Hace poco, en Los Ángeles, la estrella pop de 23 años y autoproclamada “spicy Pisces”, Olivia Rodrigo, celebró su cumpleaños como lo haría cualquier chica femenina: vestida como una princesa. Para ser exactos, la cantante, amante de lo vintage, eligió un minivestido de Blumarine Spring/Summer 2004, combinado con unas mules peep-toe color rosa chicle de Jude, con estilismo de Chloe y Chenelle Delgadillo. La joya de la corona de su look, literalmente, fue una tiara brillante de pedrería. Es natural querer sentirse (y vestirse) como la realeza en tu cumpleaños, sin importar la edad, pero Rodrigo es apenas la más reciente en una creciente lista de creadoras de tendencia que eligen este accesorio regio para todo tipo de ocasiones.
Durante la semana de la Alta Costura en París el pasado febrero de 2026, Daniel Roseberry presentó para Schiaparelli una colección acompañada de alta joyería inspirada en el robo al Louvre. Entre las piezas había varios tocados, como la corona de perlas y diamantes que Teyana Taylor llevó para sentarse en primera fila en el desfile: una reinterpretación de la tiara de la emperatriz Eugenia de 1853, uno de los objetos invaluablemente preciados robados en el asalto al museo. Mientras tanto, la gira de prensa de Wuthering Heights a lo largo del mismo mes estuvo repleta de vesturios románticos de alfombra roja con guiños al siglo XIX, incluido el vestido rosa pálido a medida de Erdem y el velo de tul que Charli XCX lució en la premiere del Reino Unido, con estilismo de Chris Horan. En una publicación de Instagram ya eliminada, la artista posó con una tiara de turquesas y diamantes de Barron London, fechada en 1905 y engastada con un estimado de 50 a 60 quilates en piedras.
Si no tienes un desfile o una alfombra roja a la cual asistir, también puedes coronar tu look con una tiara. La diseñadora Jennifer Behr se unió a la escritora, editora y presentadora británica Julia Hobbs para una colección “de uso diario” lanzada durante la semana de la moda de Nueva York, con precios entre US$ 498 y US$ 825. Hobbs dio a sus seguidores de Instagram un adelanto de los tres estilos durante unas vacaciones con sus amigas Lily Allen, Suki Waterhouse y Dylan Mulvaney en Palm Heights. Las mujeres combinaron sus looks de resort con las tiaras en una serie de fotos espontáneas. En el texto que acompañó la colección, Hobbs escribió: “2026 es el año de la tiara” y todo indica que así será.
“Estaba recorriendo internet buscando una tiara vintage art déco, revisando todos los sitios de subastas del Reino Unido”, dice Hobbs sobre lo que encendió la idea para su colaboración con Jennifer Behr. “Me encantaría encontrar una forma de hacer una tiara que se sintiera un poco irónica, un poco grunge, y que celebrara una clase muy particular de feminidad. Muy pícara. Luego vine a Nueva York y me reuní con Behr después de hacer una presentación muy tarde una noche, y ella dijo: ‘¡Me encanta!’”.
El dúo celebró el lanzamiento con una fiesta discreta en Climax Books, en el East Village. Behr lleva años con esta creación en distintos materiales y alturas, y siempre están pensadas para usarse con un toque de actitud.
“Simplemente son divertidas y hacen feliz a la gente”, dice.
Este tocado marca una transición fuera de la obsesión de la industria, que ya lleva varias temporadas, con el quiet luxury; este accesorio ostentoso exige atención y se ubica con firmeza en la categoría de “luxe luxury” o “naughty luxury”, como lo describe Hobbs. “Creo que la gente está buscando un poco de ligereza. La moda ha estado un poco seria durante un tiempo. La gente está mirando hacia lo vintage. También hablamos de hacer cosas que parezcan sacadas del baúl de tu abuela”, manifiesta Behr.
Contenido relacionado: El regreso del tiger print, ahora más refinado
Eso se reflejó en el look de Hobbs para la noche: un largo abrigo de piel blanca sobre un slipdress de seda negra, plataformas de Louboutin y, por supuesto, una tiara. “Nuestro estilo ahora es muy simple. Lo más reciente que compré fue un par de medias, y de verdad vivo en unos jeans que he tenido desde hace muchísimo tiempo y una chaqueta de piel de corte ajustado. Lo que sí me encanta es usar piezas que adornen eso, así que, incluso si llevo una hoodie muy desaliñada, me fascina la idea de que haya un accesorio que le añada un filo especial a lo cotidiano”, añade Hobbs.
El accesorio también se siente como un siguiente paso lógico en la evolución de la fijación de la moda con la feminidad juvenil y todos sus códigos, una obsesión que dominó la década de 2020 hasta ahora. Marcas como Sandy Liang, Miu Miu, Simone Rocha y Cecilie Bahnsen han liderado el impulso de tendencias jóvenes y ultrafemeninas —moños, calcetas a la rodilla, ballet flats, flores, volantes y, sí, tiaras— que han bajado al mainstream y, más significativamente, a TikTok, dando origen a decenas de microtendencias. Elegir usar una tiara podría verse como el equivalente sartorial del tropo “I’m just a girl”, especialmente en un momento en que tantas mujeres jóvenes en redes sociales publican sobre el “princess treatment” en las relaciones: en parte como reacción a un clima cultural en el que el heteropesimismo está en uno de sus puntos más altos y muchos hombres jóvenes recurren a figuras como Andrew Tate, que difunden retórica misógina y promueven una masculinidad tóxica.
“Parece haber una especie de endurecimiento de los estereotipos de género al mismo tiempo que estamos viendo, entre otros jóvenes, cierta fluidez de género”, asegura Steele.
Además, habla sobre los factores biológicos y culturales que influyen en ello. “Creo que indica que, en este momento, existe mucho conflicto social y cultural sobre lo que significa ‘género’. Esta idea de la diferencia sexual parece tener raíces muy profundas —fisiológicas, psicológicas, culturales— todas mezcladas, y eso la vuelve muy poderosa para nosotros; y en ciertos momentos se vuelve altamente politizada”.
Por otro lado, la estética de princesa también es un guiño a ese deseo generalizado de ser el “personaje principal” en la era de las redes sociales, donde conseguir una comunidad fiel y convertirse en una figura influyente es una de las pocas vías que aún prometen movilidad ascendente. “Es un poco como jugar con el ego”, dice Hobbs. “Esta idea de la ‘princesa’. Sinceramente creo que se trata de cualquier cosa que adorne a quien quiera llevarla de una manera celebratoria y regia, como burlarse un poco de la idea de que era algo propio de ‘princesswear’”.
Te puede interesar: Seis bolsos ecuatorianos que redefinen el poder de las siluetas
“Está la visión de derecha de ‘trátenme como a una princesa’, pero también podría ser como cuando la gente se refiere a la princesa Diana como la princesa del pueblo. Existe esta idea de que podemos democratizar algunos de los símbolos de estatus de élite. Si cualquiera puede llevar una tiara, en cierto sentido se le arrebata a los multimillonarios que normalmente serían quienes gastan ese tipo de dinero en piedras preciosas. Pero si simplemente puedes imitarlo y jugar con esa idea, entonces todo el mundo podría tener el placer de llevar lo que, en realidad, es una decoración muy hermosa”, plantea Steele.
“Los tocados, a lo largo de los años, son símbolos de realeza o de poder”, dice Behr, señalando a íconos del punk como Courtney Love y Vivienne Westwood, quienes incorporaron tiaras a su estilo personal. “Hay algo en llevar un tocado que es fantasioso y divertido, pero también tiene algo de poderoso”. (I)
Este artículo salió originalmente en Harper's BAZAAR Estados Unidos.