Semanas atrás fui a una consulta ginecológica convencida de que me sentiría más cómoda con una médica mujer. Lamentablemente, salí con la sensación opuesta: poco escuchada, incómoda y, finalmente, con un diagnóstico equivocado. La experiencia me hizo preguntarme algo que muchas mujeres enfrentan en silencio: ¿cómo encontrar un ginecólogo con quien realmente podamos sentirnos seguras?
Esta duda parece resonar en varios lugares del mundo. Según un estudio realizado en España en 2022 a casi 2.000 mujeres, el 49 % afirmó sentirse violentada en algún servicio de ginecología. Entre quienes respondieron negativamente, muchas reportaron situaciones desagradables relacionadas con el trato o con los procedimientos médicos. En Nicaragua, otra investigación, demuestra que el 51,8 % manifestó una insatisfacción con los servicios recibidos, mientras que en Ecuador —un estudio de 2024 de la Universidad Técnica del Norte— mostró que apenas el 42,1 % de las pacientes reportó sentirse satisfecha con la atención obstétrica.
La confianza no es un detalle secundario. Para la doctora Ivonne Escobar, este aspecto es uno de los pilares de la salud de la mujer porque determina algo fundamental: que las pacientes regresen a sus controles y mantengan un seguimiento adecuado. "La salud ginecológica depende del seguimiento. El seguimiento depende de la confianza, la seguridad de sentirse acompañada y cómoda en cada revisión".
Escobar recuerda que esta área de atención aborda temas profundamente íntimos: sexualidad, reproducción, imagen corporal, miedo, vergüenza y experiencias emocionales que requieren un espacio seguro para ser compartidas. Las recomendaciones médicas internacionales sugieren iniciar las visitas a estos profesionales entre los 13 y 15 años, o antes si existe menstruación temprana, síntomas preocupantes o inicio de la vida sexual. Asimismo, el seguimiento no termina con la menopausia; debe mantenerse a lo largo de toda la vida para prevenir enfermedades y preservar el bienestar integral.
Andrés Mercado, médico cirujano especialista en ginecología y obstetricia, observa que muchas pacientes siguen evitando las consultas por episodios negativos previos. "El 30 % de las mujeres dejan de ir justamente por miedo, pudor o malos tratos". En su trayectoria clínica, casi el 90 % de las personas LGBTI ha reportado atenciones inadecuadas, mientras que entre pacientes heterosexuales estima que la cifra ronda el 50 %.
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Cuando una paciente no se siente escuchada o respetada, las consecuencias pueden ir mucho más allá de una consulta incómoda. La ginecóloga María Fernanda Pazmiño explica que esto puede generar ansiedad, desconfianza e incluso provocar que la persona evite futuros controles.
"Muchas veces deja de expresar síntomas importantes, dudas o preocupaciones por temor o incomodidad, lo que puede retrasar diagnósticos y tratamientos".
Las consecuencias de esta falta de escucha se reflejan en enfermedades como la endometriosis. En Ecuador, el diagnóstico suele demorarse entre cinco y ocho años desde la aparición de los primeros síntomas, según la Sociedad Ecuatoriana de Ginecología y Obstetricia. Se estima que al menos 300.000 mujeres padecen esta enfermedad, muchas sin diagnóstico confirmado, y entre el 30 % y el 50 % pueden experimentar infertilidad asociada.
En Europa, el retraso de esta enfermedad alcanza entre 10 y 12 años. Según datos de la Clínica Universidad de Navarra, una paciente con endometriosis consulta en promedio a cinco médicos distintos antes de obtener una respuesta correcta. La normalización del dolor menstrual como algo "propio de ser mujer" sigue siendo una de las principales barreras para el diagnóstico oportuno.
¿Importa si el ginecólogo es hombre o mujer?
Los tres especialistas coinciden en que no existe una fórmula universal. "He visto pacientes que pidieron específicamente una mujer y terminaron incómodas, y pacientes que llegaron a un ginecólogo hombre con reservas y se volvieron sus pacientes por toda la vida", comenta Escobar. Aunque muchas mujeres expresan inicialmente una preferencia por ginecólogas, la evidencia científica muestra que el género rara vez es el factor decisivo. Estudios realizados en Estados Unidos (2020 y 2024) y Brasil (2023) han encontrado que las características más valoradas son la experiencia, la capacidad de comunicación, el conocimiento médico y la calidad del trato.
Escobar identifica algunos prejuicios frecuentes. "Sobre las mujeres, que son más duras porque no tienen empatía con otras pacientes o que van a juzgarlas más. Sobre los hombres, que no pueden entender lo que se siente. Ambos prejuicios son falsos, lo que importa no es el género, sino la formación, la actualización y la postura ética del profesional". Las excepciones suelen ser las consultas relacionadas con violencia sexual, experiencias traumáticas o primeras visitas de adolescentes, donde muchas pacientes sí manifiestan una preferencia para ser atendidas por una mujer. Para los especialistas, esa decisión debe respetarse sin cuestionamientos.
Cinco señales de que encontraste un buen ginecólogo
Más allá del género, los tres profesionales coinciden en que existen señales claras para identificar a un especialista con quien vale la pena construir una relación de largo plazo.
- Te escucha sin apurarte: si sientes que la consulta termina antes de que puedas explicar lo que te ocurre, difícilmente se construirá una relación de confianza. El tiempo sigue siendo una de las mejores señales de interés genuino. Mercado explica que nos enfrentamos a un sistema de salud sistematizado que busca, en la mayoría de las ocasiones, atender más rápido a los pacientes. “Te dan un tiempo muy establecido, tienes de 15 a 20 minutos y muchas veces esto no va a permitir conocer a los pacientes. Por economía uno pensaría que es mejor, pero genera una consulta de mala calidad”.
- Explica antes de examinarte: el consentimiento informado no es opcional. Debes saber qué procedimiento se realizará y por qué.
- No juzga tus decisiones: ya sea sobre anticoncepción, sexualidad, maternidad o la decisión de no tener hijos, el consultorio debe ser un espacio libre de juicios.
- Se mantiene actualizado: la ginecología evoluciona constantemente. Un profesional que continúa trabajando bajo criterios desactualizados puede convertirse en un riesgo para sus pacientes.
- Reconoce sus límites: un buen médico también sabe decir "no lo sé" y derivar a otro especialista cuando es necesario.
Mercado también resume estos criterios en las "tres C": certificación, comunicación y comodidad. La certificación puede verificarse mediante los registros oficiales del SENESCYT. La comunicación implica que el médico explique y dialogue en lugar de limitarse a dar órdenes. “Esto se llama patient-centered care, o cuidado centrado en el paciente, y ha demostrado mejorar significativamente los resultados de la salud”.
Señales de alerta que no deberías ignorar
- Te interrumpe constantemente o te apura.
- Te examina sin explicarte el procedimiento o sin pedir consentimiento.
- Hace comentarios sobre tu cuerpo, tu vida sexual o tus decisiones reproductivas.
- Minimiza tu dolor diciendo que es "normal" o que estás exagerando.
- Te prescribe tratamientos sin explicarte por qué.
- No responde tus preguntas o lo hace de forma condescendiente.
- Insiste en procedimientos que no comprendes sin ofrecer información suficiente.
- El consultorio carece de privacidad o transmite una sensación de trato impersonal.
Mercado destaca dos alertas especialmente importantes. "Cualquier desestimación del dolor debería ser una alerta roja. La otra es la falta de consentimiento informado antes de un procedimiento o un lenguaje moralista sobre la vida sexual. Son señales claras para buscar otro profesional". Para él, la medicina actual debe alejarse del modelo paternalista que dominó durante décadas.
"El médico no debe ordenarte. Debemos tomar una decisión compartida. Yo puedo proponerte opciones, pero al final la decisión es de la paciente". Este profesional manifiesta que las nuevas generaciones han comenzado a romper con una tradición muy arraigada: permanecer con un mismo ginecólogo por costumbre, incluso cuando la experiencia no era positiva.
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Las redes sociales también han contribuido a este cambio. Los grupos de apoyo, los testimonios compartidos y el acceso a información médica han permitido que más mujeres identifiquen prácticas inadecuadas y comprendan que ciertas experiencias no deben normalizarse.
Escobar finaliza diciendo que no existe ninguna obligación moral de permanecer con un médico que no genera confianza. “La culpa viene de una idea heredada de que el médico es una autoridad incuestionable y cambiarlo es una falta de respeto. Ahora, es al revés: buscar al profesional adecuado para tu salud es un acto de responsabilidad, no de deslealtad". (I)