Editorial

Pastel theory

Los días soleados traen una mezcla perfecta de lo colorido y lo sofisticado en el universo del maquillaje. Un pop de color, unos labios difuminados, una cabellera con textura natural y con mucho movimiento son las demostraciones más libres de una época inolvidable.

Por Redacción BAZAAR

Harper's BAZAAR — Ecuador
Fotografía: Daniel Queirolo.
Fotografía: Daniel Queirolo.
Fotografía: Daniel Queirolo.

La historia detrás de una brocha

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Alejandro Pineda no empezó en el maquillaje, empezó pintando. De niño trabajaba con acrílicos y entendía el color desde los “brochazos” de la curiosidad. Nació en Quito, tiene 36 años, pero realizó su formación en Buenos Aires por una década. Primero estudió diseño de moda, luego fotografía y producción. El maquillaje apareció en 2012, en medio de una producción, cuando vio a un maquillador trabajar y entendió que ese lenguaje —el del pincel— se podía trasladarse al rostro. Desde ese momento, nunca dejó de formarse. Pasó por distintas áreas del maquillaje antes de decidir su camino: novias, editorial, moda, efectos especiales... Probó de todo, según sus propias palabras, y ese recorrido es lo que hoy sostiene su propuesta. No trabaja desde un solo lugar, toma referencias y las adapta a contextos reales.

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De acuerdo con Pineda, su foco está en la piel. Antes de cualquier color, construye una base. No para cubrir, sino para preparar. Dedica tiempo a la hidratación, al masaje, a que la textura funcione. Desde ahí trabaja el resto. En esta editorial, el punto de partida fueron las líneas que se empiezan a ver con más fuerza en 2026: el regreso del color frente a la neutralidad de los últimos años. Esto no se plantea como exceso, sino como contraste. Trabajó con una lógica directa. En uno de los looks, el párpado se cubre con un celeste claro, con carga de blanco, aplicado tanto arriba como abajo sin transición marcada. En ese mismo rostro, el labio se tiñe con un rojo de subtono naranja. El contraste funciona porque la base se mantiene ligera.

En otro caso, el foco está en un violeta que ocupa el ojo completamente. No hay difuminado amplio ni degradado complejo. El resto del rostro baja en intensidad, evitando que el maquillaje se vuelva pesado. También introduce un cambio en la forma de trabajar la boca. Los bordes pierden definición. No hay contorno rígido. El color se acerca al límite. Esa decisión responde a una tendencia que busca soltar la estructura tradicional, sin eliminarla por completo.

Fotografía: Daniel Queirolo.

Usa bases ligeras con acabado luminoso, prebases que aportan luz sin sumar cobertura y polvos en cantidad mínima. Más allá de la técnica, hay una idea constante: el maquillaje no es solo ejecución, es una forma de interpretar. Por eso insiste en que quienes empiezan no se queden en una sola línea. Probar distintas áreas permite entender qué funciona y qué no. En su caso, ese proceso definió su especialización actual en novias y editorial.

Fotografía: Daniel Queirolo.

Sobre lo que está pasando ahora, identifica un cambio gradual. El “clean look” sigue presente, pero ya no es dominante. Aparecen colores más visibles y ojos con más carga, referencias a una estética más directa. No se trata de abandonar lo anterior, sino de sumar. En Ecuador, ese movimiento empieza a verse en clientas que se relacionan con moda o creación de contenido, y poco a poco se traslada a otros espacios. Su lectura es clara: si el maquillaje no se entiende como un proceso, termina siendo repetición. (I)

*Créditos

Fotografía: Daniel Queirolo. Dirección creativa: Estefanía Córdova. Maquillaje: Alejandro Pineda. Peinado: Valentín Kicelitsa. Modelos: Elizabeth Campoverde y Melanie Sánchez. Agencia: D.I.S Management. Booker: Pietro Polít. Multimedia: Distrito Audiovisual.