeña supo que le encantaba este mundo. Su mayor influencia es su abuelo materno, quien era escultor. Los momentos con él, entre pinturas y la sobremesa, le hicieron darse cuenta de que quería experimentar con su creatividad. En febrero de 2025, el proyecto de tesis de Vicuña —una colección de ropa para su marca homónima— fue lo que la catapultó. Titulada “Pensamientos ocultos”, reflejaba los sentimientos interiorizados y cómo pueden deteriorar a una persona desde adentro hacia afuera a través de ocho looks. “De hecho, de ahí nace mi necesidad de hacer intervención textil y manipular para demostrar mi concepto”.
Vicuña trabajó mayormente con lona cruda, por lo que mantuvo una paleta en tonos beige, blanco y grises con toques de colores como morado y rosado. Aquí utilizó el slashing, una técnica que consiste en superponer capas de tela, coserlas con líneas paralelas o patrones y luego hacer cortes a las capas superiores para revelar colores y generar textura.
El tiempo que toma es variado. La diseñadora explica que, en su caso, trabajó un mínimo de 10 a 20 horas en piezas pequeñas. “Siento que la lona realmente no tenía mucho que aportar más que la estructura. Por esta razón, yo quería darle una nueva vida. En mi marca trato de embellecer una fibra o una tela a través de métodos destructivos”. Para esta quiteña era importante desgarrar la tela, quemarla, y usar pistolas de calor para que el material hablara por ella.
Otro proceso que también utilizó en esta colección fue la tinturación. Vicuña trabajó con un gotero y una pintura para dar la ilusión del moho cuando los objetos empiezan a dañarse. “Es algo asimétrico e irrepetible. Aunque quisiera darle el mismo resultado de nuevo, sería imposible”.
Al trabajar en capas para obtener un efecto acuarela, este proceso puede tomar de 10 a 15 horas.
En su última colección, “Baúl”, la artista mantiene la manipulación textil, pero incorpora procesos sostenibles donde aprovecha los hilos de otros atuendos. Creó capas sobre capas donde puso encaje encima de los hilos, generando un efecto de sombra, que —en realidad— era producto de los sobrantes de otros procesos. Asimismo, mantuvo el slashing, que ya se había convertido en algo característico de la marca.
El concepto detrás de este nuevo proyecto era sumergirse en la fachada perfecta de una muñeca. Por esta razón, Vicuña creó prendas románticas a través de volúmenes y colores pasteles, mientras que el deshilachado reflejaba el deterioro dentro de esa fachada. En su próximo proyecto, que verá la luz a mediados de septiembre, involucrará otras técnicas como impresión y sublimado en alto relieve. El foco de la marca es integrar más procesos de manipulación que permitan su crecimiento y narrar sus conceptos.
Nancy Espinoza, de 26 años, también habla a través del textil. Su relación con la moda nace igualmente de su familia. Su abuela era modista y su tía siguió sus pasos para convertirse en una diseñadora reconocida en el país. “Yo aprendí mucho de ellas. Empecé a trabajar desde los 17 años como asistente de mi tía y, poco a poco, me di cuenta de que tenía la habilidad, más que para la moda, para crear algo desde cero”.
Estudió diseño de modas en la Universidad San Francisco de Quito. En 2018, dos años antes de graduarse, abrió oficialmente su marca Ámbar y Arena y, hasta el momento, ha realizado ocho colecciones, con lanzamientos netamente de swimwear, bucket hats, hasta moda de autor que le ha permitido participar en desfiles de la Capital.
Su primera colección se llamó “Liduvina”, en referencia a su abuela, quien tenía complicaciones de salud. “En ese momento yo hice una pequeña investigación de lo que significaba ser mujer y me inspiré en detalles simbólicos que luego se veían reflejados en la tela”. Espinoza también se inspira en el arte, en sentimientos, experiencias propias y su entorno.
Una de sus colecciones que se destaca por su trabajo con el textil es “Farfalla”, su antepenúltimo proyecto de 13 looks. Inspirada en las mariposas y su fragilidad, realizó chaquetas con secciones que resaltaban por la técnica utilizada llamada panal de abeja. Extraía figuras, significados y geometrías de este insecto. Para lograr este tipo de manipulación, Espinoza realizó alrededor de 1.124 puntadas para generar un efecto tipo acordeón; solo una manga le tomó cuatro horas. En este lanzamiento también confeccionó durante dos días mariposas de tela para utilizarlas como apliques en uno de sus vestidos.
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Espinoza ha trabajado con collage, paneles, patchwork, apliques 3D, bordados y pintura. En su última colección, “All my shades of blue”, cortó las telas para darles las formas deseadas y luego las aplicó sobre una tela blanca como lienzo. Para ella, sus creaciones son arte vestible y la manipulación es esencial. “Es irte en contra de esta idea de que la moda tiene que ser rápida. Al tomarme el tiempo de crear con las manos, de tomarme seis horas en una manga, de pintar sobre la tela, de hacer estos tratamientos diferentes, hace que el consumidor, cuando tenga la pieza, sienta que está portando algo único e irrepetible”.
Para la docente Abril, la manipulación textil se ha convertido en un “sello” del diseño latinoamericano, más que una simple decoración. “Es mucho más que solo una técnica. Con la manipulación textil podemos lograr el foco de atención de toda una colección. Aquí se incuba la creatividad del artista y es donde uno puede apreciar el trabajo a mano”. (I)