Esta toxina ocupa un lugar privilegiado en la medicina estética porque produce algo que otras técnicas no consiguen. Al actuar sobre los músculos responsables de determinados movimientos faciales, permite suavizar las líneas de expresión que aparecen al gesticular. Ahora, encontrar un procedimiento que ofrezca resultados parecidos o iguales, sin utilizarla, es un desafío.
Para la dermatóloga Jennifer Granizo, la contracción de los músculos del rostro desplaza la piel, lo que con el tiempo genera fisuras que conocemos como arrugas. La toxina botulínica impide que el tejido cutáneo se mueva y se siga rompiendo. La especialista dice que, en las líneas superficiales, estas podrían desaparecer; en arrugas profundas (visibles incluso en reposo), el producto solo las difumina, ya que la superficie ya está fisurada. Asimismo, enfatiza que el objetivo no es "congelar" el rostro (lo cual denota un exceso de dosis o falta de naturalidad), sino mantener un rango de movilidad sutil.
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En el libro Botox Nation: Changing the Face of America, la socióloga Dana Berkowitz analiza cómo este método pasó de ser una intervención médica a un fenómeno cultural. De acuerdo con los datos históricos que recoge el libro, el sitio web del producto afirmaba que 11 millones de mujeres y hombres experimentaron alteraciones en su piel luego de usarlo. Además, la Sociedad Estadounidense de Cirugía Plástica Estética estimó que, en 2014, se realizaron más de seis millones de procedimientos. La autora señala que su uso aumentó cerca de un 750 % entre 2000 y 2014, cuando ya era uno de los procedimientos estéticos más populares de Estados Unidos.

Estas cifras corresponden a ese período y no describen el uso actual, pero ayudan a entender la dimensión que alcanzó este tratamiento. Su popularidad se basa en su rapidez y en que sus efectos son temporales. Una revisión científica publicada en 2021 en Archives of Craniofacial Surgery, titulada Scientific Review of the Aesthetic Uses of Botulinum Toxin Type A, describe su uso incluso para tratar otras condiciones, como la sudoración excesiva y la sonrisa gingival. Sin embargo, hay quienes no pueden utilizarla o prefieren evitarla. ¿Qué hacer en esos casos?
Carla Navarrete, especialista en cirugía y medicina estética, dice que “en el mercado existen alternativas que optimizan la calidad de la piel, pero no simulan el mismo del efecto”. La particularidad está en el mecanismo de acción de cada procedimiento. En el rostro, se utiliza principalmente en el tercio superior: la frente, el entrecejo y las patas de gallo. Puede aplicarse en las llamadas bunny lines, las pequeñas arrugas que aparecen a los lados de la nariz al gesticular. La indicación varía según la anatomía y las necesidades de cada paciente.Navarrete aclara que este efecto muscular es precisamente lo que impide que un cosmético, un láser o un proceso regenerativo sean sustitutos directos.
“No existe una formulación tópica ni oral que permita alcanzar ese objetivo, es decir, trabajar a nivel muscular”.
El paso del tiempo, la exposición solar y otros factores promueven la pérdida de colágeno y elastina, dos proteínas que participan en la estructura y la elasticidad de la piel. A esto se suma la repetición de los movimientos faciales, que puede marcar el rostro de manera progresiva.
¿Qué tratamientos mejoran las arrugas?
La elección depende del tipo, su profundidad, la calidad de la piel, la zona que se desea intervenir y los antecedentes médicos del paciente. Algunas opciones permiten corregir las pequeñas arrugas y mejorar la textura o la firmeza de la piel. Entre ellas está el láser CO2 fraccionado. Ambas profesionales lo consideran para actuar sobre líneas finas y mejorar la textura cutánea. El procedimiento produce una lesión controlada que estimula su renovación y los procesos de reparación del tejido. Puede hacerlas menos visibles, aunque requiere una evaluación médica para determinar su indicación, el tiempo de recuperación y los riesgos.
También está la radiofrecuencia. La misma utiliza energía para calentar los tejidos y favorecer cambios asociados a la remodelación del colágeno. Aumenta la firmeza y evitar determinados signos del envejecimiento, pero no bloquea la contracción muscular. Otro procedimiento, el peeling químico, se basa en la aplicación de sustancias específicas que producen una exfoliación controlada. Según su profundidad y composición, mejora la textura, el tono y algunas líneas superficiales.
Por su parte, las microagujas buscan estimular la reparación cutánea y se combinan con procedimientos dirigidos a suavizar el aspecto. Dentro de la medicina regenerativa también se utilizan sustancias como los polinucleótidos y determinados péptidos. Sus indicaciones y el nivel de evidencia científica varían de acuerdo con el producto y el procedimiento.
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Navarrete menciona, además, los exosomas. Su uso requiere especial cautela porque los productos disponibles no son necesariamente equivalentes entre sí y la evidencia clínica sobre sus beneficios, seguridad y aplicaciones todavía varía. Granizo recuerda que no existen milagros y que no todas las técnicas actúan al mismo ritmo. La toxina botulínica empieza a hacer efecto entre el tercer y cuarto día y alcanza su resultado máximo alrededor del día 15. En cambio, los bioestimuladores de colágeno ofrecen modificaciones progresivas, que comienzan a notarse entre el primer y el tercer mes. Los rellenos de ácido hialurónico suelen mostrar avances más rápidos y visibles porque aportan volumen para atenuar regiones como las ojeras o los surcos.

En ese sentido, Navarrete explica que los rellenos dérmicos, como el ácido hialurónico, son una opción para corregir el surco nasogeniano, las líneas que se extienden desde los lados de la nariz hasta las comisuras de la boca, y las líneas de marioneta, que descienden desde las comisuras. En determinados casos, se mezclan con los mismos bioestimuladores de colágeno, que favorecen la producción de esta proteína en el tejido. No son la primera opción para tratar las arrugas de la frente, el entrecejo o las patas de gallo. La especialista advierte que algunas zonas presentan riesgos vasculares importantes y que una inyección mal indicada o aplicada puede ocasionar complicaciones graves, incluida la pérdida permanente de la visión.
¿Y qué pasa con el mesobotox?
El nombre puede llevar a pensar que es una opción distinta, pero las expertas aclaran que este utiliza toxina botulínica muy diluida, que puede combinarse con otras sustancias. Por ello, no es una alternativa para quien tiene una contraindicación a la toxina.
Granizo adirma que no todas las personas que buscan este recurso lo hacen por preferencia. Algunas tienen antecedentes de reacciones adversas, estar embarazadas, tener alergias a componentes de una formulación (poco común, según las profesionales) o condiciones médicas que requieren precaución. En estos casos, el primer paso es determinar por qué no pueden utilizar el producto. Una reacción previa no significa que todas las formulaciones estén contraindicadas. Lo cierto es que no hay ninguna forma equivocada de tratar el envejecimiento facial. El bótox sigue siendo el rey y siempre existirán nuevas maneras de sobrellevar el tiempo. (I)